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Emma Vilarasau: "Trabajar con mi hijo era una asignatura pendiente"

La actriz encabeza el reparto de 'La truita', una comedia de conflicto familiar de Baptiste Amann que Ferran Utzet dirige en el Poliorama

Paula Carreras
Escrito por
Paula Carreras
Periodista
Emma Vilarasau, 'La truita'
Foto: Marta Mas / Poliorama | Emma Vilarasau, 'La truita'
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En el Teatre Poliorama se está representando estos días La truita, un texto del francés Baptiste Amann dirigido por Ferran Utzet y con un reparto encabezado –que no necesariamente protagonizado– por Emma Vilarasau. Quedamos con ella una tarde antes de la función y nos confiesa que una de las principales virtudes del montaje es el compañerismo entre el equipo, que funcionan casi como una familia. O, en algún caso, sin el casi.

Este verano te vemos protagonizando La truita, el primer montaje donde coincides con tu hijo Marc Bosch en el reparto. ¿Qué tal la experiencia?

¡Muy bien! Los dos estábamos un poco expectantes, pero desde el primer momento nos comportamos como un actor y una actriz, y fuera del escenario, normalidad. Para mí es un placer, era algo que tenía muchas ganas de hacer porque pensaba que tal vez me retiro y no habré trabajado nunca con él. Pero ahora ya está, check hecho.

¿Tenéis formas parecidas de trabajar o cada uno es de una escuela? Él se formó en Londres…

Él tiene mucha más técnica, es algo que yo he ido adquiriendo con los años. Pero sí, tenemos una manera muy parecida de leer los textos, de entenderlos y de buscarle la sexta vuelta a todo.

Creo que la gente joven se arriesga más, no tienen tantos prejuicios

¿Qué has descubierto de tu hijo como actor que no conocías?

Su capacidad de arriesgarse y de hacer lo que haga falta. Creo que la gente joven se arriesga más, no tienen tantos prejuicios como tenemos otras generaciones. Tienen una falta de pudor que para este oficio es maravillosa.

La truita es una comedia de conflicto, concretamente de conflicto familiar. ¿Es un género que funciona especialmente?

Esta obra tiene una estructura peculiar, empieza como una obra de bulevar francesa donde hay una familia que se reúne para una comida (con todo lo que eso conlleva) pero después cada personaje tiene un monólogo (algunos al público, otros entre ellos) que rompe con esta estructura porque tienen un lenguaje mucho más poético que este lenguaje cotidiano. Son como dos obras en una. Era difícil encajar todo esto y Ferran ha hecho un trabajo increíble. Al final hay un conflicto generacional que yo creo que es donde conecta absolutamente hoy en día.

¿Crees que sabemos discutir bien?

Es difícil y en una familia todavía más. Porque el punto de partida siempre es el respeto, pero realmente otra cosa que me han enseñado mis hijos es el auténtico respeto. A veces no coincidimos en decisiones que tomamos y tenemos opciones de vida muy diferentes y aun así se tiene que respetar. Es difícil discutir cuando te va la vida en ello porque te va alguien a quien quieres mucho y seguir respetando y continuar diciendo “creo que te equivocas, pero haz, haz”.

¿Tú eres discutidora? ¿Has dado mucha guerra en la vida?

Soy tozuda. Pero no me gustan las discusiones, no me gustan los conflictos, no me gusta gritar… siempre lo he detestado. Siempre he rehuido ese nivel de discusión. A veces incluso demasiado, porque para no discutir daba media vuelta y me iba. No solo con la familia, con todo. Y tal vez alguna vez hacía falta dar un golpe sobre la mesa y plantarme, pero no va conmigo.

¿Qué tienen los dramas familiares que nos gustan tanto? Porque funcionan tanto aquí…

Familias tiene todo el mundo: padres, hijos, hermanos, hermanas… Los amigos todo el mundo los tiene diferentes y los vínculos son diferentes y pueden ser más peculiares y más a tu manera. Las familias tienen algo que, en el fondo, todas se parecen. Hay un ultra conocimiento del otro que solo se da en el núcleo familiar.

A partir de 'Casa en flames' se produjo un fenómeno que no me esperaba

Llevas muchos años trabajando y cada generación te habrá conocido en un momento u otro. Habrá una nueva hornada que te reconocerá por Casa en flames y esa famosa escena final. ¿Lo has vivido como un punto de inflexión?

Evidentemente que es un punto de inflexión, no lo puedo negar. Yo estaba prácticamente desaparecida del audiovisual y a partir de ahí se produjo un fenómeno que yo tampoco me esperaba. De golpe fui a los Goya y a los Gaudí por primera vez, ¡no los había pisado nunca!

Has hecho muchos personajes a lo largo de tu carrera. ¿Cada vez hay personajes femeninos más interesantes?

El feminismo ha entrado con fuerza y se han reivindicado muchas cosas y creo que la gente ya no se atreve a escribir un papel que sea “la madre de” y punto. Por otra parte, hay muchas mujeres que han empezado a escribir, hay muchas guionistas y autoras de teatro y la mujer se ve desde otro punto de vista.

¿Cómo construyes los personajes?

Hay todo un mundo detrás de cada personaje. Lo primero es la investigación del autor y sobre qué le motivó a escribir la obra. Y después descubrir quién es tu personaje y por qué es como es. Y después lo más divertido es ponerlo en común y cómo tu personaje incide en los demás y cambia el ritmo de la acción o la acción misma. Todo esto se tiene que conseguir, es un juego, tienes que jugar a este juego maravilloso en el que hemos aprendido mucho de la vida, de las personas y del ser humano. Que es una de las cosas que a mí más me interesan de este trabajo: preguntarte siempre el porqué de cada personaje. Preguntarte tantas cosas de tantos personajes te ayuda mucho a entenderte y sobre todo a entender.

Se nota, además, que te lo pasas bien.

¡Me lo paso muy bien, mucho!

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