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Además, durante los periodos de menor actividad, como el verano, Navidad o Semana Santa, se organizarán visitas guiadas

La Cambra de Comerç abre las puertas de su sede corporativa por primera vez de manera continuada, y los visitantes pueden entrar de forma gratuita. La Llotja de Mar, con más de 700 años de historia, se podrá visitar libremente de lunes a domingo de 11 h a 17 h (siempre que la actividad de La Llotja lo permita).
Además, durante los periodos de menor actividad, como el verano, Navidad o Semana Santa, se organizarán visitas guiadas con la colaboración de Cases Singulars, que recorrerán la historia, el patrimonio y las curiosidades que esconden los muros de La Llotja.
Situada en el Pla de Palau, frente al antiguo frente marítimo de la ciudad -en el paseo de Isabel II, 1-, La Llotja de Mar ha sido, durante siglos, el centro neurálgico de la actividad mercantil catalana y testigo directo de los grandes cambios políticos, económicos y sociales del país.
Los orígenes de la Llotja se remontan al siglo XIV, en un momento en que Barcelona era una de las grandes capitales comerciales del Mediterráneo. Los mercaderes barceloneses necesitaban un espacio propio para reunirse, negociar y formalizar contratos, y Pedro IV el Ceremonioso autorizó la construcción de una lonja en el barrio de la Ribera. El edificio, impulsado por el Consulat del Mar y el Consell de Cent se convirtió en un símbolo del poder y la prosperidad del estamento mercantil de la ciudad.
Durante los siglos posteriores, La Llotja de Mar vivió un periodo de esplendor hasta la Guerra de Sucesión, en 1714, cuando las tropas borbónicas ocuparon completamente La Llotja y la convirtieron en cuartel militar, iniciando una etapa de decadencia. La recuperación llegó a partir de 1758 de la mano de la Real Junta Particular de Comercio, que se hizo con el control de La Llotja y, viendo el mal estado en el que se encontraba, impulsó una ambiciosa reforma del edificio. La Junta de Comercio convirtió el edificio en el gran centro impulsor de la modernización económica, industrial, científica y artística de Cataluña. Al mismo tiempo, La Llotja se convirtió en escenario de muchas de las actividades de la realeza.
La Llotja está formada por un conjunto de edificios superpuestos con diferentes estilos artísticos. El corazón de La Llotja de Mar es el Salón de Contrataciones, que responde a los principios característicos del gótico catalán: amplitud, sobriedad estructural y unidad espacial. Durante siglos, este salón acogió las transacciones comerciales que convirtieron a Barcelona en una gran potencia mediterránea. Posteriormente, el edificio se amplió con la construcción del Pati dels Tarongers -que puedes visitar también, de forma excepcional, este mes-, la nave colateral, una capilla y nuevas dependencias que reforzaron su papel como centro institucional y mercantil.
La transformación más importante llegó, sin embargo, con la gran reforma neoclásica impulsada por la Junta Particular de Comercio en el siglo XVIII. Los arquitectos Joan Soler i Faneca y Tomàs Soler i Ferrer rodearon el antiguo edificio medieval con una nueva estructura que aún hoy define su imagen exterior. El resultado es una construcción de una gran elegancia, caracterizada por su simetría, las fachadas de piedra de Montjuïc y el gran pórtico presidido por columnas dóricas y jónicas.
En el interior de La Llotja de Mar destacan espacios de gran riqueza artística como el patio y la escalera de honor, presididos por la fuente de Neptuno y por esculturas que representan los continentes conocidos a finales del siglo XVIII; el majestuoso Salón Dorado, antigua sala de recepciones de la Junta de Comercio; el Salón Lucrecia, decorado con pinturas y esculturas neoclásicas; y el recuperado Salón de Cónsules, que conserva la esencia del edificio medieval.
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