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Joel Joan: "Esto del teatro va por 'gangs' y yo no formo parte de ningún clan"

Después de meter 100.000 espectadores en el Condal con 'Escape room 2', el actor interpreta la versión de Simon Stephens del 'Vània' de Chéjov en el Romea

Andreu Gomila
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Andreu Gomila
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Joel Joan
Foto: Eugènia Güell / Time Out Barcelona | Joel Joan
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Joel Joan fue el gran héroe de la temporada pasada, poniendo más de 100.000 espectadores en el Condal para ver la segunda parte de Escape room. Ahora da un giro total de guion a través de una versión muy especial del Tío Vania de Chéjov que Simon Stephens ha reescrito para un único actor. Estará en el Romea cuatro únicas semanas, del 24 de febrero al 22 de marzo, y es, según dice el mismo Joan, el desafío más grande que ha asumido nunca como intérprete.

¿Por qué Vània ahora, en este momento?

Vamos a remolque de la inventiva inglesa. Vània es un proyecto que nace de Simon Stephens, el dramaturgo, que la reescribió y sintetizó para que la protagonizara Andrew Scott. Fue un superéxito porque el invento es muy curioso: un solo tipo haciendo una obra de ocho personajes. No es exactamente un monólogo, sino una obra de teatro hecha por un solo hombre. Y Vània, sin duda, tiene una serie de valores universales que todavía son muy vigentes. Pero me parece que lo que aporta de nuevo esta versión de Vània es el juego teatral que propone al espectador y que los ingleses lo hicieron tan y tan bien... Entonces viene Joel Joan, en Barcelona, y seguramente lo estropea, como me pasó con Frankenstein.

El personaje del tío Vània es alguien torturado, explotado, gruñón...

Simon Stephens ambientó este drama rural en Irlanda y nosotros lo hemos ambientado en Catalunya. Lo hablamos con él. Tuve el placer de conocerle. Lo que quería, nos dijo, era acercar la historia de Vània en el tiempo y en el espacio al espectador. Que fuese actual. Y acercarla hace que todo sea más impactante para la gente. Ahora... ¿El drama rural? Dramas rurales hay; si no, no se nos llenarían las calles de tractores. Esto continúa siendo muy vigente. El drama rural está más en boga que nunca.

No es la primera vez que estás solo encima del escenario, ¿verdad?

Hice Jo soc la meva dona (La Villarroel, 2008), que era un gran monólogo. Pero entonces había una narradora, Charlotte von Mahlsdorf, que se explicaba al público y explicaba su historia y, de vez en cuando, hacía un personaje. Aquí la propuesta es radicalmente diferente. No hablo al público, no hay un narrador.

¿Como lo que hizo Lluís Homar con Terra baixa?

No lo vi, pero me imagino que es algo parecido.

¿No habías hecho Chéjov antes?

En el Institut del Teatre, mucho. Es un autor que me gusta mucho. He leído sus obras, sus cuentos. Pero en el mundo profesional, no he hecho ni La gavina, ni L'hort dels cirerers, ni Les tres germanes.

"Es la primera vez que me enfrento a un Chéjov y que estoy flipando mucho"

¿No te habría gustado hacerlas?

Depende de la propuesta, quién la dirige, cómo se plantea. Todas las obras pueden ser grandes montajes o grandes mierdas. Pero sí que es la primera vez que me enfrento a un Chéjov. Y la verdad es que estoy flipando mucho.

¿Por qué?

Porque es un teatro que parece de la nada, sin grandes acontecimientos, ni grandes giros argumentales, ni situaciones muy extremas. Se aguanta por un frágil equilibrio donde los personajes viven en esta falsa naturalidad de no pasa nada, pero subterráneamente todos están jodidos por unas vidas muy duras. Muy frustradas. No han cumplido las expectativas que tenían. Tienen un punto de depresivos, pero no lo son para nada. Pero tampoco es la alegría de la huerta.

Joel Joan
Foto: Eugènia Güell / Time Out BarcelonaJoel Joan

Chéjov decía que hacía comedias.

Y Stanislavski, el director, decía que eran dramas. Se equivocaba Stanislavski. Evidentemente que hay drama, pero la comedia también está ahí. Porque lo que hace la comedia es relajar el drama. Dar un poco de aire al espectador. De hecho, no debemos olvidar nunca que, en las comedias, el público ríe, pero para sus personajes es un gran drama. En eso no hay mucha distancia entre la comedia y el drama.

