Cap de Creus
Foto: Shutterstock

10 ideas para pasar un día perfecto en el Cap de Creus

Calas bonitas, restaurantes, el faro y otras cosas para hacer en el Parque Natural del Cap de Creus

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Es uno de los espacios más alucinantes de la Costa Brava. Un pequeño paraíso con unos paisajes de mar y montaña para caerte de culo. ¿Lo mejor de todo? Que, aunque a veces parece el fin del mundo, lo tenemos a unas pocas horas coche. Por eso –y porque somos unos enamorados del Cap de Creus y de su faro–, hemos hecho esta pequeña guía con itinerarios, playas, calas íntimas y restaurantes que tenéis sí o sí. En verano o en invierno. Porque cualquier época del año es buena para subir al Cap de Creus. Eso sí: ¡no olvidéis visitar el parque natural!

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1. Camino Antiguo de Cadaqués en el Cap de Creus

¿Y si empezamos el día caminando? Esta es una de las rutas más populares, pero vale la pena porque durante estos 14 kilómetros se pasa por un montón de calas alucinantes. De hecho, si realmente deseáis captar la magia del Cap de Creus, seguid el camino antiguo que va de Cadaqués al faro. Durante el primer tramo del itinerario pasaréis por calles, pero una vez lleguéis a Portlligat empieza lo mejor: la playa de Sant Lluís, la playa de la Guillola, un camino lleno de viñedos abandonados y, finalmente, el faro. Para regresar hay quien opta por volver por la carretera o una mezcla entre carretera y camino. En total, son unas cuatro horas de ruta, pero vale mucho la pena.

No podemos dejar de recomendarlo, porque al fin del mundo, sobre todo si queda a menos de dos horas de coche de casa, hay que ir al menos una vez a la vida; pero os explicaremos cuatro precauciones para que la experiencia sea lo más exitosa posible. En 1991, un biólogo británico se enamoró de este antiguo cuartel de Guardia Civil y puso un restaurante con tres apartamentos para alquilar, que con el paso de los años ha adquirido categoría de mito, sobre todo en invierno, cuando vas a pelearte con la tramontana a pecho descubierto. Nos llegan algunas voces de que el local, de clara vocación bohemia, necesita un poco de reformas y que en temporada alta las esperas para ser servido pueden ser largas. No hay problema, porque solo por ir a sentarse y mirar al infinito vale la pena tomarse fiesta un martes de febrero. Abrigaos, eso sí.

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¿Tenéis claro que Cala Jóncols es uno de los mejores chiringuitos de la Costa Brava? Pues los antiguos propietarios, la familia Gómez-Alvaz, regentan desde 2005 La Pelosa. Un restaurante-chiringuito situado en la cala del mismo nombre –muy cerca del Parque Natural del Cabo de Creus y de elBulli 1846– que en poco tiempo se ha convertido en uno de los mejores del litoral de Girona. Cocina casera y tradicional donde destaca el amor por el producto. Aunque la carta es bastante extensa, su especialidad son los arroces y, evidentemente, el pescado, proveniente de la bahía de Roses. Dos imprescindibles: el arroz caldoso con bogavante (querréis la receta, pero por mucho que insistáis no os la darán) y la fideuá. Eso sí, quedaréis más que satisfechos si pedís cualquier variedad de pescado. Abren todos los días, pero solo al mediodía, de 13 18 h. De lagrimita.

4. Cala Culleró

Cala Culleró es especial. No es una cala cualquiera, es casi un escenario de una belleza asombrosa y una geología brutal. Rocas de formas zoomórficas esculpidas por el agua salada y la tramontana. La más conocida, de hecho, dio lugar a uno de los más conocidos cuadros de Salvador Dalí: 'El gran masturbador.' Si os cansáis de admirar las rocas y jugar a buscar formas animales con los niños, podéis tomar el sol en la pequeña zona de arena –en la que se practica el nudismo–. Pero insistimos: la gracia de Cala Culleró es bañarse en las aguas cristalinas, alucinar con el entorno y dejarse llevar. Y, de paso, tomar algunas fotos para colgar (y triunfar) en Instagram.

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5. Cala Jugadora

Salvador Dalí y Josep Pla ya nos hablaban de este espacio, pero poca gente la ha visto con sus propios ojos. Hay que llegar hasta el faro del Cap de Creus desde Cadaqués por una carreterita que llama a la prudencia y, desde allí, bajar a pie por el lecho seco de una riera unos 30 minutos para llegar a un paraje amabilísimo, de suaves contornos redondeados por matas de retama, muy diferente al arisco aspecto de otros entrantes de esta costa salvaje.

