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Berguedà, una escapada activa y cultural

Os proponemos ir en piragua por el embalse de la Baells, en bicicleta por una vía verde, y conocer la iglesia de Sant Quirze de Pedret

Església de Sant Quirze de Pedret
© Rafael López-Monné
Por Xavier Amat |
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¿Quién dijo que el otoño y el invierno no son buenas estaciones para llevar a cabo actividades acuáticas? ¿Quién ha dicho que las bicicletas sólo son para el verano? En esta escapada al Berguedà iremos en piragua y sobre dos ruedas, y aún tendremos tiempo de conocer un tesoro que tiene su origen en el siglo IX.

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La Baells Cercs

Sobre las aguas de la Baells

Para empezar el día con fuerzas iremos a desayunar al Molí del Cavaller, en la población de Vilada. Se encuentra muy cerca del embalse de la Baells, y dispone, además del bar-restaurante, de barbacoas, mesas exteriores, zona de acampada, aparcamiento... Cuando hayamos desayunado, ahora sí, nos podemos poner en acción. Y es que lo primero que queremos hacer es disfrutar de las aguas del gran embalse que tenemos delante, y lo haremos contratando los servicios y los materiales de la empresa Indòmit. De entre las muchas actividades que ofrecen — y no sólo acuáticas, también en tierra firme — nos decantamos por las piraguas. Las hay de individuales abiertas, cerradas, de dobles, para 3 y 4 personas... Y si nunca habéis practicado el piragüismo, ¡no os preocupéis! Podéis apuntaros a una clase de una hora y media de duración para aprender las nociones básicas y ya estaréis preparados para maravillaros con los entornos del embalse mientras remáis.

Sant Quirze de Pedret

Pedret

Nos alejamos ahora de las aguas para ir a descubrir una joya prerrománica como es la iglesia de Sant Quirze de Pedret. Todavía hay que averiguar muchas cosas sobre esta construcción, pero todo indica que se empezó a edificar en el siglo IX, mientras que el X se amplió a tres naves con tres ábsides. Sus pinturas murales, de una altísima calidad y de una gran riqueza iconográfica, se encuentran en diferentes museos, pero en la última restauración, terminada en 1995, se descubrieron algunas en la nave y en el ábside centrales, pinturas que sitúan Pedret como máximo exponente de la primera influencia italiana en la pintura románica catalana. Para llegar necesitaréis hacer una pequeña, sencilla y agradable caminata, ya que el vehículo hay que dejarlo en la explanada que hay delante del Puente de Pedret, otro elemento patrimonial, en este caso de época gótica, que merece la atención y unas buenas fotografías.

Precisamente en el Puente podemos iniciar un recorrido por una Vía Verde que, en unos 5 kilómetros, nos dejará en la colonia textil de Cal Rosal. Es un tramo de baja dificultad, que recorre el antiguo trazado del Ferrocarril, e ideal para hacer en bicicleta, pero si lo preferís también se puede realizar caminando. El río Llobregat será un constante compañero de viaje, y pasaremos por tres túneles.

Llegados a Cal Rosal, comeremos en el restaurante Sol i Cel. Disponen de menús tanto los días laborables como los fines de semana y también menú para grupos. Después de la obligada sobremesa, será la hora de pensar en la vuelta.

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