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Rosa Maria Sardà
Foto: Teatre Lliure

Rosa Maria Sardà en 5 momentos inolvidables

La gran actriz barcelonesa nos ha dejado en herencia centenares de papeles que ya forman parte de la historia del teatro, cine y televisión de este país

Por
Manuel Pérez
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Cuando nos deja alguien grande nos queda un vacío, un agujero que sabemos que es imposible llenar. Habrá otros, pero ninguno será como la Sardà, nunca más. Esto quiere decir que ya no tendremos entre nosotros a una de las actrices más carismáticas de su generación, que hemos perdido el escalofrío que provocaba su fuerza interpretativa, y que nunca más nos reiremos en directo con su ironía ligeramente hosca. Adiós también a su compromiso artístico, personal y político. Rosa Maria Sardà –la Sardà, con el artículo de las grandes actrices– nos ha dejado, y queremos recordarla con algunos de sus trabajos más memorables.

1 – 'Ahí té quiero ver' (1987)

A mediados de los ochenta, Rosa Maria Sardà ya era uno de los rostros más populares de la televisión española. Su relación con La Trinca le había abierto los principales estudios de televisión, y su versatilidad interpretativa ligaba perfectamente con los formatos de programas estilo revista de la época. La memoria a veces es caprichosa, y a muchos el primer recuerdo de la Sardà nos aparece ligado a las inolvidables escenas con el actor Enric Pous haciendo de "Honoraaaaaato" en el programa 'Ahí te quiero ver' que presentó con gran éxito. Humor popular con sustrato, una crítica casi como un espejo que apunta al tedio insufrible de cierta sociedad aburguesada que se acomoda ante la tele.

2 – 'La Rambla de las floristas' (1984)

Antes de transformarse en un referente televisivo, su valía como intérprete había quedado demostrada en películas de la época como la comedia 'El vicari d’Olot' (1980), de Ventura Pons. Nacida en Barcelona en 1941, hija de un campesino emigrado y una enfermera, a causa de la enfermedad de su madre, la Sardà desde muy pequeña se hizo cargo de sus cuatro hermanos, incluido el popular Xavier Sardà. Los vínculos de parte de la familia con el mundo del espectáculo –los abuelos ya formaban parte de una estirpe de cómicos– la acompañaron hacia la interpretación. De formación autodidáctica, desde los sesenta ya pisaba escenarios de teatro profesional con varias compañías –con Dora Santacreu o Paz Garsaball, por ejemplo– y ya a finales de la década protagoniza algunas de las obras de teatro filmadas por TVE Cataluña como 'Una vella, coneguda olor', de Josep Maria Benet i Jornet o uno de sus papeles más recordados, Antònia de 'La Rambla de las floristas' de Sagarra, un vínculo con el autor que ya no la abandonaría.

3 – De Berlanga a Almodóvar

Si Luis García Berlanga –con quién trabajó en 'Moros y cristianos' (1987)– dijo de ella que era "la más grande", poco más se puede añadir ya. Ganó dos premios Goya por los papeles secundarios en los filmes '¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?' (Manuel Gómez Pereira, 1993) y 'Sin vergüenza' (Joaquim Oristrell, 2001). Como actriz con carácter –y qué carácter, siempre imprevisible, autodefinida como arisca y etiquetada de antidiva, siempre escondida bajo las gafas de sol–, encajó a la perfección en la estructura coral y polifónica tan propia del cine español. Los mejores directores quisieron tenerla cerca y, en consecuencia, su filmografía es muy larga y prolífica, sobre todo en los noventa. Cabe destacar grandes éxitos como 'Airbag' (Juanma Bajo Ulloa, 1997), 'La niña de tus ojos' (Fernando Trueba, 1998) y 'Todo sobre mi madre' (Pedro Almodóvar, 1999), entre otros muchos. 

Rosa Maria Sardà (centre) a 'Todo sobre mi madre'de Pedro Almodóvar

Rosa Maria Sardà (centro) en 'Todo sobre mi madre'de Pedro Almodóvar Foto: El Deseo 

4 - 'La casa de Bernarda Alba' (TNC, 2009)

No era fácil verla en el teatro, sobre todo últimamente. Por eso cuando subía a escena, ya fuera para hacer un recital de Sagarra en el Lliure o para una gran obra en el TNC, se agotaban todas las entradas. Como directora desarrolló montajes sobre textos de Benet i Jornet, Eric-Emmanuel Schmitt y Joan Brossa. A través del Lliure –teatro del que había sido patrona– y gracias a su relación profesional con Lluís Pasqual, mantuvo viva la llama del contacto con la escena, incluso cuando ya luchaba contra el cáncer diagnosticado hace unos años. Justamente bajo las órdenes de Pasqual firmó uno de sus últimos grandes papeles en el TNC, la criada Poncia de 'La casa de Bernarda Alba', un deslumbrante ejercicio de control de las emociones, con palabras y miradas que volaban como cuchillos muy afilados.

Rosa Maria Sardà i Núria Espert a 'La Casa de Bernarda Alba' del TNC

Rosa Maria Sardà i Núria Espert a 'La Casa de Bernarda Alba' del TNC Foto: David Ruano

5- Compromiso hasta el final

En diciembre de 2019 publicó su autobiografía, 'Un incidente sin importancia' (Planeta), un título que dejaba claro la consideración que tenía alrededor de su proyección y la fama. En su última aparición pública el pasado mes de abril en el programa de Jordi Évole, la Sardà habló abiertamente de su enfermedad: "Yo no lucho contra el cáncer, porque el cáncer es invencible". Cuestionada sobre el futuro que nos esperaba al salir de la crisis, respondió con el sentido común y la inteligencia propia de las grandes: "mientras no haya justicia social no habrá paz". Echaremos mucho de menos a la Sardà.

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