Una ermita en medio de un volcán: esta es la imagen más conocida de La Garrotxa
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Escapadas de otoño por España: paisajes que parecen sacados de un cuento

Lugares idílicos y en tonos ocres que te harán querer vivir de forma eterna en la estación más colorida del año

María Sanz
Colaborador: Noelia Santos
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Viajar en otoño es toda una delicia, tanto por la poca masificación como por los paisajes en tonos dorados que dibuja esta época del año, la única estación que es capaz de cubrir con su intenso manto de colores ocre todo a su paso. Hay lugares increíbles para hacer una escapada de otoño por España justo ahora. Así pues, despídete por unos días del Madrid más otoñal, porque nos ponemos las botas de montaña para descubrirlos en su estado más puro. 

Hemos sido de ambición generosa a la hora de realizar nuestra selección, donde encontrarás desde bosques para no parar de fotografiar hasta parques nacionales, pasando por pueblos, zonas vinícolas, paisajes que parecen traídos del mismísimo Marte, rutas en barco y hasta ermitas enclavadas dentro de cráteres de volcanes. Lo único que tienes que hacer es escoger y poner rumbo a tu escapada.

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Qué visitar en España en otoño

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Huesca)

Los enamorados del otoño querrán quedarse a vivir en este parque nacional. No es para menos. Su paisaje es abrupto y excesivo y contemplarlo es garantía de stendhalazo viajero. Sus diferencias geográficas, desde profundos valles y cañones hasta las altas cumbres, dan lugar a ecosistemas variados: bosques, hayedos, abetales, pastos, riberas…

Aquí, los amantes de explorar la naturaleza encontrarán caminos por los que adentrarse en el entorno, los escaladores más avanzados podrán atreverse con su pico más alto, el de Monte Perdido (3.355 metros de altitud sobre el nivel del mar), y los que siempre van a la caza y captura de la fotografía perfecta, querrán llegar hasta la cascada de la Cola de Caballo. Una de nuestras escapadas de otoño por España preferidas. 

Volcán de Santa Margarida (Girona)

Una ermita en medio de un paisaje volcánico. Esta es posiblemente la imagen más icónica de la región volcánica de La Garrotxa, en el interior de la provincia de Girona. Su cráter (ahora inactivo, pero que entró en erupción hace más de 11.000 años) se encuentra a unos 750 metros de altitud y con un diámetro de dos kilómetros aproximadamente en cuyo centro se levantan las ruinas de una pequeña iglesia romana.

Ahí, en un entorno cubierto de hierba y arbustos (por el que hace miles de años corría la lava arrasando todo a su paso), se encuentra esta ermita en honor a Santa Margarida la Cot; y en su interior, una imagen a la que todavía hoy se venera (es una réplica de la original del siglo VI que hay en el Museo Diocesano de Girona).

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Hayedo de Montegrande (Asturias)

En una selección de escapadas otoñales, está claro que los hayedos van a tener un protagonismo especial. No podía ser de otra manera, si es llegar esta estación y convertirse en un auténtico festival del color. Y si encima te pilla en día de niebla, el puntito misterioso está servido. El de Montegrande se encuentra dentro del parque natural de Las Ubiñas-Mesa y tiene una extensión de 1.500 hectáreas. Las protagonistas, claro está, son sus hayas centenarias, aunque no faltan robles, acebos y abedules. También abundan los arándanos y eso se traduce en presencia de osos pardos (les encantan). Este hayedo es su hogar y también del venados, corzos, rebecos, lobos o jabalíes.

Puedes recorrerlo haciendo una ruta que, a modo de dos por uno, terminará por llevaros hasta la cascada del Xiblu. ¿La anécdota? Siempre ha destilado guapura, pero este otoño se va a poner especialmente interesante. Sobre todo, hacia finales de noviembre cuando se estrene en cines 'Los juegos del hambre: amanecer en la cosecha'. Y es que la precuela de la famosa saga lo escogió como escenario para rodar algunas de sus escenas.

Valle de Saja-Nansa (Cantabria)

Prados verdes, cielos de azul intenso y caminos que llevan por pueblos que bien podrían haber salido de un cuento. La comarca de Saja-Nansa, en Cantabria, es uno de esos rincones que en otoño adquieren un aura todavía más espectacular. No importa la ruta o el lugar desde el que partáis para visitar el valle o si preferís adentraros en el Parque Natural de Oyambre y la Reserva Nacional del Saja, acertaréis seguro. Aunque si hay un rincón que no podéis pasar por alto, esa es la Cueva de El Soplao: una cavidad única, considerada como maravilla geológica.

