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Pepe Gómez, 54 años de camarero en el Bar La Plata de Barcelona:"Si me jubilo del bar, en lugar de ir a casa iré al tanatorio"

La gran bodega del Gótico publica 'La Plata, el bar de Barcelona', un libro de memorias de su historia y la de la ciudad

Ricard Martín
Escrito por
Ricard Martín
Editor de Menjar i Beure, Time Out Barcelona
Pepe Gómez, felicidad dentro y detrás de la barra del Bar La Plata
Foto: Time Out Barcelona | Pepe Gómez, felicidad dentro y detrás de la barra del Bar La Plata
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Atención: Este no es un libro gastronómico o de historia de un local clásico de Barcelona como tantos otros hay. Y no lo es porque La Plata, el bar de Barcelona (autoedición, 2026) de Roger Pascual Marjanet (Barcelona, 1978), es un libro cargado de alma, pero también de ideología: a menudo, las glosas gastronómicas de locales clásicos caen en la lagrimita fácil o el tópico discursivo de la cultura del esfuerzo, que sale automático de la boca del 90 % de los cocineros.

Pero aquí el autor toma partido de manera natural y se moja: sencillamente, porque lo escribe el hijo del bar del Gòtic que nos ha alegrado tantos mediodías, tardes y noches. Pascual –un periodista con más de 25 años de trayectoria como redactor de Deportes, Cultura y Política en El Periódico y varios libros de investigación publicados– ha vivido de primera mano o escuchado por fuente implicada las historias que cuenta. 

Bar La Plata, un ancla en la historia del Gótico
Foto: Bar La PlataBar La Plata, un ancla en la historia del Gótico

La Plata, el bar de Barcelona, cuenta la historia de un bar-bodega que abrió en el año 1945 y a día de hoy se mantiene como uno de los últimos pedazos de la antigua Barcelona reciente, donde los aborígenes de la ciudad podemos sentarnos a comer y beber –a 12-15 euros el ticket– sin tener la sensación de que somos figurantes de un decorado de yates, expats y moderneces diversas. Se nota que el autor sabe hacer su trabajo literario y documental.

Max, Roger, Anna y Pepe: cuatro generaciones del Bar La Plata
Foto: Bar La PlataMax, Roger, Anna y Pepe: cuatro generaciones del Bar La Plata

Pascual explica la historia del bar a través de las peripecias vitales de los cinco protagonistas de la saga: que son sus abuelos Quimeta (Joaquima Planas) y Pepito (Josep Marjanet), su madre, Anna Marjanet, y el incombustible y carismático camarero/jefe de sala Pepe Gómez –que entró en La Plata en 1972 con 15 años y aún hoy domina el cotarro. 

Una novela social "donde todo es verdad"

El volumen, de cuidadosa autoedición, se lee como una novela de ficción, "pero todo lo que encontrarás explicado es real. Porque aunque haya dramatizado diálogos, tenía a mi madre a mano y a Pepe para preguntarles cómo eran las cosas", me explica Pascual, sentados en una de las mesas de un bar que a día de hoy fríe 60 kilos de pescadito azul fresco al día (y sirve la ración a 3,50 euros, menos de lo que cuesta un puñetero matcha latte). La novela empieza en 1945 con la detención y tortura de Pepito en Via Laietana y tres meses de cárcel en La Modelo (lo pillaron repartiendo el Parte Inglés, un folleto con resúmenes de noticias de la BBC). Por el camino, Pascual cuenta la historia de Barcelona y cómo ha cambiado la ciudad, a través la vida de los protagonistas, pero también con un uso digestivo y preciso de los datos.  

Anna Marjanet: "Nací en 1954, y en 1970 tenía 16 años. Viví la etapa del estallido de libertad, de Zeleste, la Rambla y la onda layetana, con Pau Riba o el Gato Pérez. El bar no lo quería ni ver, yo trabajaba como secretaria de dirección en una empresa, y me quedé embarazada. Me despidieron cuando estaba de seis meses. Parí tres días antes de que se aprobara la Constitución, que prohibía despedir a una embarazada".

