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Las 50 mejores películas de la historia

Clásicos del cine mudo, westerns, comedias, ficciones en el espacio... Largometrajes que todo el mundo tendría que ver antes de morir

Escrito por
Phil de Semlyen
,
Joshua Rothkopf
y
Àlex Montoya
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Cada uno tiene sus preferencias, así que cualquier debate sobre cuáles son las mejores películas de todos los tiempos se puede alargar horas (o, en nuestro caso, toda la vida). ¿Puede haber alguna lista que las agrupe a todas? Es difícil, pero hemos intentado incorporar desde las revoluciones cinematográficas más clásicas hasta las más modernas, todos los géneros, países, épocas... cine para todos los gustos, haciendo equilibrios entre la racionalidad y el sentimentalismo. El reto ha sido enormemente complicado, pero no nos hemos podido resistir a elaborar una buena lista, nuestra lista. Decidnos hasta qué punto nos hemos equivocado. ¡Y, ah, prohibido repetir directores!

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2001: Una odisea del espacio (1968)
Foto: Time Out Londres

2001: Una odisea del espacio (1968)

Comenzó con el encuentro de dos mentes brillantes: Stanley Kubrick y una eminencia de la ciencia, Arthur C. Clarke. "Creo que es un zumbado que vive en un árbol en la India o en algún otro sitio", señaló Kubrick cuando oyó el nombre de Clarke -junto con los de Isaac Asimov, Robert A. Heinlein y Ray Bradbury como posibles guionistas de su épica película de ciencia ficción. De hecho, Clarke vivía realmente en Sri Lanka (no en la India, ni en un árbol), pero cuando este par se conocieron, forjaron una historia de progreso tecnológico y desastre ("Hola, Hal. Abre las puertas") impregnada de humanidad, con toda su grandiosidad, debilidad, coraje y ambición desmedida. Un público fumeta, sorprendido por la atractiva secuencia de la puerta estelar y sus gráficos pioneros, la adoptaron como una teoría. Si no fuera por ellos, 'Una odisea del espacio' podría haberse adentrado en la oscuridad, pero es difícil imaginar si se habría quedado allí. La terrorífica visión del futuro de Kubrick aún se percibe como profética después de más de cincuenta años.– Phil de Semlyen

El padrino (1972)
Paramount Pictures

El padrino (1972)

Desde 'Uno de los nuestros' hasta 'Los Soprano', todas las dinastías del crimen que vinieron después de 'El padrino' son descendientes de los Corleone: la obra maestra de Francis Ford Coppola es el último patriarca del género gánster. La monumental frase de apertura ("Creo en América") pone en marcha la adaptación de Mario Puzo, antes de que la épica de Coppola se transforme en un escalofriante desmantelamiento del sueño americano. La historia llena de corrupción sigue a una poderosa familia inmigrante que enfrenta los valores paradójicos del dominio y la religión; estas contradicciones morales cristalizan en una legendaria secuencia de un bautizo, magníficamente editada en paralelo al asesinato de cuatro jefes de la mafia rivales. Con infinidad de detalles icónicos -la cabeza cortada de un caballo, la voz rasgada de Marlon Brando y el vals pegajoso de Nino Rota– la autoridad de 'El padrino' sigue viva.– Tomris Laffly

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Ciudadano Kane (1941)
Foto: RKO Pictures

Ciudadano Kane (1941)

Esta película icónica de Orson Welles, hecha cuando solo tenía 25 años, supuso un antes y un después en el lenguaje cinematográfico. Colocó el cine de autor en un camino revolucionario (y los malentendidos de Hollywood también). La historia de 'Ciudadano Kane', sobre el ascenso y la caída del hombre rico, es eterna, relevante, y las técnicas que Welles utilizó para explicarla siguen siendo inigualables casi ochenta años después. Director, productor, coguionista y estrella, Welles puso en el filme los fundamentos de su estatus como innovador. Su actuación, que nos lleva a través de las etapas de la vida de un magnate con problemas –con ayuda de un maquillaje sorprendentemente convincente– es inolvidable y los temas de la película (la codicia, el poder y la memoria) se presentan con autoridad. –Abbey Bender

El apartamento (1960)
Foto: The Mirisch Company

El apartamento (1960)

Billy Wilder escribió comedia como nadie. Más allá de las maravillosas películas que dirigió, firmar los guiones de 'La octava mujer de Barba Azul', 'Medianoche', 'Ninotchka' o 'Bola de fuego' silencian a cualquiera que tenga dudas. Pero, aún más, radiografió como muy pocos la esencia del estadounidense común, sus miserias, sus lados más oscuros, ya fuera entre risas o poniéndose serio. O las dos cosas, como 'El apartamento', donde dibuja una cínica tragicomedia tan encantadora como amarga, que congela las sonrisas y pone un nudo en el estómago a partir de la peripecia de un oficinista gris, platónicamente enamorado de una ascensorista que está fuera de su liga, y que vende su dignidad ofreciendo su casa y su propia cama para las aventuras privadas de los directivos de su empresa. La magia que rezuma 'El apartamento' le debe mucho, también a la química de Jack Lemmon y Shirley MacLaine, capaces de mostrar un amplio, y muy humano, abanico de contradicciones morales hasta llegar a uno de los mejores finales, tan triste como lleno de esperanza (o quizás no) de la historia del cine. –Àlex Montoya

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En busca del arca perdida (1981)
Foto: Cortesía IMDB

En busca del arca perdida (1981)