Tudanca, Carmona, Puebla Vieja de San Vicente de la Barquera y Bárcena Mayor son los cuatro núcleos urbanos donde establecer el campamento base desde el que partir a maravillarse en el valle de Saja-Nansa.

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Fragas do Eume (A Coruña)

'Fraga' significa bosque mixto (distintas especies) y aquí, en este territorio de 9.000 hectáreas del que hay constancia desde el Neolítico, predominan los robles acompañados de castaños, abedules y avellanos. Se trata de un bosque atlántico de ribera que sigue el río Eume, el cual, hacia el final de su curso, se ha encargado de crear impresionantes cañones. Cuando lo visites, pregunta por el monasterio de Caaveiro, camuflado en su corazón desde hace 10 siglos y con unas vistas envidiables de un espectáculo natural que, en cada estación, nos regala un festival distinto de color.

Parque Natural de las Hoces del Río Riaza (Segovia)

A tan sólo 2 horas de Madrid se encuentra un enclave natural que impresiona en cada rincón. El Parque Natural de las Hoces del Río Riaza está esculpido por el agua, creando un conjunto de hoces, cañones y desfiladeros. Una escapada perfecta en otoño desde la que ver la vegetación en tonos ocres rodeando su sobrecogedora garganta de 5,5 km de longitud, 150 m de profundidad y 300 m de anchura.

Este también es un rincón perfecto para los amantes de la naturaleza, ya que este parque natural es el hogar de bosques de sabina albar y más de 600 parejas de buitres leonados. En una de sus múltiples sendas podéis seguir las huellas de su pasado románico, visitando la ermita de Casuar y numerosas iglesias románicas declaradas Bienes de Interés Cultural.

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Bosque de la Grevolosa (Barcelona)

Es especialmente conocida la Fageda d’en Jordà y algo menos este bosque, donde también encontramos un hayedo. Por eso nos gusta tanto. Se encuentra en el límite entre las provincias de Barcelona y Girona y podemos definirlo como un escándalo de colores cuando el otoño se cuela entre sus árboles. Sus árboles llegan a superar los 30 metros de alto y algunos son centenarios (o hasta bicentenarias). Lo de sus raíces, robustas, intrincadas y trepando sobre el suelo, te dejamos a ti mismo que lo compruebes. Adentrarse por sus caminos, pisando un suelo cubierto de hojas crujientes, es todo un deleite de sensaciones.

Barrancas de Castrejón (Toledo)

Sus formaciones rocosas, su aspecto desértico y su alto nivel de erosión por los fenómenos naturales le valen a este lugar remoto de Castilla-La Mancha el sobrenombre del 'cañón del Colorado manchego'. Eso sí, aunque parezca estar en los confines de la península, lo cierto es que se encuentra a apenas 30 kilómetros de Toledo. Son las barrancas a orillas del embalse de Castrejón, unas cárcavas arcillosas de color rojizo que forman uno de los paisajes más deslumbrantes de toda la región. El acceso es libre y se puede llegar en coche o incluso en bici, mucho mejor: se accede por una pista de tierra que se encuentra en el km. 26 de la carretera CM-4000 que va desde Toledo hacia Talavera de la Reina. No tiene pérdida. 

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  • Viaje
  • Fuera de Madrid

La ruta de los Pueblos Negros es una ruta imprescindible y preciosa cuando las temperaturas comienzan a bajar en la península. Se llaman así por el color oscuro que le aporta la piedra de pizarra con la que están forradas todas las fachadas y las calles, una arquitectura negra que tiene en Valverde de los Arroyos uno de los mejores exponentes. Pintoresco singular y muy (muy) pequeño (menos de cien habitantes), siendo la plaza Mayor uno de los lugares más icónicos del municipio. Y si bonito es el casco urbano (sí, también forma parte de la red de Pueblos más bonitos de España), no lo es menos el entorno natural que rodea al pueblo: no visitar la excepcional chorrera de Despeñalagua (una cascada de 120 metros de caída de agua) es como no haber estado en este rincón de Guadalajara.

