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La placa del mag del carrer Estruc
Foto: Ricard Martín La placa del mag del carrer Estruc

Lugares secretos, ocultos y misteriosos de Barcelona que no conoces

Barcelona esconde una realidad oculta (u olvidada) ante tus narices y que te desvelamos: magia, asesinados, esoterismo...

Por Ricard Martín
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Nuestra ruta urbana diaria nos es muy familiar, incluso aburrida. Pero el paso del tiempo tapa y esconde acumulaciones de muerte, magia y misterio. Y bajo las piedras y los ladrillos de la ciudad, se esconden historias que pueden ser de lo más sorprendentes o terroríficas, pero también curiosas y divertidas. Son secretos que te hacen mirar la calle mil veces vista con ojos nuevos, si es que sabes donde mirar.

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Columnes d'August, Barcelona
Columnes d'August, Barcelona
Shutterstock

¡Un templo romano bajo el bocadillo!

Lugares de interés El Gòtic

De acuerdo, tal vez esto no es muy secreto y sale en todas las guías, pero ... ¿Alguno de vosotros ha estado aquí? ¡Bajo el centro excursionista de Cataluña están los restos de un templo romano! Dentro de un patio medieval, se levantan tres columnas romanas, orgullosas. Son los restos de un templo romano dedicado al culto imperial de Augusto, en la colonia romana llamada Barcino que, con el paso del tiempo se convirtió en la ciudad donde, justo por encima de las columnas, te comes un bocadillo cojonudo (en el Conesa). El templo es más viejo que Dios (siglo I aC) y cayó y desapareció por el paso del tiempo. En el siglo XIX reapareció un pedazo, y Puig y Cadafalch hizo la reconstrucción.

Altar armeni a Montjuïc
Altar armeni a Montjuïc
Foto: Maria José Gómez

Un altar armenio en Montjuïc

En un pedacito de césped de Montjuïc, en la avenida de
l'Estadi –justo detrás de los jardines de Joan Maragall– hay un extraño monolito sin anotación aparente. Es un 'jachkar', un altar armenio que el Ayuntamiento de Barcelona inauguró en 2009 y representa la amistad entre los pueblos catalanes y armenios. Pero no solo eso: en el genocidio de 1915 –no reconocido oficialmente por el estado español–, Turquía puso fin a la vida de un millón y medio de armenios. En todo el mundo hay cientos de 'jachkars' esparcidos que recuerdan este otro holocausto. Cada 1 de octubre, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Charles Aznavour, el altar se llena de velas y fotografías en honor del armenio más universal.

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La casa del botxí
La casa del botxí
Foto: Ricard Martín

La casa del verdugo municipal

Museos e instituciones Historia La Barceloneta

Ya se sabe que los funcionarios municipales con plaza fija suelen vivir muy bien. Pero a veces tienen problemas de encaje social. Era el caso del verdugo de Barcelona: nadie lo quería tener viviendo cerca de él, tampoco nadie quería alquilarle una casa. ¿Quién quiere tener tratos con el tipo que tal vez el próximo tendrá que darte matarile? Es por ello que el Consejo de Ciento le puso un pisito en la plaza del Rey separado del resto del mundo.

Con una ventaja y un inconveniente: tenía el trabajo a pie de calle –solo tenía que salir a la plaza, donde desollaba y colgaba a demanda– pero vivía en la casa más estrecha de Barcelona (aunque no creemos que tuviera muchas visitas). La casa del verdugo todavía se intuye en este retranqueo enclenque con puertecilla y ventana que forma parte del Museo de Historia de Barcelona.

Arca de la Alianza de l'Esglèsia de Sant Just
Arca de la Alianza de l'Esglèsia de Sant Just
Foto: ICUB

El Arca de la Alianza de la Iglesia de Sant Just

¡El corazón del Gótico esconde una Arca de la Alianza como la de Indiana Jones! Pero no es milenaria ni tiene poderes destructores. La diseñó un joven Josep Vilaseca (1848-1910), mucho antes de que fuera el arquitecto del Arco de Triunfo. Al parecer, la iglesia de San Just se la encargó a un estudiante de arquitectura alrededor de 1880: por aquella época, las iglesias competían en altares espectaculares, con el objetivo de atraer más feligreses, claro. Fue descubierta por casualidad en 2016, oculta en una capilla de la segunda planta del edificio desde hacía casi un siglo: la escalera de acceso fue tapiada en 1923. Ahora ya no está: pero la encontraréis en la exposición 'Udjat: El exotismo del antiguo Egipto en Barcelona', a dos pasos, en el Museo Etnológico. A partir de finales de junio volverá a la iglesia.

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La placa del mag del carrer Estruc
La placa del mag del carrer Estruc
Foto: Ricard Martín

Calle d'Estruc, magia negra y asesinatos

La Via Laietana es un decorado de cartón piedra –abierto desde hace tan poco como el 1924– que esconde, en sus aledaños, callejones cargados de tiempo, magia, piedra y muerte. A finales del siglo XV vivía en la calle de Estruch un mago, Astruc Sacanera. Esto lo sabemos porque el hipnólogo y estoterista Ricard Bru, en los años 80, hizo colocar dos placas explicativas al principio y al final de la calle.