Des del fundido del logotipo de Paramount hasta un almacén inspirado en 'Ciudadano Kane', 'En busca del arca perdida' está diseñada como un homenaje al oficio. La superproducción más divertida de Steven Spielberg lo tiene todo: piedras rodando, una pelea de bar, una brillante heroína (Karen Allen) que puede aguantar el alcohol y perder la calma, un mono traidor, un malo que bebe champán (Paul Freeman), serpientes ("¿Por qué tenían que ser serpientes?"), la persecución en camiones más espectacular del cine y un final sobrenatural de tormentas donde la cordura acaba explotando. Y todo rematado por la perfecta actuación de Harrison Ford como Indiana Jones, un reticente, pero resolutivo héroe (miradle la cara cuando dispara a aquel espadachín). –Ian Freer

La dolce vita (1960)
Foto: Italia Mia Festival

La dolce vita (1960)

Hecha durante los años de bonanza italianos, el éxito fulgurante de taquilla de Federico Fellini llegó a definir el glamour y la cultura de las celebridades. También hizo de Marcello Mastroianni una estrella; aquí interpreta un periodista de chismes atrapado en el frenético mundo de la vida nocturna de Roma. Irónicamente, el estilo de vida absurdo y el hedonismo corrosivo que representa la película parece haber tocado a muchos espectadores. Tal vez esto se debe a que Fellini lo filma todo con un ingenio cinematográfico que hace difícil no dejarse atrapar por los delirios de la pantalla. Gran parte de la manera de ver la fama todavía se remonta a esta película; en ella incluso nació la palabra 'paparazzi'. –Bilge Ebiri

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Los siete samuráis (1954)
Foto: Columbia pictures

Los siete samuráis (1954)

Probablemente son los 207 minutos de cine más fáciles que verás nunca. La historia también es bastante sencilla –una pobre comunidad agrícola que invierte sus recursos para contratar a samuráis que los protejan de los bandidos violentos que les roban la cosecha– Akira Kurosawa crea una epopeya excelentemente dibujada, incluso absorbente, divertida y emocionante. Por supuesto, las secuencias de acción remueven la sangre –el enfrentamiento final de la lluvia es inolvidable– pero realmente se trata de un estudio sobre las fortalezas y debilidades humanas. Toshiro Mifune está magnífico como samurái autosuficiente y medio enloquecido, pero es la versión Yoda de Takashi Shimura la que da a la película su centro emocional. Aunque se han hecho otras versiones en el salvaje Oeste ('Los siete magníficos'), en el espacio ('Batalla más allá de las estrellas') e incluso con insectos animados ('Bichos'), el original aún conserva la corona. –Ian Freer

Cantando bajo la lluvia (1952)
Foto: MGM

Cantando bajo la lluvia (1952)

Olvidaros de 'The Artist' y disfrutad de la energía de este glorioso homenaje de la productora MGM a la época silenciosa del cine. Su trío de bailarines –Donald O'Connor, con una increíble expresión facial, la brillante debutante Debbie Reynolds y el codirector y actor principal Gene Kelly– clavan las canciones estelares, las exigentes rutinas de baile y las escenas cómicas con una habilidad consumada. Pero no podemos olvidar a Betty Comden y Adolph Green, que dotan a la película de ritmo con un efervescente guion, ni a Jean Hagen, que interpreta a Lina Lamont, el contrapunto divertido y triste del film. Del mismo modo, también se debe hacer especial mención al codirector Stanley Donen, que siempre se mostró feliz que sus estrellas se llevaran toda la atención y que creó un musical que nunca desilusiona. –Phil de Semlyen

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Uno de los nuestros (1990)
Foto: Warner Bros

Uno de los nuestros (1990)

¿Es esta la mejor película de Martin Scorsese? Nosotros creemos que sí (y no solo porque la veamos cada vez que la emiten en televisión). La revolución desencadenada por 'Uno de los nuestros' solo ahora es evidente: sin ella, no tendríamos 'Los Soprano', la época dorada de la televisión o la escena del comedor de 'Reservoir dogs'. Scorsese abrió un nuevo registro al convertir las preocupaciones más oscuras sobre la inseguridad masculina en comedia: una enredada crítica social sobre el ascenso y la caída estadounidense. En consecuencia, también hay una visión romántica del estilo de vida de la mafia –la comida, las discotecas, las trampas y la violencia– pero esto únicamente se queda en la superficie y en realidad todo es mucho más oscuro de lo que parece: prisión, abandono y vivir como un ingenuo en el programa de protección de testigos. –Joshua Rothkopf

Con la muerte en los talones (1959)
Foto: Metro-Goldwyn-Mayer

Con la muerte en los talones (1959)

No hay ningún otro thriller tan elegante, ligero y sexy como este de Hitchcock. Cary Grant interpreta a un hombre atormentado que se dedica a la publicidad, Roger O. Thornhill ("¿Qué significa la O?" "Nada"), aunque también tiene un gran sentido del humor que necesitará desesperadamente. Las escenografías, los malos, la 'femme fatale' de Eva Marie Saint, los créditos de Saul Bass, las notas musicales de Bernard Herrmann... De alguna manera, la película logra ser mucho más que la suma de todas sus gloriosas partes. Ah, y en algún lugar, Thornhill incluso consigue encontrar su alma. –Phil de Semlyen

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Mulholand drive (2001)
Foto: Universal Pictures

Mulholand drive (2001)

