Bar Frecuencia
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Bar Frecuencia

Barras imprescindibles: nuestros 50 mejores bares de Madrid

Tabernas míticas, algunas coctelerías, templos de la cerveza (artesana), el vino (natural) y el vermut, sitios de moda, barras escondidas...

Gorka Elorrieta
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En Madrid siempre hay ganas de salir y de salir a cualquier hora. Para tomarse unas cañas o conocer esa nueva coctelería que te han chivado, ese bar de vinos del que muchos hablan... Nuestro listado de los 50 (se nos quedan ya muy cortos) mejores bares de Madrid cuenta con representantes para todos los gustos. Algún icono tabernario de la ciudad, varias coctelerías, lugares con cerveza artesana (o no), wine bars, barras modernas... No están todos los que son, pero sí son todos los que están. 

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  • Coctelerías
  • Madrid
  • Crítica de Time Out

Madrid se agita más que nunca. No es casualidad que justo antes de que la ciudad albergue de forma inédita la gala de The World’s 50 Best Bars, la gran cita de los bares de cócteles, irrumpa con fuerza este proyecto ambicioso pero independiente. Devil’s Cut está respaldado por gente apasionada por este mundillo, tres amigos de toda una vida que quieren montar un bar. El destino quiso que descubrieran que el local que uno de ellos había diseñado hace cuarenta años estuviera disponible. Ese local era Casa Pueblo, fundado en el barrio de Las Letras en 1983 como un café bar de época años 20. Un lugar especial que, condenado casi al ostracismo décadas después, experimenta un renacer al unísono del vigoroso estado actual de la coctelería.

  • Coctelerías
  • Lavapiés
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

Lo importante, seguro que os suena, es el concepto. Que sea un bar, de acuerdo, pero no uno cualquiera: los tiempos imponen la diferencia. Así que la factoría Macera (alguien tenía que hacerlo) abrió el pasado otoño en la parte alta de Lavapiés un nuevo local que transita entre la oportunidad y el antojo. Según se mire, una coctelería subordinada al café o una cafetería pensada para beber de noche. Donde se comen dulces conventuales, otra revisión actualizada del recogimiento espiritual. Y donde recomendamos su versión levemente cafeínica del simbólico cóctel Garibaldi.   

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  • Barrio de Salamanca
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

Abrir la puerta de una antigua discoteca en la calle Sagasta pero ahora con un plan distinto: poder beber un cóctel clarificado con mezcal, comer un katsu sando y escuchar a Fred Nevché en un ambiente relajado. Frecuencia abrió en septiembre de 2025 para dar un giro radical al modelo anterior basado en copas de batalla. El resultado es estimulante, un club para los nuevos tiempos. Recibe una host que orienta el tiro a cena o solo drinks. Un cromatismo cálido inunda el paso hasta la barra del fondo o la bajada a la planta baja. Arriba se bebe y se come frente a un gran sol en una experiencia personalizada. A un lado de la barra, el laboratorio de bebidas junto a la cocina abierta que acapara protagonismo tras la zona de vinilos. Todo está conectado por la música. Abajo esperan algunas mesas con un sofá corrido. El dj ocupa la mesa dentro de la barra central en este atrio que comunica ambos niveles. El espacio, a partir de medianoche, evoluciona festivo.    

  • Alonso Martínez
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

Parece que una acaba de colarse en una película cuando cruza las puertas de Snake Bar, coctelería perteneciente al Grupo La Rumba y ubicada junto a la plaza de Colón. El establecimiento se encuentra situado pared con pared –o cortina con cortina, mejor dicho– con Habanera, el buque insignia de la casa, y cuenta con Carlos Moreno, su bartender ejecutivo, al frente del diseño de carta y la cuadratura del equipo. Este es, por cierto, tremendamente joven. De entrada, la luz, los colores, el interiorismo y la decoración remiten a otro tiempo. Esa es la idea: que haya un pequeño viaje dentro de cada pieza de la cristalería. Un viaje en el tiempo a través de sus tragos y sin salir del centro de Madrid. La barra y su contra barra, enmarcadas al final del local, podrían servir de escenario para un filme de época. Ante ellas y al extremo contrario del espacio, un sofá corrido se apoya sobre el enorme ventanal y da servicio a diferentes mesas. El ambiente, a diferencia de ese toque retro del interiorismo, es joven, internacional y elegante.  A la mesa, nos reciben con agua y cacahuetes con láminas de ajo fritas.