Probablemente, el nombre juguetón de esta cala proviene de la dulzura del paisaje: nos encontraremos un acogedor rinconcito de arena que da a un brazo de mar protegido de la tramontana con unas aguas totalmente transparentes y quietas que alojan una extensa pradera de posidonia –recordad que está protegidísima–. Es muy, muy, muy bonita y, si os quedáis a dormir una noche de principios de verano, el sol sobre sus cabezas al amanecer os hará vivir uno de esos momentos intensos de la vida.

6. Cala Cativa

Entre Cala Tamariua y Cala Fornells encontramos Cala Cativa, una (muy) pequeña playa virgen cercana al Cap de Creus y, bastante desconocida por la mayoría. La mejor manera de acceder es a través del Camino de Ronda que va hacia Cala Tamariua o en kayak. No esperéis encontrar, eso sí, una playa donde instalar la toalla porque si vais en familia prácticamente no cabréis. Curiosamente, Cala Cativa esconde una historia alucinante: los restos de un barco del siglo I a C  que transportaba 100 ánforas de vino entre l'Hospitalet de Llobregat y Narbona.

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7. Cala Tavallera

El punto más oriental de la península Ibérica –aunque fuera Alicante quien se apropiara del eslogan 'Amanecer de España'– es también la parte más salvaje de la Costa Brava, una auténtica Finisterre tan espectacular como traicionera, sembrada de ruinas de hace mil años y todavía muy celosa de sus secretos mejor guardados. Uno de ellos, que compartiremos generosamente con vosotros, es la Cala Tavallera, situada a unos dos kilómetros del Port de la Selva, pero solo accesible a pie a través del GR11, el sendero que conecta el Mediterráneo con el Atlántico.

En algunos blogs y guías aseguran que es accesible en 4x4, pero de toda la vida la forma más segura para llegar sin dejarse los cuernos ha sido mediante una caminata de unas dos horas que culmina con un merecido premio: una cala prácticamente desierta verano e invierno, donde hay un refugio para pernoctar y los amaneceres saben a nacimiento de un mundo nuevo.

El fondo marino es espectacular y cuenta con una espesa pradera de posidonia. En pleno verano se reúnen muchas pequeñas embarcaciones, pero a principios o finales de temporada, seguro que no os encontráis a nadie. Para asegurarse de que el refugio está en buen estado y disponible, lo mejor es llamar al ayuntamiento.

8. Cova de s'Infern

La Cova de s'Infern es, con diferencia, uno de los accidentes geográficos más alucinantes del Cap de Creus. Una experiencia alucinante. Una roca que, debido a la erosión del agua, se ha ido deformando hasta crear una cueva con una especie de piscina natural dentro. Por tanto: bañaos y llegaréis casi al nirvana. El nombre, por cierto, proviene del color rojizo que se observa en el agua cuando sale el sol. Para llegar deberéis caminar unos diez minutos desde el faro.

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9. De Sant Pere de Rodes hasta Sant Salvador de Verdera

Por la tarde, también, podéis aprovechar para hacer una pequeña ruta, de unos 1,6 kilómetros. Concretamente, la que va del monasterio de Sant Pere de Rodes hasta Sant Salvador de Verdera, –el punto más elevado del Cabo de Creus–. Desde el monasterio seguimos un sendero que hace zigzags por la montaña. Más o menos a medio camino encontraréis dos opciones: un camino que bordea la montaña por la cresta, y el de la izquierda en dirección al castillo. Es el que debemos coger. La subida no es excesivamente difícil, pero tampoco es coser y cantar. En todo caso, cuando lleguéis a Sant Salvador de Verdera y echéis un vistazo a los alrededores, entenderéis que habrá merecido la pena: el golfo de Roses, el macizo del Canigó, el golfo de León, la sierra de Albera… Alucinante.

Si hubiera un ranking mundial de chiringuitos, éste estaría en los puestos de honor. Y es que, tal vez, y sin ánimo de ofender ninguna sensibilidad, estamos frente al hotel de playa perfecto. Una casa modesta que apenas destaca en medio el paisaje lunar del Cap de Creus, rodeada de pinos y olivos, alejada del mundo y sin cobertura de móvil: incluso hay pocos televisores, ¿quién los necesita? Para completar el cuadro tenemos tres generaciones de una misma familia que se hacen cargo y se ofrecen a hacerte otro plato si no te gusta el menú del día.

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