Podríamos ver 'Mulholland Drive', sin duda una de las mejores películas de inicios del siglo XXI, mil veces y, sin embargo, encontrar siempre algo diferente. La glamurosa pesadilla de David Lynch en Los Ángeles es densa, pero con toques de misterio, terror y una extravagante sexualidad; temas que habían aparecido durante mucho tiempo en la obra del autor, pero que aquí llegaron a un nivel apoteósico. –Abbey Bender

El verdugo (1963)
Foto: Naga / Zabra Films

El verdugo (1963)

Cuesta creer que la censura franquista no enviara a Luis García Berlanga y a su amigo y guionista de cabecera, Rafael Azcona, a las mazmorras, y tirara la llave al mar, después de ver 'El verdugo', que no es solamente una feroz crítica a la execrable pena de muerte que tanto estimulaba el dictador. También hace un retrato inmisericorde de una sociedad sometida y sumisa, esposada por el yugo represivo que se ocultaba tras el aperturismo de una España que era una anomalía en la Europa Occidental. De nuevo utilizando las herramientas de la comedia (como 'Plácido' o como 'La escopeta nacional', miradas sociológicas bien salvajes), Berlanga y Azcona muerden sin miramiento a sus personajes: un verdugo a punto de jubilarse (el enorme, inconmensurable, Pepe Isbert) y su pusilánime yerno, que se encamina a heredar su plaza de funcionario, aceptando sin protestar un futuro dedicado a dar la puñalada final a los condenados a muerte por el Régimen. El humor negrísimo, que para Berlanga era el propio de la picaresca española, servía así para dibujar la tragedia de un hombre ridículo. Y la de un país ahogado en la miseria. –Alex Montoya

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Ladrón de bicicletas (1948)
Foto: Produzioni de Sica

Ladrón de bicicletas (1948)

Esta obra maestra de posguerra de Vittorio de Sica es la cima del neorrealismo italiano, que ejemplifica las preocupaciones socioeconómicas del movimiento haciendo equilibrios entre las convenciones estilísticas y una fuerte angustia. Una crítica inflexible del capitalismo a través de la historia de la batalla perdida para salvaguardar un oficio duramente ganado y preservar la dignidad frente a los hijos. 'Ladrón de bicicletas' sigue siendo una de las obras más humanas de nuestro tiempo. –Tomris Laffly

Luces de la ciudad (1931)
Foto: United Artists

Luces de la ciudad (1931)

La carrera de Charlie Chaplin sigue siendo impresionante: escribió, dirigió, produjo, editó y protagonizó sus propias películas, y también compuso para orquesta. Ante las cámaras, Chaplin se convirtió en un icono hecho a sí mismo y aplaudido por un público global. Por otra parte, 'Luces de la ciudad' está fuera de los convencionalismos. Chaplin, reacio a renunciar a las técnicas visuales, insistió en convertir su nueva comedia en una película muda, incluso cuando los espectadores tenían sed de sonido. Como siempre, la estrella se rio el último y la película no solo fue un gran éxito comercial, sino que también acababa con el 'close-up' más conmovedor de la historia (después copiado por películas como 'La Strada' y 'La rosa púrpura de El Cairo'), sin necesidad de utilizar ningún diálogo. –Joshua Rothkopf

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La gran ilusión (1937)
Foto: Rialto Pictures

La gran ilusión (1937)

Nunca es mal momento para volver a ver una de las grandes obras maestras de Jean Renoir (junto con 'La regla del juego'). Pero en esta era de populismos, nacionalismos y demagogia ésta en particular parece especialmente buena. Ambientada en un campo alemán de prisioneros de la Primera Guerra Mundial, la película pone de manifiesto la fractura de clase y nacionalidad entre un grupo de prisioneros franceses y sus secuestradores alemanes con la conclusión de que lo más importante para un hombre es la nobleza hacia sus compañeros. –Phil de Semlyen

Luna nueva (1940)
Foto: Columbia Pictures

Luna nueva (1940)

Tacharla como la cúspide de la comedia alocada puede quedarse corto: de entre todas las películas dirigidas por el cineasta Howard Hawks, 'Luna nueva' es la más romántica y detallista (llena de bromas que parecen juegos). Aunque Hawks restaba importancia a su propio protofeminismo, esta película es la más liberada; mujeres fuertes y empoderadas que tienen trabajos y corren con reporteros agresivos. Lo más maravilloso es que esta comedia celebra fantásticamente la regla del ingenio: gana el (o, más a menudo, 'la') que tiene la lengua más afilada. Si te encantan los juegos de palabras, disfrutarás de esta película. –Joshua Rothkopf

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Las zapatillas rojas (1948)
Foto: General Film Distributors

Las zapatillas rojas (1948)

Casi todas las películas de Powell y Pressburger podrían estar en esta lista; tal era el estado de gracia del dúo estelar. Pero para nosotros –y el fan Martin Scorsese–, este deslumbrante romance sobre ballet es el ganador de su filmografía. 'Las zapatillas rojas' es una expresión perfecta del afán creador de los artistas, situada en un exuberante mundo tecnicolor fotografiado por el gran Jack Cardiff. Scorsese la describe como "la película que juega en mi corazón". Dicho esto, seguro que la volveremos a ver. –Phil de Semlyen

Centauros del desierto (1956)
Foto: Warner Bros

Centauros del desierto (1956)

El reparto de John Ford brilla con John Wayne haciendo de Ethan Edwards, un racista patológico y, al mismo tiempo, la imagen del antihéroe moderno actual. Wayne, el ex soldado confederado y amargamente desconcertado, encabeza una cacería de cinco años para salvar a su sobrina Debbie, capturada con solo 9 años por los comanches. ¿Una misión de rescate? Más bien una escabechina, ya que no puede soportar la idea de que un familiar viva con los nativos. La compasión lucha contra el olvido en una nueva frontera donde la ascendencia mixta es inevitable y los prejuicios son interminables. –Stephen Garrett

