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Reseña
La aparición de un viejo conocido en una casa que llega para provocar un cataclismo de proporciones diversas es uno de los motores recurrentes del teatro, desde Oncle Vània a Göteborg. Y Lucy Kirkwood utiliza el mismo cebo en Els fills para hacernos zambullir en una obra de gran alcance ideológico y moral sobre la responsabilidad de las generaciones más mayores respecto a las que vienen detrás. Todo lo que plantea es tan vigente que da pavor y no hay nada sobrante en esta obra.
Todo empieza con la llegada de la Rose (Emma Vilarasau) al hogar de la Hazel (Mercè Arànega) y Robin (Jordi Boixaderas). Los tres son físicos, se conocen de toda la vida, pero hace cerca de 40 años que no se ven. No sabremos el motivo de la visita de la vieja amiga hasta el final y será importante. El mundo de la función es un lugar que acaba de sufrir un accidente nuclear y, por lo tanto, podríamos decir que estamos ante una pieza de cariz apocalíptico, de una apocalipsis concreta, incluso cotidiana. Pero Kirkwood es suficientemente hábil para presentarnos tres personajes séniores (están jubilados), con cartas escondidas y una relación íntima para mojar pan.
Kirkwood nos sirve el drama sin aspavientos, poco a poco
En muchos sentidos, Els fills es de manual, como El barquer, por poner un ejemplo. Hay un conflicto interior (la relación entre los personajes) y uno exterior (el accidente) que se pelean por ocupar el primer lugar. El desafío de la autora es que se den la mano. Y aquí la dificultad es no caer en el panfleto, ni en el aleccionamiento, porque las decisiones que tomarán todos los personajes son totalmente defensables. Kirkwood nos sirve el drama sin aspavientos, poco a poco. Nos hace reír un poco, nos despista con algunos movimientos, pero siempre barre en una dirección, sin dejar de perder el foco: la responsabilidad de los padres hacia los hijos, y el mundo que les dejan. No permite ni que los personajes bailen en paz. Magistral.
De los tres intérpretes, Arànega es quien tiene el papel más complejo. Es una mujer de casa, extrabajadora de la central, que será el embudo por donde tienen que pasar los dos conflictos. Está en medio de dos huracanes, una mujer que ha sido libre toda la vida y un marido que siempre ha hecho lo que ha querido. Y aun así será quien dará entrada a los apuntes de comedia y tendrá en la mano la resolución de la función. Vilarasau y Boixaderas solo tienen que seguir su estela.
David Selvas dirige una función cronométrica que no permite fuegos artificiales. Controla bien el tempo de la función y hace que todo esté en su sitio. Tan fácil y tan difícil, a la vez. Tiene a su servicio tres grandísimos intérpretes con el instrumento muy bien afinado.
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