Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Barcelona icon-chevron-right Las cuevas marinas más alucinantes de la Costa Brava

Las cuevas marinas más alucinantes de la Costa Brava

Coged el kayak, cargad el móvil y visitad las cuevas marinas más sorprendentes del litoral gerundense

La Foradada
© Pepj La Foradada
Por Aída Pallarès |
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¿Tenéis el móvil a punto? Lo necesitaréis. Visitar las cuevas marinas de la Costa Brava es una de las excursiones más espectaculares que podéis hacer. Necesitaréis un kayak o un barco, eso sí, pero vale la pena. Y mucho. Y si sois más de otros parajes echad un vistazo a los mejores paseos románticos de la Costa Brava o las playas secretas más bonitas de la Costa Brava.

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Cova de s'infern
© Costa Bravas

Cova de s'Infern

La Cova de s’Infern es, con diferencia, uno de los accidentes geográficos más alucinantes del Cap de Creus. Una experiencia alucinante. Una roca que, a causa de la erosión del agua, se ha ido deformando hasta crear una cueva con una especie de piscina natural dentro. Por lo tanto: bañaos y llegaréis casi al nirvana. El nombre, por cierto, proviene del color rojizo que se observa en el agua cuando sale el sol. Para llegar tendréis que caminar unos diez minutos desde el faro.

Cova d'en Gispert
© Kayaking Costa Brava

Cova d'en Gispert

La Cova d’en Gispert es la más larga y espectacular de la Costa Brava. Está situada entre las calas de Aiguablava y Aiguaxelida y, por lo tanto, la mejor manera de llegar es con kayak, saliendo desde la primera. Aunque también se puede salir desde Aiguaxelida o, incluso, Tamariu. En cualquier caso, la excursión también vale mucho la pena. No os dejéis engañar por la estrechez de la entrada: la cueva d'en Gispert tiene una longitud de casi 150 metros y la podréis recorrer en kayak hasta el final. Además, tiene dos partes bien diferenciadas: la Galería, que ocupa los primeros 90 metros desde la entrada, y la Sala Final donde encontraremos una pequeña isla rocosa, –que muchos llaman ‘Taula’– donde nos podremos sentar. Pocos metros antes del pórtico que conduce a la Sala Final, se abre una bifurcación que permite un paso subacuático a la sala. Pero que la cueva es espectacular no lo decimos solo nosotros: Durante la década de los 60, e impresionado por su acústica, Dalí organizó un concierto de canto privado en la Sala Final. Además, a mediados de agosto (normalmente los días 21 y 22), cuando los rayos de sol llegan hasta el final de la cueva, normalmente se organiza el Despertar del sol de la Cueva d’en Gispert’: una emocionante expedición en kayak poco antes de la salida del sol para contemplar el nacimiento del día desde dentro. Una experiencia inolvidable.

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Cova de la Sal
© B.P Costa Bravas

Cova de la Sal

La cueva de la Sal está situada entre Cala Montgó y la Punta del Milà. Solo se puede acceder en kayak o barco pero vale la pena ya que, a diferencia de otras cuevas marinas, cuenta con una pequeña calita de cantos rodados ideal para hacer snorkel. Eso sí, depende del nivel del mar y la época del año. Esta cueva, muy popular en La Escapa pero invisible para la mayoría de mapas, consta de unos 20 metros de ancho y 25 de alto. Hay que destacar también las dos aperturas que absorben y expulsan agua cuando el mar sube de nivel.

La Foradada
© Pepj

La Foradada

Otro accidente geográfico alucinante. La Foradada es una cueva marina abierta por los dos lados, situada en la costa del Parque Natural del Montgrí, bajo el Cap Castell. Esta gran roca puede ser cruzada, por lo tanto, por embarcaciones pequeñas. Hecho que la convierte en un gran atractivo para los barcos que frecuentan la zona para hacer excursiones.

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La banyera de la russa
© Carles Palacio

La Banyera de la Russa

Este pequeño entrante resguardado de los acantilados bajo el castillo de Cap Roig, situado entre Mont-ras y Calella de Palafrugell, se llama así porque la dueña del paraje, la señora Woevodsky, bajaba en burro para bañarse desnuda. Que la mujer fuera británica y no rusa no nos estropeará ni la leyenda ni la excursión por los senderos que van desde el jardín botánico de la finca hasta este entrante de roca rojiza, de aguas siempre tranquilas e inmensa soledad, oficialmente registrado como cala Massoni. Pero actualmente solo se puede acceder por mar. Eso sí: vale la pena ver la cala y, sobre todo, esta pequeña cueva donde se bañaba la señora Woevodsky.

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