La que hay en el número 2 dice esto: "A principios del siglo XV la gente llamaba esta calle Astruc Sacanera, o sea, del astrólogo o brujo Sacanera. Astruc es una hierba curativa y una palabra antigua aplicada a los astrólogos o brujos. Aquí se vendía la 'piedra viperina', poseedora de virtudes contra la rabia y las picaduras". El nombre de la calle está documentado desde el siglo XIV, y quiere decir 'astrum', suerte, y de él se derivan las palabras 'benastruc' y 'malastruc'. (afortunador y agorero en catalán).

¿Queréis más misterios? Cada número de la calle tiene una numeración paralela a la oficial con símbolos cabalísticos, y en el número 14 hay unos esgrafiados en la pared con calaveras y seres fantásticos. ¿Y aún más misterio? En 1909 hubo un asesinato horrible: en el entresuelo del número 30 vivían un hombre, una mujer y su hija de cuatro meses con un chico realquilado, Luis. Un día desaparecieron: cuando la policía entró, encontraron a toda la familia degollada y el cadáver de Luis con una nota de suicidio.

Sant Josep de la Muntanya
Sant Josep de la Muntanya
© Carla Tramullas

¡Masonería en una iglesia!

No es ningún secreto que el Vaticano condena la pertenencia a las sociedades secretas masónicas desde el siglo XVIII, y considera incompatible profesar ambos credos. Bueno, pues en Barcelona, los masones le colaron al Vaticano un gol por toda la escuadra. Y nunca mejor dicho, porque en San Josep de la Muntanya –un monumental conjunto religioso neorrománico y modernista construido a finales del siglo XIX– encontraremos un pedazo de símbolo masón. Reina en el altar dedicado a la fundadora de la orden de San Josep una escuadra y un compás de mármol macizo, símbolos inequívoco de la masonería (algo que es como incrustar una hoz y un martillo en el Valle de Los Caídos). ¿Quién lo hizo? Seguramente fue Francisco Berenguer, colaborador habitual de Gaudí y que se encargó de la decoración interior.

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Espardenya
Espardenya

¡El kung-fu de Barcelona!

Si tienes entre 40 y 50 años, seguro recordaréis como en EGB hubo una verdadera obsesión por intentar hacer kung-fu (los más perlas incluso se fabricaban 'nunchakus' caseros: gracias, Bruce Lee y David Carradine). Bueno, pues 200 años antes eso ya lo inventamos en Barcelona. El inmortal folclorista Joan Amades dejó escrito que, durante la invasión napoleónica, los chiquillos y aprendices de nuestra ciudad se las tenían con los soldados franceses a golpes de alpargata. Y es una disciplina marcial más peligrosa de lo que parece. O bien la blandían cuál honda por los cordones, o repartían latigazos, o bien la enrollaban y la utilizaban como un guante de boxeo de esparto. Era tanta la pasión por esta disciplina, que en la explanada que es ahora la calle Talleres se reunían grupos para entrenarse ... Y los artesanos incluso llegaron a fabricar alpargatas más duras para el combate. ¡Alpargata letal!

Restaurant Amaya
Restaurant Amaya
© Irene Fernandez

Agujeros de tacones de prostituta

Restaurantes El Gòtic

Durante muchos años, en los portales de los números 22 y 24 de la Rambla hubo cuatro agujeros en el mármol, causados por decenas de años de taconeo de prostitutas. Era la época en la que la parte baja de la rambla concentraba la prostitución de Barcelona, y los marineros de la sexta flota –y media Barcelona– subían y bajaban los portales con las marcas de los tacones. Hubo un debate vecinal sobre si había que retirarlos o no. Al final, los propietarios de los inmuebles –entre los que está la familia del restaurante Amaya– decidieron arrancar las dos placas de mármol. Y con la renovación del restaurante, en el 2016, las colgaron en la entrada del local como memoria histórica.

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Ramon Cabau en la Boqueria
Ramon Cabau en la Boqueria
Shutterstock

Homenaje a un gourmet suicida

Muere gente constantemente, pero a veces las muertes tienen una dimensión simbólica y romántica dada por el personaje. Sin duda, hay un nexo entre el extraordinario dandismo con que Ramon Cabau cuidaba su apariencia y la materia prima de su restaurante Agut de Avinyó, abierto en 1962. Cabau, farmacéutico, abogado y perito agrónomo, no copió la
'nouvelle cuisine ', sino que dialogó con ella: en una época en que el cocinero era una figura casposa, mucho antes de que Santamaría sacralizara el producto y la técnica, Cabau fue un pionero que rompió fronteras buscando la excelencia cada día en el mercado y haciendo producción propia. Ciclotímico extremo, cerró el Agut en 1984.

Una mañana de 1987, repartió rosas entre sus amigos de la Boquería e ingirió una cápsula de cianuro. Es el único restaurador con una placa dedicada en un mercado de Barcelona: todos los vendedores le querían. Sus paseos diarios por el mercado eran rituales de elegancia y erudición gastronómica.

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