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Sin perdón (1992)
Foto: Warner Bros

Sin perdón (1992)

El tortuoso camino hacia la redención del asesino William Munny es también el camino hacia la eternidad como cineasta de Clint Eastwood, consecuencia evidente de haber sido una esponja cuando Don Siegel y Sergio Leone lo convirtieron en un hombre que, con nombre o sin nombre, hacía justicia a su manera. Como actor en la Trilogía del Dólar, y ya mandando en el plató de 'Infierno de cobardes', 'Fuera de la ley' y 'El jinete pálido', Clint Eastwood ha sido capaz de hacer periódicas recapitulaciones metafóricas de los grandes clásicos del western. 'Sin perdón' sublima el camino hacia la cima con un relato que reflexiona sobre el tormento de buscar la redención sin autoperdonarse. Eastwood es profundo sin apartarse del más puro clasicismo, y deja ver un insólito humanismo que refinaría aún más en sus otras dos obras maestras: 'Million dollar baby' (2004) y 'Gran Torino' (2008).

Como actor, sabe poner su imagen hierática al servicio de un relato de venganza que siempre ofrece algo más. Y como director, la fama de Eastwood de ir al grano y rodar muy pocas tomas de cada escena es heredera de lo que compartían los viejos maestros del género: muchos de ellos mostraban un gran oficio, los que menos le añadían genialidad. Con 'Sin perdón', Eastwood se gradúa en el club de los Ford, Hawks, Wellman, Mann, Boetticher, Sturges, Leone y Peckinpah... –Àlex Montoya

Persona (1966)
Foto: AB Svensk Filmindustri

Persona (1966)

La producción psicológicamente emocional de Ingmar Bergman tiene la potencia de convertir simples aficionados del cine en adictos. 'Persona' es difícil. Un psicodrama de doble cara que de alguna manera parece que se haya rodado en un fin de semana con las amigas siempre guapas de Bergman (Bibi Andersson y Liv Ullmann, ambas reveladoras). Solo por su intimidad, la película se vive como una previa de la década siguiente. El director Bergman escribió el guion en el hospital mientras se recuperaba de un grave ataque de neumonía y una crisis existencial. Sin embargo, terminó dando forma a una historia de primera categoría. –Joshua Rothkopf

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Los 400 golpes (1959)
Foto: Les Films du Carrosse

Los 400 golpes (1959)

'Los 400 golpes', de François Truffaut, es la primera de una serie autobiográfica de cinco películas que cuenta la historia de Antonie Doinel (Jean-Pierre Léaud) –atrapado en una vida familiar infeliz, pero que encuentra consuelo en holgazanear, fumar y salir con sus amigos– y es la mejor evocación al cine de una infancia problemática. Además, sirve de manual perfecto para introducir a los hijos a las películas subtituladas. –Ian Freer

Hasta que llegó su hora (1968)
Foto: Paramount Pictures

Hasta que llegó su hora (1968)

Película de culto definitiva, el western europeo de Leone está ambientado en una América en proceso de civilización. A pesar de haber sido rodada mayoritariamente entre Roma y España, la ubicación real es una frontera abstracta de la antigüedad contra la modernidad y de héroes que se desvanecen en la memoria. Es un triunfo de comentarios políticos enterrados y del cine épico más puro. La mirada gélida de Henry Fonda, las guitarras de destrucción del compositor Ennio Morricone y el monumental Charles Bronson como último pistolero ("una raza antigua ...") son solo tres razones de entre un millón para verla. –Joshua Rothkopf

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Alien, el octavo pasajero (1979)
Foto: 20th Century Fox

Alien, el octavo pasajero (1979)

Aunque se hubiera limitado a lanzar una franquicia centrada en la feroz supervivencia de Sigourney Weaver (considerada como una las heroínas de acción más duras del cine), el claustrofóbico clásico de ciencia ficción de Ridley Scott ya habría entrado en el canon cinematográfico. Pero 'Alien' reclama también el estatus de obra maestra por su política subversiva de género (esta es una película que deja preñados a los hombres), el impactante xenomorfo y la extraña pero elegante criatura de doble mandíbula de HR Giger, la visión de una pesadilla. –Tomris Laffy.

Ser o no ser (1942)
Foto: Metro-Goldwyn-Mayer

Ser o no ser (1942)

El célebre 'toque Lubitsch' es uno de los grandes misterios de la historia de Hollywood, el más envidiado por los mejores escritores de comedia (como confiesa Billy Wilder en el imprescindible libro de conversaciones con Cameron Crowe), aquel intangible que los sentidos son capaces de detectar, pero las palabras no saben definir. Vendría a ser una especie de sofisticación perversa, de travesura elegante, de glamurosa picardía, de atrevimiento distinguido. Y, 'Ser o no ser' tiene audacia, compromiso, alertando del peligro fascista desde la ficción y desde la risa, desde la sátira y la ridiculización. Con Shakespeare como arma contra el delirio nazi, Lubitsch juega con las infinitas posibilidades cómicas que brinda una compañía teatral que representa Hamlet con el mismo talento que, detrás del telón, conspira contra los invasores alemanes. Y le añade salsa con divertidísimos golpes de vodevil: cuando el narcisista y cretino actor recita el "to be or not to be", su mujer, aburrida y una actriz algo chiflada (la gran Carole Lombard en su último papel antes de su prematura muerte), abre la puerta a su amante. El monólogo más relevante del teatro universal convertido en la clave, la señal, por una infidelidad. El toque Lubitsch. –Àlex Montoya

