Las 13 mejores playas de la Costa Brava

La variedad de playas que ofrece la Costa Brava nos ha hecho escoger estas. Seguro que encontráis la que mejor va con vuestras necesidades de cada día: familiares, más aisladas, bien comunicadas...
Platja d'Empuries
© Carles Palacio i Berta Platja d'Empuries
Por Esperança Padilla |
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Pocos territorios pueden compararse a la Costa Brava en cuanto a lugares de baño idílicos al alcance de la mano. En la costa gerundense encontramos playas sorprendentemente vírgenes, otras que equilibran delicadamente urbanismo y paisaje y muchas muy populares pero nunca tan masificadas como para no poder plantas la toalla. Escoged una u otra de nuestra lista según los vientos, si vais con niños o la distancia a pie para llegar hasta ella. A partir de aquí, solo nos falta decir que vigiléis con el sol.

Cala Treumal
© holbox - Shutterstock

Playa de Treumal

Si alguna vez tenéis que recomendar una playa de la Costa Brava a algún residente en el Maresme, Barcelona y la Cataluña interior, proponemos ésta como recurso más a mano. Pero no la ponemos solo para usarla en caso de urgencia, sino porque Treumal es una maravilla que se extiende a lo largo de 400 metros a los pies de un paraje protegido, Pinya de Rosa, donde hay un sorprendente jardín botánico lleno de cactus. En verano cuenta con chiringuito, aparcamiento vigilado y alquiler de hamacas y durante el resto del año es un lugar tranquilo donde se escucha cantar a los pájaros que habitan el jardín botánico y se organizan encuentros de yoga. Y todo esto sin ser, tampoco, el fin del mundo: está a cinco minutos en coche del centro y hay casas cerca, pero son de lujo y la mayoría no hacen daño a la vista.

Cala de Santa Cristina
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Playa de Santa Cristina

Es prima hermana de Treumal: las separan pocas calas, pero todo un mundo de diferencia. En Santa Cristina, el “desarrollismo” estuvo a punto de causar estragos a mediados del siglo pasado. Pero finalmente la razón y la estima del pueblo de Lloret por este paraje donde se alza la ermita de la patrona local triunfó en forma de frágil equilibrio entre unos equipamientos turísticos que lamen la costa, junto al mar, y una masa de pinos intensamente verde que consigue dotar el flanco sur, donde hay una vieja casa de pescadores, de un decidido carácter salvaje. El pintor Joaquin Sorolla inmortalizó la luz, los verdes y los azules de Santa Cristina en uno de sus cuadros más rabiosamente mediterráneos. Es ideal para lucir grandes gafas de sol al estilo de estrella de cine decadente.

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Es Codolar
©Goran Bogicevic

Es Codolar

Esta cala, milagrosamente preservada, ha tenido muchas vidas. Ha sido puerto seguro a cobijo de la tramontana y el levante, y también el sueño –o la pesadilla, para quienes estaban en contra– de especuladores que querían convertirla en puerto deportivo. En pocos lugares de la costa es tan visible la huella de la historia como en esta pequeña playa de guijarros de unos 80 metros de largo, encajada a los pies de una de las torres de vigía del recinto medieval de la Vila Vella de Tossa de Mar, en la falda de un acantilado que se desploma unos 50 metros. En verano vale la pena ir pronto y marcharse a mediodía, cuando el sol está en lo más alto y aprieta. Como para llegar hay que cruzar el recinto amurallado y bajar un buen tramo de escaleras, las familias a menudo ni se plantean el ir y las mañana de agosto se convierte en uno de los sitios favoritos de la juventud local y visitante. Las barquitas de pescadores, que le acaban de dar el toque ideal, no son atrezzo aunque lo parezcan, sino propiedad de algunos viejos lobos de mar que todavía salen de madrugada a tirar el anzuelo.

Cala del senyor Ramon
Cala del senyor Ramon

Cala del senyor Ramon

La Cala del Senyor Ramon es la playa nudista por excelencia del Baix Empordà. Una generosa franja de arena gruesa se vierte en un mar totalmente abierto a levante y dos paréntesis de roca la cierran al norte y al sur, como para preservar la intimidad de los bañistas. De hecho, la Cala del Senyor Ramon solo es accesible desde el mar y desde un camino que salva un desnivel de cientos de metros a través de una finca privada y acaba en una explanada cerca de la playa donde os cobrarán 6 euros por aparcar. Podéis dejar el coche gratis arriba del todo, pero la vuelta, después de una mañana de sol, es garantía de lipotimia. Conectada en el mundo solo por la tortuosa carretera de Tossa a Sant Feliu de Guíxols, es la típica playa ideal para llevarse el bocadillo y la nevera y disfrutar todo el día bañándose, haciendo snorkel y jugar a detectar mirones con prismáticos escondidos en el bosque cercano.

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Platja de Sant Pol
© Esteban Abdala

Sant Pol

Esta maravillosa bahía en las afueras de Sant Feliu de Guíxols es la playa de la infancia de muchos de nosotros. Asaltada por el ladrillo en los últimos 30 años, le queda todavía mucha belleza: las casas de los indianos en primera línea, el elegante recinto de S’Agaró Vell, el suntuoso Hostal de la Gavina dando la entrada a uno de los tramos más espectaculares del Camí de Ronda. El resultado es una cómoda playa urbana con un apagado, muy controlado, toque silvestre, sobre todo en las rocas y en las calas situadas en el extremo sur. Por las noches, todavía se encuentra el encanto de la Costa Brava más elegante, con las familias extranjeras paseando arreglados para cenar. Hay que destacar dos cosas: primera, es la playa de Sant Pol, no de S’Agaró. S’Agaró es el paraje que se extiende tierra adentro hacia la Vall d’Aro y es, sobre todo, un nombre comercial. Segunda, su estratégica situación en las afueras del municipio pero en un entorno civilizado convierten Sant Pol en la playa ideal para bañarse de noche, sobre todo en el rincón al abrigo del muro en el extremo sur.