"Vània es mi Everest, la cota más alta que he subido"

La diferencia canónica es que las comedias tienen tres actos y las tragedias, cinco.

Exacto. Es una cuestión de actos. Lo bueno de las buenas comedias y los buenos dramas es que hay pequeños puntos de vista, que siempre hay un drama. Por eso se llama arte dramático, ¿no?

Vienes de arrastrar más de 100.000 espectadores con Escape room 2, y ahora te pones con un Chéjov. ¿No es muy disruptivo?

Todo es absolutamente voluntario. Escape room me ha secuestrado un poco la vida estos últimos años. Han sido dos éxitos muy grandes, aparte de las otras cosas que he hecho, como El gran comediant. Pero siempre en el terreno de la comedia. Ahora me apetecía tocar otras teclas y probarme en el escenario haciendo otras cosas. Lo que no estaba previsto es que hiciera este texto tan radical. Y ahora no es que me arrepienta, pero... Me he metido en un avispero tan grande. Y ya no soy el que era. La neurona ya va un poco torcida. Es mi Everest, la cota más alta que he subido.

¿Te habría gustado hacer este Vània en el Lliure o en el Nacional?

Lo hago en el Romea. Ya les gustaría al Lliure o al Nacional tener un teatro como el Romea. No solo es histórico, sino que tiene esa magia... ¿Por qué me preguntas esto?

Porque hace ocho años que no pisas un teatro público.

Hace muchos años. Porque no me llaman. No debo estar de moda. En cambio, las empresas privadas sí que me ofrecen cosas. Y yo mismo como productor. Tienes una ventaja cuando también eres coproductor: decides qué quieres ser en la vida, cosa que es una de las grandes grietas de nuestra profesión. No siempre haces lo que te gusta, ni estás en el montaje bueno... En cambio, yo puedo decidir qué quiero hacer, dónde hacerlo, dentro del teatro privado. No formo parte de ningún clan. Esto del teatro va por gangs. Hay grupitos, los de Broggi, de Manrique, de Portaceli... Y no soy de ningún clan.

"En este sentido, Vània es un loser absoluto. Pero el Joel de El crac era más luchador"

Pero no has parado de trabajar.

Porque me busco trabajo. Yo me busqué la obra y Focus me dio apoyo desde el primerísimo momento. Ellos también piensan en mi carrera, cosa que les agradezco mucho. Yo les ofrezco muchos éxitos, es cierto, pero ellos también me ofrecen puntos de vista y cosas. Me ayudan con los derechos de autor...

El tío Vània me recuerda un poco al personaje que hacías en El crac.

Sí, el Joel Joan de El crac era un tipo que quería llegar muy lejos en la vida y se queda allí deseándole a Roger Coma que le vaya muy bien en Hollywood con Leo DiCaprio y Brad Pitt. En este sentido, Vània es un loser absoluto. Pero el de El crac era más luchador. Nunca estaba contento donde estaba, pero lo intentaba. Vània es una persona con mucha ira interna, alguien que está muy enfadado con el mundo. Y hace esa cosa tan infantil de echar las culpas a los otros. Eso, en El crac, no aparecía por ningun lado.

¿Te identificas más con el Doctor, con el idealista?

La verdad es que los quiero a los ocho. Cada uno tiene una pequeña debilidad que los hace muy tiernos. Todos tienen mucha humanidad y contradicciones y conflictos internos. Todos miran la vida desde puntos de vista diferentes. Entiendo la ira de Vània, el personaje de Miquel, el doctor.

Llevas años sin hacer nada en TV3, pero no has dejado de salir, ya que reponen Porca misèria y Plats bruts constantemente.

No he dejado nunca de salir. Las reponen. El crac, no tanto. Soy de las personas más rentables de TV3. Eso me hace muy feliz, que las cosas que he hecho continúen gustando y sorprendiendo, por las historias, los guiones. Con una amortización de los medios enorme. Cada capítulo de El crac parecía que costase un millón de euros y costaba 180.000. Yo soy imbécil. En vez de trabajar para ganar dinero, que es lo que hace la gente normal, trabajo o para perderlo o para pasarlo muy mal porque, con la poca pasta que tenemos, no llegamos a donde queremos llegar. Porque mi obsesión es dejar lo mejor de mí, del equipo, y exprimir los recursos que tenemos para que el espectador tenga el mejor producto posible. Hace unos años, la tele era la caja tonta. Ahora ya no lo es.

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