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Cuentos de Tokio (1951)
Foto: Shochiku

Cuentos de Tokio (1951)

Este drama doméstico de Yasujiro Ozu es pequeño, pero está perfectamente pensado. Chishui Ryu y Chieko Higashiyama son unos padres dignos y conmovedores que visitan a sus hijos y nietos, pero son ignorados. Una película familiar íntima, espléndida, hecha con delicadeza y muy bien rodada (a menudo con la cámara en el suelo); la obra maestra de Ozu. Si os gustó 'Un asunto de familia', de 2018, esta os encantará. –Ian Freer

Pulp fiction (1994)
Foto: Miramax Films

Pulp fiction (1994)

¿Cuál es la mejor parte de 'Pulp fiction'? ¿El concurso de baile en el bar Jack Rabbit Slim? ¿Bruce Willis contra el Gimp? ¿El monólogo de Ezequiel 25:17 de Jules? La película de Quentin Tarantino atrapa por sus escenas hipnotizantes, pero reivindica su estatus cinematográfico por su guion anacrónico fascinante, con diálogos increíblemente citables. 'Pulp fiction' marcó profundamente toda una generación, tal como lo hizo 'Star Wars' antes; floreció de la actitud indie de los años 90 que todavía parece fresca ahora, a pesar de la legión de imitadores. –Ian Freer

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Lawrence de Arabia (1962)
Foto: Columbia Pictures

Lawrence de Arabia (1962)

"No hay nada escrito", afirma el terco T.E. Lawrence (Peter O'Toole), cerrando la boca a los detractores después de haber cruzado en solitario una zona mortal del desierto. La arrogancia da forma a la historia, y viceversa, en la obra maestra de David Lean sobre la megalomanía masculina: un proyecto que muestra el ascenso y la caída de un inglés esbelto y su enamoramiento instintivo, casi anticuado, de Oriente Medio. Las películas biográficas eran muy planas, hasta que Lean unió los matices psicológicos y las imágenes, proyectando las vidas interiores de sus personajes sobre un paisaje de grandiosidad épica y trágica. –Stephen Garrett

Lost in translation (2003)
Foto: Focus Features

Lost in translation (2003)

Los mundos chocan en este relato perfecto de Sofia Coppola sobre una estrella de cine (Bill Murray) y una recién casada (Scarlett Johansson) en Tokio. Coppola se acerca a cada uno de sus personajes con una calidez y sensibilidad que sale de la pantalla y se asegura que la canción 'Brass in pocket' siga siendo la favorita de los karaokes de todo el mundo (la peluca rosa es opcional). ¿Pero por qué la película ha perdurado tan vívidamente en el corazón de los espectadores? Quizás porque capta aquellos momentos gloriosamente melancólicos que todos hemos vivido y que parecen desaparecer en un instante, aunque realmente perduran para siempre. –Anna Smith

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El acorazado Potemkin (1925)
Foto: State Committee

El acorazado Potemkin (1925)

Esta emocionante película muda rusa fue concebida en plena propaganda soviética y encargada por el todavía joven gobierno comunista para conmemorar un acontecimiento de hacía veinte años. Habla de una revuelta de marineros que se acaba transformando en una protesta obrera en toda la ciudad de Odesa; la película es más famosa por la impresionante secuencia –muy copiada y parodiada desde entonces– del cochecito que cae por unas enormes escaleras. Pero 'El acorazado Potemkin' está repleto de imágenes poderosas y de ideas embriagadoras. El director Sergei Eisenstein está considerado, con razón, uno de los pioneros del lenguaje cinematográfico temprano, con una gran influencia a lo largo de las décadas. –Dave Calhoun

Del revés (2015)
Foto: Pixar / Walt Disney

Del revés (2015)

Pixar ha hecho de la osadía, del riesgo, formal y también argumental, una marca de fábrica. Trata los niños como personas, no los subestima, y ​​les ofrece películas valientes, de originalidad infinita, adentrándose por caminos poco o nada transitados. Los cuatro 'Toy Story', 'Los increíbles', 'Ratatouille', 'Wall-E' o 'Up' son tan maravillosas como 'Del revés', quizás la culminación creativa de la productora. La propuesta era conceptualmente atrevida, casi suicida: se trata de un viaje al fondo de la mente de una pre adolescente, las protagonistas son sus emociones, y el campo de batalla es su cerebro. Muy pocas, quizá ninguna otra película explica mejor el significado de crecer, el proceso de hacerse mayor, que no deja de ser el gran tema de prácticamente todos los títulos de la casa. A 'Del revés', conoceremos Amy, una niña de 11 años: o más bien conoceremos por qué Amy es como es, a partir de las peripecias de sus cinco emociones básicas, las que los expertos, los neurólogos, coinciden en que todos tenemos. Así pues, Alegría, Tristeza, Miedo, Ira y Asco forman parte de un universo complejo, casi psicodélico, donde los recuerdos son bolas de colores y donde la melancolía es un estado de ánimo a reivindicar. Y es que, entre las muchísimas virtudes de la película (que emociona tanto como divierte) hay una que debemos aplaudir: explicar a los más pequeños que no se debe estigmatizar el hecho de sentirse triste o enfadado, que pertenece a la normalidad, la vida misma cuando se dice adiós a la infancia. 'Del revés' rompe moldes, y su audacia nos regala aprendizajes valiosos. A los pequeños y a los mayores. Gracias, Pixar. –Alex Montoya