Cala Rovira
© marlee - ShutterStock

Cala Rovira

Después del infierno en el que puede convertirse la playa grande de Platja d’Aro en pleno verano –de acuerdo, exageramos un poco: en dos kilómetros de playa de más de 50 metros de ancho, algún rincón habitable encontraréis incluso en el pico de agosto– el hallazgo de Cala Rovira, siguiendo por el Camino de Ronda una vez pasada la roca del Cavall Bernat, se siente físicamente como una bofetada de belleza. Raramente la encontraréis vacía, pero es tan bonita, tan inverosímilmente blanca, verde y azul, que ni siquiera unos inoportunos apartamentos que se asoman entre los pinos y las numerosas familias que se acercan hasta allí nos podrán estropear la primera impresión. Si a pesar del aspecto idílico del paisaje, no podéis sufrir a los jugadores de palas, la Rovira es también la puerta de entrada de una serie de calitas –Sa Cova, El Pi, Els Canyers, Belladona– rocosas y de vocación libertina donde se puede disfrutar, con tranquilidad de reptil, de una lectura sentados a pelo sobre una roca caliente.

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Platja de Castell
Carles Palacio i Berta

Platja de Castell

Es la playa que vio nacer 'Mediterráneo', de Joan Manuel Serrat. Una movilización popular masiva salvó el paraje de la urbanización y en Castell pervive intensamente el paisaje virgen y la leyenda. Las dos casas nobles que la flanquean a norte y sur alojaron a personalidades como Marlene Dietrich o Salvador Dalí. Se llega desde la autovía de Palafrugell a través de un camino en buenas condiciones pero que invita a la conducción prudente. Pagad el aparcamiento sin pesarlo: la recaudación se reinvierte íntegra en la conservación del paraje. Disfrutad del carrizal de la riera de Aubí y los patos y anfibios que viven, haced un picnic bajo el pinar impenetrable por el sol, subid al poblado íbero de la Punta de la Corbetera, perdeos por el bosque en busca de la Caseta de Dalí, que tiene la puerta surrealistament torcida; visitad las calas cercanas donde hay rincones impresionantes y ni una línea de cobertura de móvil. En verano hay aseos, chiringuito y alquiler de kayaks, pero también es la playa ideal para el invierno, pues queda totalmente resguardada de la tramontana.

Platja del Canadell
©funkyfrogstock

Platja del Canadell

Sí, ya sabemos que es una de las playas de la Costa Brava con más alta densidad de toallas por metro cuadrado en el pico del verano, pero no nos diréis que, en invierno y hasta San Juan, no es una auténtica delicia. Este antiguo pueblo de pescadores reconvertido en meca estival de las clases adineradas catalanas no ha perdido el encanto por el camino, y ver a la gente –allí todo el mundo es guapo– que sale de casa con el bañador puesto y se lanza al agua tiene su gracia, aunque sólo lo podamos disfrutar de manera vicaria. La oferta de restaurantes y bares es casi infinita, pero invariablemente cara: Calella es uno de los destinos de mayor categoría de la Costa Brava. La forma de vivir "mediterráneamente" se inventó aquí en una tarde de un lejano mes de agosto.

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Illa Roja
Carles Palacio i Berta

Illa Roja

Sí, Begur tiene un montón de playas alucinantes, ¿por qué elegir precisamente esta, que no tiene ningún servicio? Aparte de que no está tan sobresaturada de gente guapa como Sa Tuna o Aiguafreda, nos gusta porque es la única playa nudista en la Costa Brava centro, porque los colores intensamente rojizos de la roca que emerge en la bahía la convierten en una cosa rara y viva, porque la forma semicircular hace que sea una playa muy acogedora, porque permanece relativamente poco frecuentada por grupos o niños, ya que hay que caminar bastante para llegar desde el Camino de Ronda, y porque en realidad las playas que molan son las que no tienen ni chiringuito de helados y te permiten creer por un rato que el resto de la vida no existe. El único inconveniente es que las altas paredes de los acantilados que la rodean vierten sombra a partir de media tarde, así que aprovechad por la mañana.

Platja de Gola de Ter
© Carles Palacio i Berta

Playa de Pals y La Gola del Ter

Ya lo sabemos, es una de las playas de apariencia más atlántica del litoral gerundense. Durante un par de kilómetros, las rocas y los acantilados dejan paso a una playa de arena blanca y fina y dunas de altura notable rota por la desembocadura del Ter y que se extiende hasta los pies del macizo del Montgrí y las Illes Medes. De norte a sur –la única manera de recorrer así la playa es hacerlo andando– encontramos, primero, la playa del Racó, al final de los acantilados de Begur; la playa de Pals, honda, de horizonte abierto y perfecta para hacer deportes de vela; la playa de Mas Pinell, cómoda y urbanizada, la Gola del Ter, un rincón cambiante según las estaciones donde hay una playa para perros y, ya cerca del Estartit, la playa de Riells, que limita con los Humedales del Empordà. Esta llanura fluvial es perfecta para las excursiones en bicicleta desde Torroella de Montgrí, ya que en verano la circulación y el aparcamiento pueden ser una misión imposible.

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