[title]
Hay noticias que duele dar, y sin duda esta es una de ellas: el restaurante Sifó, de los argentino-barceloneses Jorge Runnacles (cocina) y Pablo Antico (sala), cerrará después de 23 años de servicio en el barrio del Raval y de cara al cliente local, siempre con un talante humanista, cercano y popular. El último día de apertura será el sábado 13 de diciembre: "Ese día haremos un velatorio alegre: queremos que la gente pase a saludar, a despedirse y a tomar la última", me explica un desolado Runnacles.
Hasta su día de cierre, el Sifó ofrecerá su servicio habitual de desayunos y de menú de mediodía, de lunes a viernes. El motivo del cierre, explica Runnacles, es una tormenta perfecta de varios factores: "la subida del alquiler, el cambio en los formatos de consumo, el efecto del teletrabajo, la situación que vive el barrio del Raval. Y hay que tener en cuenta los errores propios. Todo junto es un compendio de dificultades que nos ha superado. Y apareció un comprador y hemos traspasado la licencia", resume.
No quiero caer en el victimismo, tan solo decir que hay que ser más consciente de donde consumes
El cocinero y pequeño empresario desgrana más a fondo estos problemas: "En el Raval, la profusión de panaderías-cafetería low cost y de una oferta de restauración de comida rápida y barata han cambiado los hábitos de consumo de la zona, y esto está abocando a las PYMES del Raval, aquellas que tenemos un solo local, al cierre". La crisis del alquiler en la restauración también tiene su parte: "Estos 300 euros que nos han subido a todos de alquiler son los 300 euros que nos faltan a muchos de margen para poder seguir", valora, y vaticina que no será el último restaurante de toda la vida del Raval en cerrar en los próximos meses.
Adiós a uno de los clásicos más emblemáticos del nuevo Raval
Y para acabar, la situación de dejadez en el Raval, "de incomodidad y de suciedad, que no viene de este ayuntamiento, sino que se arrastra de las cuatro administraciones anteriores". Runnacles sabe de lo que habla: el Sifó abrió en 2002, poco después de que el Ayuntamiento inaugurara la Rambla del Raval. Empezaron como bar nocturno con tapas, de las primeras coctelerías modernas con DJ que hubo en la zona, y con los años fueron modulando su oferta hasta convertirse en un restaurante especializado en carne argentina —su milanesa es para caerse de espaldas— y un menú de mediodía impecable y a precios populares: dos platos a elegir entre seis, sin distinción de primeros y segundos, y donde todo es casero, incluso el pan.
Después de media vida, literalmente, en el Raval, Runnacles está desolado por tener que marcharse, pero no quiere caer en "el victimismo de '¿por qué me toca a mí, esto?'". Prefiere decirle a la gente que, por favor, "elijan de manera consciente los lugares donde consumirán".