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Al final de la escapada (1960)
Foto: UGC

Al final de la escapada (1960)

El debut en la dirección del crítico de cine Jean-Luc Godard es una deconstrucción descarada de la imagen del gánster y una reinvención de la forma de hacer películas. Incluye transiciones cubistas, cámaras portátiles inquietas, diferentes ubicaciones, un ritmo excéntrico (la pieza central de 24 minutos es de dos amantes que hablan en un dormitorio) y aspectos autoconscientes sobre pintura, poesía, cultura popular, literatura y cine. Una relación picante entre el ladrón mezquino Jean-Paul Belmondo y la joven andrógina Jean Seberg que se transforma en una meditación existencial y extrañamente conmovedora. Es una ficción barata, pero mágicamente profunda. –Stephen Garrett

M, el vampiro de Düsseldorf (1931)
Foto: Paramount Pictures

M, el vampiro de Düsseldorf (1931)

Una de esas películas –solo hay uno puñado– de la época de transición entre el cine mudo y el sonoro, pero que profundiza en las virtudes de ambas. El thriller de asesinos en serie de Fritz Lang atrapa con su oscuridad mientras el oído está más pendiente de la melodía silbada de 'In the hall of the Mountain King' (interpretada por el mismo director, ya que su estrella, Peter Lorre, no sabía silbar). El tema de la película es la vigilancia: debemos proteger a nuestros hijos, pero ¿qué protegerá a la sociedad de ella misma? 'M' es como un radar que pronostica una Alemania pre nazi a punto de abandonar su humanidad. –Joshua Rothkopf

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Roma, ciudad abierta (1945)
Foto: Minerva Film

Roma, ciudad abierta (1945)

Pocos movimientos cinematográficos pueden presumir del éxito del neorrealismo italiano, un movimiento posterior a la Segunda Guerra Mundial dedicado a las penurias de la clase obrera que parece que solo comprende obras maestras. Roberto Rossellini fue el responsable de algunas, incluidas 'Alemania año cero' y este drama anterior de represión y resistencia, que cuenta no solamente con una, sino con dos de las escenas de muerte más memorables de todo el cine. –Phil de Semlyen

El viaje de Chihiro (2001)
Foto: Studio Ghibli

El viaje de Chihiro (2001)

'El viaje de Chihiro' es la joya de la corona del estudio de animación japonés Ghibli. Es una gloriosa historia de antes de irse a dormir llena de espíritus, monstruos y fantasmas: una película con el poder suficiente para sacar el niño que tenemos dentro, incluso a los más mayores y hastiados. Dando otra vuelta de tuerca a 'Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas' (con la misma premisa de perseguir la imaginación), 'El viaje de Chihiro' lleva casi dos décadas transportando al público al mundo de los sueños. Es, sin duda, un homenaje al arte. Para terminar, una curiosidad que posiblemente no conocíais: es la película más taquillera de la historia de Japón, por delante de 'Titanic'. –Anna Smith
 

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El imperio contraataca (1980)
Foto: 20th Century Studios

El imperio contraataca (1980)

Unánimemente considerada la mejor de toda la saga, la segunda entrega, que el tiempo convertiría en quinta, multiplicaba las virtudes de 'La Guerra de las Galaxias', la película que (junto con 'Tiburón') transformó la industria de Hollywood. El trepidante western galáctico con mil y una ramas argumentales creado por George Lucas, lleno de guiños a clásicos de serie A (los samuráis de Kurosawa) y B (los seriales de aventuras de los años 40 y las aventuras de Flash Gordon), ampliaba la profundidad emocional de los personajes, añadía una dimensión casi shakespeariana, sin perder el espíritu de puro divertimento. La aparición del maestro Yoda, la ampliación del concepto de la Fuerza, las escenas de acción congelada, y, por encima de todo, aquel giro argumental que nos hizo explotar la cabeza con una de las más míticas frases de la historia del cine ("YO SOY TU PADRE", sin que las mayúsculas consigan replicar el impacto de la poderosa voz de James Earl Jones y las notas de la música de John Williams), hacen de 'el Imperio contraataca' una cumbre del cine de evasión de todos los tiempos. –Àlex Montoya

Nosferatu (1922)
Foto: CaixaForum

Nosferatu (1922)

Un paseo por la tierra de los fantasmas y la llamada del Pájaro de la Muerte: una de las primeras adaptaciones y más terroríficas (aunque no autorizadas) de 'Drácula'. La actuación de Max Schreck como sanguinario conde Orlok es igual de intrigante y repugnante que hace casi un siglo. Las inquietantes imágenes de un mundo crepuscular del director expresionista alemán F.W. Murnau establecieron para siempre el espeluznante precedente de las pesadillas cinematográficas. –Stephen Garrett

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Aterriza como puedas (1980)
Foto: Paramount Pictures

Aterriza como puedas (1980)

Con unas 6.500 bromas para elegir, seguramente todo el mundo acaba encontrando una ocurrencia que le guste de 'Aterriza como puedas'. Los directores David y Jerry Zucker y su compañero humorístico, Jim Abrahams, lanzaron la casa por la ventana con esta vertiginosa parodia de las películas de desastres de los años 70 que estaban de moda por aquel entonces. De rebote, modernizó la comedia cinematográfica, justo empezando su década más transformadora. ¿Nuestra broma preferida? "Parece que elegí la semana equivocada para dejar las anfetaminas". –Phil de Semlyen

