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Sin ninguna duda, la crisis derivada del incremento rampante de los alquileres y que condiciona la agenda política, se ha trasladado al terreno de los restaurantes. Barcelona vive una epidemia de cierres de locales icónicos que no distingue clase social; desde pequeños restaurantes de barrio, como Ofis o Dr Zhang, hasta restaurantes enormes, como Lomo Alto/Lomo Bajo, que acaba de bajar la persiana. Ayer publicamos que El Merendero de la Mari, clásico restaurante marinero Palau de Mar en la Barceloneta, y un negocio familiar de grandes dimensiones, abierto en 1995, había cerrado por problemas económicos.
"En realidad, nos cerraron antes de tiempo, ayer estaba abierto. Es hoy que ya estamos de vacaciones permanentes", me dice con sorna Rosa Maria Ribera, cuarta generación del restaurante. Su hijo, Guillem Coloma, chef, está al frente de la cocina de este icono arrocero de la Barceloneta. El motivo del cierre es muy claro: la imposibilidad de pagar el alquiler de un restaurante singular, situado en el Portal de Mar, con capacidad para más de 200 comensales, entre interior y terraza.
Ahora mismo, esta empresa familiar estaba pagando un alquiler de 53.000 euros al mes. "La renta viene del 2024, cuando nos hicieron una subida del 25 % del precio del alquiler, y tenemos un equipo de treinta trabajadores. Y en verano solíamos trabajar mucho, pero este último ha sido horroroso. Algunos mediodías hemos hecho solo 15 personas. ¿Cómo vamos a tirar adelante así?", se lamenta Ribera. (pequeño apostillamiento: En estos días de acampadas y decreto Maricarmen, pocas noticias he visto recordando que estos lodos vienen del polvo de la reforma de liberalización de los alquileres, aprobada por Mariano Rajoy en 2013).
La propiedad no quiso sentarse a negociar
Según cuenta la restauradora, la empresa que ostenta la concesión del inmueble, "un grupo inversor francés, nos mandó la carta de desahucio al primer mes que no pudimos pagar. Porque hemos preferido pagar a los trabajadores todos los meses. Nuestro abogado intentó fraccionar el pago de la deuda, pero los franceses no se quisieron ni sentarse a hablar", revela Ribera. "Y esto es lo que más me duele: que nadie nos ha ayudado ni ha querido saber nada de esto", prosigue.
Ribera, con esta situación de desamparo, se refiere al hecho de que la Autoridad Portuaria de Barcelona, propietaria del Palau de Mar, no haya intercedido para ayudar a un establecimiento emblemático que "en 32 años hemos pagado una suma de 12 millones de euros!". Para Bravo, ha habido una política de desatención a la hostelería en esa zona de Ciutat Vella "que ha hecho que ya no venga la gente de la ciudad a la Barceloneta". Pone como ejemplo la celebración de la Copa América: "Nos pusieron delante del restaurante el mamotreto de Lous Vuitton, y durante los seis meses de la regata, aquí no se sentaba ni dios, porque no había vistas, ¿sabes?".
"En 32 años hemos pagado 12 millones de euros y nadie nos ha ayudado"
Después del cierre, la potente marca de El Merendero de la Mari abre "un periodo de reflexión". Seguramente este no sea el final de una saga de restauración que se remonta a principios del siglo XX, en una barraca de playa, y por cuyas mesas han comido Dalí, Serrat y Lola Flores, y que fueron de los primeros de Barcelona en servir pan con sal, aceite y chocolate, arroz marinero o sardinas en escabeche.
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Artículo publicado el 30 de septiembre de 2026 a las 11:45 h

