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Reseña
La música de los restaurantes es uno de los elefantes en la habitación. ¿Por qué demonios se oye tan mal la música en los restaurantes? Entre atronadora o pinchada con mal gusto de radiofórmula carca. Casa Platos, el primer restaurante de alta fidelidad de Barcelona, pretende resolver este conflicto. Detrás de los platos de Casa Ídem están los jóvenes Ot Salvans, chef, y Víctor Martínez, en la dirección, también artífices de Manda Huevos, un excelente bar de tapas y cocina catalana que ha subvertido el aburrimiento de la tortilla y la croqueta. "En Barcelona ya existen bares de alta fidelidad, y pensamos que tendría mucho sentido abrir un restaurante que siguiera este camino", me explica.
Que Casa Platos sea un hi-fi restaurant significa que se han gastado un pastizal en el estudio acústico y en un sistema de sonido con el encanto del sonido analógico. Y se nota: pueden subir la música y, aun así, os entenderéis hablando sin problemas. La cocina también es de alta fidelidad, digna de restaurante de altos vuelos. Y en su propuesta, de inspiración japonesa y mediterránea, no hay clichés ni platos reconocibles. Por ejemplo, nos resuena en la boca un platazo como la marbonara: unos fideos de calamar con pil-pil de jamón ibérico que lo tienen todo, un mar y montaña elegante y sedoso. Salvans es un cocinero directo y de ideas muy claras, sencillas de entender al primer bocado: veamos unas cocochas de merluza al pil-pil con mojo picón, entre Euskadi y Canarias. Y nos deja K.O. un espléndido solomillo Wellington, relleno de pichón en lugar de lomo de buey. Ojo con los cócteles, muchos concebidos como recetas de comida líquidas: por ejemplo, un cóctel de escalivada, con el pimiento rojo muy presente y un vodka con pimiento del Padrón.
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