Sopa de ganso (1933)
Foto: cortesía de Film Forum

Sopa de ganso (1933)

Las sátiras políticas no deben ser largas ni complicadas: esta obra maestra de 68 minutos es perfectamente descarada, y pone de manifiesto los absurdos de la política internacional con un ingenio rápido y bromas que aciertan. A menudo considerada como la obra más divertida de los hermanos Marx, la película también es, por desgracia, atemporal, ya que el retrato que hace de una dictadura belicista todavía es relevante en nuestros días. –Anna Smith

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La trilogía de Apu (1955, 1956, 1959)
Foto: Epic Productions

La trilogía de Apu (1955, 1956, 1959)

Sabemos que estamos haciendo trampas al incluir las tres películas de la saga de Apu ('Pather Panchali', 'Aparajito' y 'Apur Sansar'), pero realmente, ¿cómo se pueden separar las entregas de esta magnífica trilogía de Satyajit Ray? El gran bengalí sigue al joven Apu (Apurba Kumar Roy) desde la infancia hasta la vida adulta a través de la escolarización y el traslado a la gran ciudad, y también en el amor y las pérdidas. Una de las películas indias más íntimas jamás filmadas, pero también de las más identificables, tanto si eres de Calcuta, de Kansas o de Camden Town. –Phil de Semlyen

Viridiana (1961)
Foto: Gustavo Alatriste

Viridiana (1961)

El regreso al cine español de Luis Buñuel tras su exilio mexicano, y la primera y hasta ahora única Palma de Oro en Cannes por una película española: fue allí donde estalló el escándalo, cuando las autoridades eclesiásticas pusieron el grito en el Cielo contra una cinta "moralmente repugnante", y la censura prohibió su estreno hasta después de la muerte de Franco. La intrahistoria detrás de 'Viridiana' es tan apasionante como el mejor de los thrillers. La polémica estaba servida y no podía ser de otra manera, porque don Luis (como él mismo se autodefinía, "ateo por la gracia de Dios"), con la complicidad de Pere Portabella y de Ricardo Muñoz Suay, blasfemaba sin miramientos, mostrando el catolicismo como una prisión desesperante. Obsesiones y perversiones sexuales, fetichismos. Goya y Pérez Galdós. Y en la sublimación de la libertad de un cineasta genial y provocador, la burla definitiva: una última cena donde Jesucristo y los apóstoles se convierten en un grupo de mendigos en una comilona marcada por los más bajos instintos. –Alex Montoya

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El maquinista de la general (1926)
Foto: United Artists

El maquinista de la general (1926)

Chico conoce tren. Chico pierde el tren. Chico persigue las fuerzas de la Unión que le han robado el tren, consigue de nuevo el tren y arranca en dirección contraria. Quizás no suena como la típica historia de amor, pero eso es exactamente lo que pretende la comedia muda y valiente de Buster Keaton. Es una majestuosa demostración de trucos de fotografía, coraje sofisticado y uso del ritmo cómico, todo bajo un amor genuino. Hacednos caso, es intensa como una locomotora. –Phil de Semlyen

Heat (1995)
Foto: InterCom

Heat (1995)

La obra maestra sobre atracos del guionista-director Michael Mann puso por primera vez juntos en la pantalla a dos de nuestros mejores actores, Robert De Niro y Al Pacino, uno como maestro criminal estoico, y el otro como un policía obsesivo que quiere atraparlo. Cuando Mann presenta las dos realidades muestra perspectivas chocantes y pone a prueba nuestra fidelidad como espectadores, a través del cambio constante. La última palabra sobre las películas de policías y ladrones, impregnada de una magia que los thrillers criminales de ahora aún intentan recuperar. –Bilge Ebiri

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Annie Hall (1977)
Foto: United Artists

Annie Hall (1977)

Citable, entrañable y llena de momentos creativos, 'Annie Hall' es una de las comedias románticas más revolucionarias. Esta película arquetípica de Nueva York introdujo a innumerables espectadores al placer del diálogo detallado (y la experimentación en ropa masculina para mujeres) y ha sido muy elogiada tanto por su accesibilidad como por su intensidad. Un equilibrio que pocas películas han conseguido de una forma tan memorable. –Abbey Bender

Sucedió una noche (1934)
Foto: Columbia Pictures

Sucedió una noche (1934)

Si Hollywood hiciera películas como las de antes... Comedias románticas ingeniosas que conquistaron los Oscars. La divertida historia de amor a primera vista de Frank Capra sigue siendo una de las películas más rápidas jamás realizadas. La heredera consentida de Claudette Colbert y el oportunista reportero de Clark Gable se lanzan a la carretera y se dirigen hacia un 'happy ending' eterno. Esta película inteligente y atractiva dio forma a todas las comedias románticas posteriores y en la mayoría aún se encuentran restos. –Tomris Laffly

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El espíritu de la colmena (1973)
Foto: Elías Querejeta

El espíritu de la colmena (1973)

De aquel nuevo cine español que surgió a finales de los años 60, y que, hasta la muerte del dictador, hizo de la metáfora del arma de combate contra la oscuridad de 40 años de Franquismo, destacan creadores como Carlos Saura, Manolo Gutiérrez Aragón y, por encima de todo, Víctor Erice, un artista con un currículum bien atípico: un puñado de cortometrajes y segmentos de filmes colectivos, y solo tres largometrajes que han pasado a la historia del cine. Con el primero, 'El espíritu de la colmena', ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián. La mirada de una niña de seis años, la entonces debutante Ana Torrent, es la del espectador: con Franco aún vivo, las miserias de la posguerra, la sordidez ambiental, se plasman mediante las fabulaciones de la pequeña protagonista, sus interpretaciones del entorno marcado por la fantasía. Un particular, bellísimo, sensorial, poético, devastador, relato de iniciación, de descubrimiento, donde el monstruo de Frankenstein es la llave que abre la puerta a la parte más oscura del ser humano y supone el principio del fin de la inocencia. –Àlex Montoya

