Si los turrones tuvieran un club VIP, este sería el que controla la puerta. El Dark Moon es probablemente la pieza más sexy de la temporada. No es apto para paladares infantiles ni para amantes del azúcar fácil; es una joya de ingeniería repostera que apuesta por el lado oscuro. Hablamos de una base crujiente de sésamo negro que sostiene una ganache de chocolate negro brutal. Pero el secreto está en su corazón: una crema de caramelo y vainilla que se funde con un whisky robusto y elegante. Es intenso, es profundo y tiene ese punto alcohólico que te recorre la garganta con elegancia.
La Navidad, ya lo sabemos, es una orgía de consumismo sin fin. Si ponéis en la mesa alguno de estos turrones alcohólicos, conseguiréis hacer feliz a la gente interesada en las cosas de comer y que quieren ser originales (todavía se les conoce como 'foodies', dios me libre, una palabra todavía más vaciada de contenido que 'hipster'). Ya lo decía Leticia Sabater en uno de sus delirantes villancicos: papi, ¡vamos al turrón! Estos turrones satisfarán a todos aquellos que en Navidad tienen un deseo de buena voluntad y paz en la tierra, concretado en un objetivo: ¡pillar una buena cogorza! Eso sí, si sois unos pusilánimes blandengues, lo mejor es que os presentéis con un buen panettone, la enésima prueba de la colonización italiana en nuestras mesas.
Y si este año no te has comido un rosco, al menos cómete un buen roscón de Reyes