En otoño, la visita imprescindible está en el Hayedo de Tejera Negra, una maravilla natural y única en Europa (es el bosque de hayas situado más al sur de todo el continente, como extensión de los hayedos de los Cárpatos y otras regiones de Europa), por supuesto declarado Patrimonio de la Humanidad. Un lugar de cuento perfecto para una escapada cerca de Madrid. 

Selva de Irati (Navarra)

Es el segundo bosque de hayas y abetos mejor conservado de Europa, solo por detrás de la Selva Negra de Alemania. Un tesoro natural, prácticamente virgen, en el Pirineo Oriental navarro (casi en la frontera con Francia) cuya capacidad para impresionar a quien lo contempla es innegable en cualquier época del año Es en otoño cuando luce su mejor traje: la paleta de colores que se forma en sus valles es sobrecogedora y lanzarse a recorrer sus senderos, la mejor manera de verte rodeado de este espectáculo con el que Mamá Naturaleza nos regala. 

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Arribes del Duero (Zamora)

Entre Zamora y Salamanca, justo donde España hace frontera con Portugal, el río Duero se 'encañona' y discurre por un pasillo encajonado de vertiginosas paredes verticales (de más de 250 metros de alto en algunas zonas). Algo inaudito en todo el cauce del río excepto aquí, a su paso por el Parque Nacional Arribes del Duero, una de las pocas zonas navegables de su cauce. El embarcadero se encuentra en Miranda do Douro (ya en Portugal, frontera con Zamora) y el único barco autorizado para navegar por los cañones son los de Europarques, una compañía con vocación medioambiental y científica, que hace que el recorrido (además de contemplativo y turístico) sea todo un viaje de desconexión.

Después del paseo, un vino, que para eso esta es zona vinícola y con DO y ruta del vino propia, la Ruta del Vino de Arribes. Y si queréis hacer turismo, Fermoselle, el pueblo de las mil bodegas y uno de los más bonitos de España. 

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Paredes de piedra, callejuelas empedradas y empinadas, cacharros de cobre y muchos platos de cerámica (la artesanía todavía resiste en este pequeño y remoto rincón extremeño) componen la esencia de este minúsculo pueblo que, además de figurar en la lista de los más bonitos de España, es Patrimonio de la Humanidad desde 1993 por una maravilla de la arquitectura religiosa: el Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, lugar de culto y peregrinación muy vinculado a la historia de España y de América.

En otoño, los paisajes del Geoparque Villuercas Ibores Jara, que rodean el Real Monasterio, se tiñen de tonos ocres y dorado, convirtiéndolo en una maravilla para la vista y los sentidos. 

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Ribeira Sacra (Lugo y Orense)

Si andas preguntándote qué visitar en España en otoño, te diremos que las atrevidas plantaciones de cepas de Godello, Treixadura, Albariño... en las riberas del Miño y cañones del Sil siguen siendo un secreto por descubrir en la Galicia interior.

Aquí están los viñedos heroicos, adjetivo nada gratuito, pues vendimiar en sus pendientes es, además de un sacrificio, todo un ejercicio de equilibrio digno de ver. 

Parque Nacional de Garajonay (La Gomera)

Si las hadas existieran vivirían en entornos de fantasía como este bosque de laurisilva que se oculta en el interior de la isla canaria. Para contagiarse de su magia (a veces fantasmagórica), lo mejor es recorrerlo a pie entre su neblina perenne, siguiendo alguna de las 18 rutas homologadas que discurren por los ancestrales bosques del Parque Nacional de Garajonay. Para sumarle un plus de magia a la experiencia, preguntad por la leyenda de Gara y Jonay, esa que le da nombre al parque natural.

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Parque Natural Urbasa (Navarra)

Además de la Selva de Irati, la provincia de Navarra esconde otros tesoros naturales como el Parque Natural Urbasa-Andía. Y puede que el sendero del Nacedero del Urederra (la salida natural del acuífero formado en este macizo kárstico) sea uno de sus reclamos más interesantes para acercarte a conocerlo en una escapada de otoño por España.

Se trata de un recorrido de más de seis kilómetros que atraviesa pozas de aguas de un azul turquesa tan intenso que resulta increíble a la vista. Quizá por eso ya se ha convertido en una estampa imprescindible de todas las que atesora Navarra.  

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