Jungla de cristal (1988)
Foto: 20th Century Fox

Jungla de cristal (1988)

¿La película de acción perfecta? Es difícil pensar en otra mejor –y también que haya sido más imitada–. Desde entonces ha habido 'Jungla de cristal' en un barco ('Alerta máxima'), 'Jungla de cristal' en un pabellón de hockey ('Muerte súbita') e incluso 'Jungla de cristal' en una escuela privada ('Mentes maestras'). Ninguno, sin embargo, le llega a las suelas de los zapatos a John McClane. Los dobles son increíbles, los diálogos son una mina y Bruce Willis y Alan Rickman son un dúo de sombrero blanco-sombrero-negro que parece salir directamente de un clásico del western. –Phil de Semlyen

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La cosa (1982)
Foto: Sunset Boulevard

La cosa (1982)

Dejad que la auténtica obra maestra de John Carpenter –alabada por los expertos en cine de terror– ocupe su lugar en el panteón. Proyecto apasionado que cautivó al público y a la crítica por igual, 'La cosa' fue de hecho el 'remake' más extraño: mejoró su antecesora. La elegancia en la pantalla grande de Carpenter y el fantasmagórico minimalismo sintético (aquí llevado más allá por Ennio Morricone) encontraron un nuevo contrapunto en algunos de los efectos especiales más repugnantes. Pero la paranoia helada de la película, de pureza farmacéutica, ha sido su legado más duradero: un patrón perfecto para todos desde entonces. –Joshua Rothkopf

Seven (1995)
Foto: New Line Cinema

Seven (1995)

David Fincher es el director más distintivo de su época: un artesano de vídeos musicales icónicos y dramas que definen décadas como 'Zodiac' y 'La red social'. Pero su transición a Hollywood no fue fácil; era una institución que apenas le entendía. El punto de inflexión fue 'Seven', la primera vez que la temible visión de Fincher llegó sin cortes. Estilísticamente es una película oscura (rodada por un inspirado Darius Khondji, que trabaja con un proceso de retención de nitrato de plata) y ha demostrado ser más memorable que incluso 'El silencio de los corderos', pero es el puñetazo del final el que todavía sacude al público. –Joshua Rothkopf

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Boyhood (2014)
Foto: IFC Films

Boyhood (2014)

El clásico contemporáneo de Richard Linklater constituye una apuesta artística inigualable, comparable solo a la saga 'Up' de Michael Apted y en las películas de Antoine Doinel de François Truffaut. Se rodó durante más de doce años con unos actores que se iban haciendo mayores a los ojos de los espectadores. Aun así, 'Boyhood' es sorprendentemente compacta y te engancha con la guardia bajada como ninguna otra película. Adornada por el característico ritmo natural de Linklater, la película atrapa el espíritu fugaz del tiempo, convirtiéndose en una meditación sobre la cotidianidad de la vida. –Tomris Laffly

Todo sobre mi madre (1999)
Foto: Warner Sogefilms

Todo sobre mi madre (1999)

Probablemente la película más reconocida de Almodóvar, ganadora de siete premios Goya, el Óscar, el Globo de Oro, el César y el galardón a mejor director en el Festival de Cannes. Y seguramente la que hace de bisagra entre las dos grandes etapas de su carrera: una primera, que trascendió la herencia de la Movida añadiendo, película a película, pinceladas de profundidad y dramatismo a un universo colorista y frívolo en permanente evolución. Y una segunda donde el cineasta manchego ha transitado los caminos de Douglas Sirk, de Tennessee Williams y de John Cassavetes, ganando en gravedad, cada vez más alejado de cualquier tentación cómica (mejor olvidar el intento de 'Los amantes pasajeros'), cada vez más cómodo en el papel de maestro del drama que la crítica internacional le ha adjudicado. Con 'Todo sobre mi madre' se confirmaba como creador de poderosos personajes femeninos y como director de actrices: repetía con su nueva musa Penélope Cruz, pero también hacía brillar a Cecilia Roth, Rosa Maria Sardà, Candela Peña y Marisa Paredes. Y también alcanzaba el equilibrio perfecto entre el exceso, la transgresión y la libertad propios de los inicios (que encuentran altavoz en algunos giros de guion que son auténticos saltos mortales, y, sobre todo, en el personaje de Agrado, que lanzó a Antonia San Juan), con la emoción y la tragedia, cada vez más desnuda de artificios, sobre lo que debería venir en el futuro. –Àlex Montoya

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Tiburón (1975)
Foto: Universal Pictures

Tiburón (1975)

Considerada, con motivo, como una de las películas más misteriosas de toda la historia, la trama de Steven Spielberg sobre un tiburón que atemoriza un pueblo costero sigue siendo popular cuatro décadas después. Durante muchos siglos, estas criaturas de aletas grises han tenido mala reputación, pero Spielberg elevó el conocido thriller cinematográfico a otro nivel, demostrando que un material de película de serie B podía ser ejecutado con dominio. El director probó que menos es más cuando se trata de crear un sentimiento de terror, casi sin necesidad de mostrarnos a la bestia que atemorizó a toda una generación. –Dave Calhoun

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