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El top 5 de la cartelera

Seleccionamos las películas que no os podéis perder en el cine

Ficción, drama, comedia, animación… la calidad poco tiene que ver con el género cinematográfico. Seguro que os suena al menos una gran película de cada clasificación. Sin embargo, ante la avalancha de estrenos que vivimos cada viernes, a veces cuesta separar la paja del trigo. Para que no te lleves una decepción cuando salgas del cine, seleccionamos las películas que no puedes perderte de la cartelera.

Lady Bird
1/5

Lady Bird

4 de 5 estrellas

En el código genético de 'Lady Bird', si lo miráramos a través del microscopio de la cinefilia, encontraríamos la perfecta definición del relato de iniciación 'teen': la rebeldía y la generosidad, el primer novio (Fracaso I), el segundo novio (Fracaso II), el egoísmo y la esperanza, las malas compañías, el baile de graduación, la búsqueda de una identidad que niega un seudónimo para reafirmar un nombre propio... La singularidad de la primera película dirigida en solitario por Greta Gerwig se encuentra en su atención al gesto y al detalle, su resistencia al sentimentalismo (que debe de haber aprendido de Mia Hansen-Løve) y la complejidad con la que retrata la relación entre la protagonista, una exitosa Saoirse Ronan, y su madre, una excelente Laurie Metcalf, una relación cariñosa y hostil que se convierte en el espejo roto en el que los adultos se proyectan cuando miran a sus hijos.

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Call me by your name
2/5

Call me by your name

5 de 5 estrellas

Hay películas que son un trozo de vida, que se te meten dentro y te echan raíces. Este es el caso de 'Call me by your name'. Luca Guadagnino consigue atrapar el tiempo en cada imagen, condensarlo, y hace de cada instante un espejismo de la eternidad. Estamos en un verano lejano, de hace más de 35 años, en una casa con grandes ventanales y camas antiguas, perdida entre campos de hierba que el sol ha vuelto amarilla y árboles frutales. A la hora de la siesta, las moscas rebañan los restos de una mesa a medio quitar y las bicicletas entran y salen del jardín. Aquí es donde Elio –maravilloso Timothée Chalamet, nominado al Oscar– pasa las vacaciones, leyendo novelas, siempre en bañador, con los pies en remojo en la acequia. Tiene 17 años y su cuerpo todavía es el de un adolescente, todo ombligo y costillas, cruzado por una línea imaginaria que dibuja la curva perfecta de las estatuas praxiteliana. Él es el centro de un film que nos habla de la belleza del deseo. Este verano será, para Elio, el verano del amor, desde el momento en que empiece a sentirse fascinado por un joven americano, algunos años mayor que él, que viene a pasar unos días con su familia. A diferencia de referentes del relato homoerótico como 'Brokeback mountain' y 'Carol', aquí no existe la parte del rechazo social. A la cámara no le interesa el conflicto. 

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El hilo invisible
3/5

El hilo invisible

5 de 5 estrellas

Como un ruido molesto, como un cuchillo chirriando en el fondo de un plato, Paul Thomas Anderson nos mantiene durante más de dos horas clavados en el sillón con los nervios crispados. Esto es todo lo que necesitáis saber antes de ir a ver 'El hilo invisible', que os enfrentaréis al asco subyacente bajo cada silencio, a la seductora repulsión de unos personajes hieráticos que parece que dentro del cuerpo tengan una permanente corriente de vómito a punto de salirles de la boca. Todos ellos, conviviendo en un mundo de alta costura. En el aire resuena la imagen alarmante de Joaquin Phoenix en 'The master', con las escápulas puntiagudas, masturbándose como un animal en una playa, tras desembarcar de la guerra. Aunque en este caso la parte podrida se camufla tras una aparente elegancia. Daniel Day-Lewis, por ejemplo, interpreta al modisto Reynolds Woodcock con la mandíbula rígida, cepillándose el pelo como si encerara unas botas de montar a caballo, con los alfileres entre los labios, afilados como los dientes translúcidos de una carpa. La película pasa en una casa de modas que viste a las señoras de la aristocracia británica de los años 50, la mayoría mujeres maduras con los párpados caídos, la papada colgando, envueltas en un aliento de Martini que les pone las mejillas rojas.

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Todo el dinero del mundo
4/5

Todo el dinero del mundo

4 de 5 estrellas

En las afueras de Roma, en uno de esos rincones de la ciudad donde Anna Magnani dejó las marcas de dos tacones como navajas, las prostitutas esperan rizándose el pelo, entre el rojo de las hogueras y el negro de una noche que todo lo esconde. Un adolescente estadounidense se pasea con la arrogancia de un emperador, pasando revista a la mercancía, en un plano secuencia digno de Welles que se acaba cuando, de repente, una furgoneta llega derrapando y unos encapuchados se llevan al chaval entre una nube de cloroformo. Todos temíamos que la nueva película de Ridley Scott fuera un thriller sobre el poder, denso y sin nervio, como 'El consejero' –que solo se salvaba por la escena en la que Cameron Diaz se frotaba la entrepierna con el cristal de un descapotable–. Pero solo los minutos iniciales ya nos hacen desencajar la mandíbula. El director de 'Blade runner' se imagina el secuestro de John Paul Getty, heredero de la fortuna de un gran magnate del petróleo, en 1973, con un aire sucio y carnicero que exprime la vertiente más escatológica de la mafia calabresa. Siendo justo, no puedo obviar que el estreno de 'Todo el dinero del mundo' viene precedido de una controversia no exenta de emoción: los productores decidieron gastarse un puñado de dólares en sustituir a Kevin Spacey por Christopher Plummer después de que el escándalo de los abusos les estallara en las narices. Pero esto solo le suma sal y pimienta a un film que ya es, 'per se', un delirio inesperado, que huele a estiérco

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La forma del agua
5/5

La forma del agua

4 de 5 estrellas

La etimología nos dice que 'monstruo' viene del verbo latino 'monere', que significa 'advertir'. El anfibio de 'La forma del agua' es, pues, un aviso: la xenofobia, el miedo anticomunista y la homofobia podían pertenecer tanto a la América de principios de los años 60 como pertenecen a la de Donald Trump. No es la primera vez que Guillermo del Toro –recordemos 'El laberinto del fauno', que sigue siendo su mejor película– aborda el género fantástico haciendo relevante su contexto político, pero es en este feliz cruce de 'Amélie' y 'La mujer y el monstruo', que modela una historia de amor clásica –la lista de referentes provenientes del cine de Hollywood y de la serie B es interminable– según los patrones, a la vez románticos y grotescos, del cine de del Toro, donde se acumulan en forma de un auténtico catálogo sobre la intolerancia. La innegable elegancia formal de la película, empantanada en tonos acuáticos y rimas líquidas, hipnotiza al espectador para sumergirlo en un cuento de hadas que sale victorioso de retos potencialmente ridículos –la escena de sexo entre la protagonista (una Sally Hawkins que podría ser la reencarnación de Lillian Gish) y el monstruo anfibio– gracias a la convicción con la que del Toro dirige su poética reivindicación de la diferencia. Sin embargo, da la impresión de que esta reivindicación encendida quiera adaptarse, mercurialmente, a todo tipo de público, lo que niega, en parte, su singularidad.

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Críticas y valoraciones

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