"Entré en La Plata para trabajar unos meses y me quedé 35 años"

La dueña de La Plata me lo explica sentada en una de las mesas de mármol, añadiendo, con sorna, que es "un poco como la Forrest Gump de Barcelona, por toda la gente importante que ha pasado por mi vida. Yo fui amiga de Isak Andic, pero también conocí a Puig Antich y mi amiga Carme acabó juzgada por atracar el Banco de España". Otra amiga fue parte del grupo armado revolucionario que le colocó el chaleco explosivo a Bultó. Vamos, que Niteta, como la llamaban, se movía por los ambientes más libertarios y vanguardistas de la ciudad. "Ginsberg, cuando venía, se sentaba ahí mismo", señala un rincón. 

Anna Marjanet, Niteta, y Joaquima Planas, Quimeta, las mujeres de La Plata
Foto: Bar La PlataAnna Marjanet, Niteta, y Joaquima Planas, Quimeta, las mujeres de La Plata

Marjanet entró a trabajar en el bar por tres meses y acabó estando al frente durante 35 años. El lector platero encontrará aquí datos de lo más curiosos y apasionantes sobre cómo se gestó la transformación de una bodega con cocina catalana al minimalismo suculento de cuatro tapas –¡esto se decidió en 1952!– y cómo entró el pincho de butifarra como última incorporación en los años ochenta.

Y como decía, la transformación política y social de Barcelona, la resistencia social y cultural al franquismo. Pascual apunta el angular a las pequeñas cosas que explican el panorama y la trayectoria del bar. Como por ejemplo, cómo Merche, la cocinera que ejerció la fórmula mágica de su fritura de pescadito durante 30 años –admirada por el mismísimo Ferran Adrià– fue abducida cinco años por la secta Los Niños de Dios y encontró en La Plata una vida. 

El Bar La Plata en sus incios
Foto: Bar La PlataEl Bar La Plata en sus incios

El capítulo de Pepe Gómez sirve para explicar la inmigración andaluza en Barcelona, y la dureza de tantas otras historias similares: niños de 12 o 14 años que llegaban solos a Barcelona para trabajar donde fuera y como fuera. 54 años después, "Pepe siente los colores de La Plata en versión futbolera", explica Pascual. Me lo corrobora el propio Gómez, ajetreado sirviendo pescadito y quintos de cerveza.

Pepe Gómez, con 15 años, en el Bar La Plata
Foto: Bar La PlataPepe Gómez, con 15 años, en el Bar La Plata

"¿Jubilarme yo? Cuando me quite la camiseta del Bar La Plata me iré directo a Sancho de Ávila", se ríe este nervio de hombre que con 69 años aún mantiene la mirada de picardía carismática del maestro de camareros que electrifica la sala con su presencia. 

"El Gòtic olía a tapa y ahora huele a quirófano"

"Aparte de periodista, soy sociólogo, y quería hacer un retrato social de Barcelona; supongo que se puede decir que esta es una novela social", dice Pascual, quien, lejos de hacer una crónica complaciente con el poder, documenta la doble vara de medir con la que el Ayuntamiento de la ciudad ha tratado a los negocios de restauración: cómo se derribaron los populares chiringuitos de Barcelona por el delito de estar frente al mar, y cómo se permitió erigir el hotel W a cuatro pasos de la arena para captar a un público rico y extranjero. O la transformación de un barrio, el Gòtic, que "era el paraíso de las bodegas y el olor a tapas, a un barrio gentrificado con olor a asepsia de quirófano", se lamenta Pascual.  

Bar La Plata ¡el pescadito frito que va con el libro!
Foto: Ivan MorenoBar La Plata ¡el pescadito frito que va con el libro!

Él es el protagonista del último capítulo, que tiene un tono de memorias sentimentales agridulce y es de lo más adictivo, sobre todo para los que vivimos los años 90 y amamos el rock y el metal y su desaparecido ecosistema de bares en Barcelona ("de joven era heavy y quería parecerme a Robert Plant, pero en realidad tiraba más a la pinta de Carles Puyol", se ríe). Pascual hoy se dedica a la gestión de proveedores y a la comunicación de La Plata y piensa como yo: "la generosidad es la mejor manera de ir por la vida. Podríamos subir el ticket de La Plata a 20 euros, pero dejaría de ser un sitio tan popular. Y como decía Pepito, cuanto más doy, más tengo". 

Podéis comprar el libro en Amazon o en el Bar La Plata, por quince euros. Yo optaría por esta última opción, porque con la compra os regalarán la inmortal y deliciosa tapa de pescadito frito. 

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