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Estas piezas de la artista Eva Fàbregas saldrán de los límites físicos del MACBA, el museo donde están expuestas, y pasearán por el Raval

Por la Mercè, la ciudad está de celebración y podemos hacer cosas que normalmente no tenemos a nuestro alcance: ver a nuestros artistas preferidos en el escenario sin tener que gastar ni un céntimo, entrar en edificios y espacios patrimoniales de manera gratuita y disfrutar de actuaciones y actividades de la cultura popular.
La fiesta mayor, ya lo dicen, es una subversión del orden cotidiano. Por eso se sale de noche, el cielo se llena de castillos de fuego y, en vez de quedarnos en casa, nos reunimos en las plazas. Pues esta Mercè, un museo de Barcelona ha querido sumarse a la fiesta mayor rompiendo sus propias normas. Y por eso sacarán una obra de arte a desfilar por las calles.
La obra en cuestión es, ni más ni menos, que una escultura de la barcelonesa Eva Fàbregas. Sí, esta artista catalana que ha triunfado en ferias, bienales y museos internacionales, tiene una serie de esculturas inflables expuestas en la colección del MACBA. Las piezas de color rosa pálido, beige, fucsia y magenta, y, alargadas como son, parecen casi órganos humanos. En el museo, ocupan toda una sala en la instalación Supurando, que invita al espectador a pasear entre el mundo táctil, elástico y en movimiento de Fàbregas.
El día 24 de septiembre, a las 12 del mediodía, estas formas bulbosas llenas de color saldrán de los muros blancos y las paredes de vidrio del Edificio Meier y, como si fueran un gigante o un cabezudo, desfilarán por las calles del Raval. El público podrá asistir al desmontaje de las esculturas inflables de Fàbregas y, si así lo desea, incluso podrá participar en el desfile activamente, llevando un fragmento de la obra en los brazos (¡pero para hacer esto, será necesario hacer una reserva previa!).
La idea es que unas esculturas –esa forma de arte que normalmente permanece inmóvil e imponente, encima de un pedestal– se conviertan en un ser vivo y mutante que pueda interactuar con los barceloneses y habitar el espacio urbano. Eso sí, solo por un día. Porque todos sabemos que, para que una fiesta sea especial, también debe ser la excepción que confirma la norma.
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