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Su interior acoge una gran colección de obras de arte y solo tiene nueve habitaciones llenas de lujo donde no se permite el acceso a menores (pero hay un restaurante abierto al público)

Las costas catalanas forman parte de los destinos más codiciados del mundo (y no lo decimos nosotros, aparecen en algunos de los rankings más prestigiosos). Y por ello, uno de los hoteles más exclusivos del país se encuentra en primera línea de mar, en la Costa Brava: solo tiene nueve habitaciones, no se permite la entrada a niños y es el refugio artístico de la Baronesa Thyssen.
The Pink Elephant Hotel se ubica concretamente en Sant Feliu de Guíxols, uno de los rincones de postal de la Costa Brava. Este hotel boutique lleno de lujos es especial porque está lleno de arte. La artista argentina Mercedes Lasarte se ha encargado de llenar cada esquina con una pieza artística al gusto de Carmen Thyssen.
La arquitectura también es arte —en Barcelona lo sabemos bien, ya que la ciudad es la capital mundial de la arquitectura— y este hotel, que abrió sus puertas en 2023, tiene una fachada rosa que da paso a interiores completamente blancos, jardines tropicales y estancias abiertas a la luz que difuminan la frontera entre el interior y el mar.
La Baronesa Thyssen es conocida —aparte de por su vida extravagante— por su gusto exquisito, así que no es de extrañar que en The Pink Elephant haya solo nueve habitaciones, una amplia terraza sobre el mar, piscina exterior, camas balinesas, piscina interior climatizada, sala de cine privada y un íntimo spa con sauna y baño turco.
Y si tienes ganas de descubrir la esencia del hotel sin alojarte en él, puedes probar su restaurante, que está abierto al público general y que dispone de una carta que pone el foco en el producto y la estacionalidad con unas vistas espectaculares.
La experiencia comienza con pequeños platos para abrir el apetito, como los matrimonios de anchoa, boquerón y piparra, las anchoas de l'Escala con aceite de oliva o el taco de gamba roja marinada con lima, cremoso de aguacate y mayonesa de wasabi, uno de los bocados más representativos de la casa.
La cocina continúa con elaboraciones donde el Mediterráneo toma el protagonismo: las zamburiñas gratinadas sobre crema de calabaza y langostino, la berenjena frita con miel de caña y ralladura de naranja, el arroz del chef con sepia, gamba y tartar de gamba, el clásico arroz del señoret o la fideuá marinera, pensados para disfrutar sin prisa desde la terraza.
La carta se completa con clásicos como los mejillones al vapor con limón fresco, las gambas salteadas con ajo y perejil o los calamares a la andaluza con mayonesa de lima. Como broche final, la torrija caramelizada con helado de vainilla o la piña fresca con esencia de menta y cristales de Halls aportan un final original y, por supuesto, delicioso.
Dependiendo de las fechas y de la disponibilidad del hotel, se pueden encontrar habitaciones desde unos 200 euros que pueden llegar hasta los 500. En cuanto a la carta del restaurante, los precios no son astronómicos: los aperitivos cuestan entre 9 y 14 euros, y los platos principales van de los 13 a los 60 euros.
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