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Cafè Bar Alegria
© Maria Dias Cafè Bar Alegria

Abellan y Colombo recuperan el Cafè Bar Alegria

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Si el otro día tocó dar la triste noticia de la pérdida del bar Cosmos, hoy toca una pequeña alegría. Nunca mejor dicho: porqué el próximo mes de marzo reabrirá el Bar Alegria, joya modernista y popular abierta en 1899 en el chaflán de Gran Vía con Borrell, y una de las atalayas favoritas de los vecinos del Eixample y Sant Antoni para el ritual del vermut.

Este bar y carismática terraza –que cerró a finales del año pasado– subirá la persiana de nuevo el próximo marzo, gracias a que la sociedad formada por Carles Abellan, su hijo Tomàs y Max Colombo (Xemei, Bar Brutal, Can Pizza y Frankie Gallo .. .) lo reabrirán. Esto era un bar de 'tapas vulgaris' de toda la vida, y Abellan descarta aplicar el repertorio del Tapas 24: «Esto era un bar normal y será un bar normal. Y aplicaremos el mismo concepto de bar: de diez a doce de la mañana cocina ininterrumpida, y de lunes a viernes plato del día. Los jueves arroz, claro».

¿Y qué se comerá? Pues lo que había, que eran tapas y bocadillos (aunque cabe decir que a pesar del carisma del lugar, la comida flojeaba, uno se sentaba más que nada por la espléndida atmósfera de volutas de madera, pata de hierro y mármol). «Producto, bocadillos, algo de latas y sobre todo tapas, ensaladilla rusa y similares, cocina tranquila», vaticina Abellan. Y más bien básica, porqué «habrá una plancha en la barra y poco más», aunque teniendo en cuenta el cuidado con que Abellan y Colombo tratan el producto, serán más que buenas.

El chef precisa que las reformas serán mínimas: «Estamos limpiando, más que reformando. No tocaremos nada del bar, sólo limpiaremos y acondicionaremos un poco el office. Pero no vamos a modificar nada más. Chapa y pintura, nada más», insiste. También deja claro que el precio seguirá siendo de bar: «Será un ticket de barrio: por un billete de veinte euros saldrás cenado».

No es la única novedad en el mundo Abellan: también anuncia el cierre del restaurante Bravo del Hotel W. Un vacío que llenará con el traslado de La Barra en Semana Santa, flamante y peculiar estrella Michelin que cambia de dirección pero seguirá en la Barceloneta: «Esto nos permitirá trabajar más y mejor, y todo el mundo estará más cómodo y más bien atendido», dice.

 

La Barra

 

La Barra
© Maria Dias

 

 

 

 

 

Una estrella Michelin necesita hacer más mesas para sobrevivir: la peculiaridad de «La Barra es que ahora hay una única mesa de cuatro personas, y el resto de mesas se tienen que apañar como puntas de mesas de cuatro personas». La nueva Barra pasará de tener 40 plazas sentadas en fila india a 60 distribuidas en mesas. Y la propiedad del hotel, «encantada, claro, les traigo una Michelin y además pago yo la fiesta».

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