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  • Lavapiés
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

La cosa pintaba muy mal con el cierre, pero llegó a tiempo la propuesta de una sociedad formada por el productor Enrique López Lavigne, la empresaria Neus Cerdà y el actor Unax Ugalde, el músico Edu Dabán (Por las noches) y los artistas Amanda Portillo y Piro, además de Ángela Gimeno, ganadora de MasterChef y quien se ha ocupado de la cocina. Nombres habituales de la noche y los locales de moda, ningún novato. Brilla restaurado el cartel original del Candela, esquina con la calle Olivar, como las sillas de enea hechas a mano, donde se sentaron todos, o el suelo hidráulico de damero blanco y verde que todavía recordamos del primer videoclip de Ketama. Ahora la barra luce un peto de mosaicos con las caras de los más grandes, las paredes entronizan un pasado museístico y la sala integra al fondo una cabina de música que se desplaza para dejar espacio a las actuaciones. Flamenco y djs, el actual Candela.

  • Chamartín
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

De los creadores del exitoso Bar Trafalgar, llega ahora Bar Vergara. Más serio y formal, o lo que es lo mismo, menos extrovertido y canalla (perdón). Igual de polivalente, cómodo y receptivo al público ecléctico, igual de bar. Con el primero ya asentado en Olavide dos años después de su apertura, resultaba una incógnita aventurarse tan arriba de la calle Serrano, en los aledaños de la nueva Costa Fleming. Spoiler: vas a tener que reservar si quieres probar (otra vez) su brioche de anchoa y mantequilla. Este Chamartín es el barrio donde creció Juan Tena, uno de los socios junto a Nacho Aparicio y David Yllera, fundadores a su vez de Mama Campo. Llegó la oportunidad de un local imponente que en tiempos fue el Airport Tavern, pub irlandés de los mismos que regentaban las cantinas de Barajas. "Fue un flechazo", reconoce Tena.

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  • Castellana
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

Tú decides qué quieres colocar junto a este adjetivo calificativo que desde hace unos meses no deja de escucharse en los mentideros de la escena gastro madrileña gracias al atrevimiento de un inquieto empresario vasco y a un avispado yerno que no puede estar más entregado a la causa. A nosotros se nos ocurren múltiples opciones para colocar a continuación de El Buen: producto, picoteo, recetario castizo, ambiente, servicio, ticket medio,… La aventura de los vizcaínos Ángel Zalduegui y Borja Conde (llegados a la capital desde el mismísimo Durango) está suponiendo un soplo de aire fresco para los habituales de una zona en la que siempre ha habido buenos restaurantes pero donde se echaba en falta una tasca con una cocina honesta sin grandes pretensiones. Y eso es justo lo que ofrecen en esta casa donde lo vasco, cómo no, está muy presente. Ahí están ingredientes como la piparra o platillos como el talo, además de postres tan de la tierra como el pastel vasco, para muchos el mejor de Madrid, o sus txakolís, la mejor pareja de baile posible para esa barra de pintxos en la que no faltan diferentes tipos de gildas.

  • Coctelerías
  • Conde Duque
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

En paralelo a Pensión Mimosas, apertura sonada del mundo de la noche, llega este proyecto más pequeño en dimensiones pero no en pretensión arty. Desde Barcelona, los bartenders (y empresarios) Marc Àlvarez y Juanillo Falcón desembarcan con fuerza en Madrid. "Fluid no es una coctelería al uso", cuenta Marc. "Es un espacio para mentes inquietas que tengan afinidad por el arte, la música y la coctelería". 

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  • Taberna
  • Conde Duque
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

Los amantes del taberneo y lo castizo están de enhorabuena porque, desde hace un mes, tienen una nueva casa de comidas en Madrid a la que acudir recurrentemente. Ya sea para disfrutar de un picoteo informal, acompañado de un vermut Zecchini o de la cerveza artesanal que vienen elaborando desde hace 10 años, o para una comida más relajada –con vinos por copas asequibles– en su coqueto comedor. En ambos casos vas a tener la sensación de haber triunfado, al salir, porque aquí las cuentas no suelen superar los 25 o 30 euros.

  • Bares de vinos
  • madrid
  • Crítica de Time Out

En apenas unos pocos metros cuadrados la barra, un espacio de degustación de dimensiones ajustadas y la cocina (fuera del alcance de la vista) forman un espacio cuadrado: entre la barra principal, de madera, y la contrabarra, en baldosas blancas, Amanda descorcha botellas, sirve las copas e introduce al cliente a los vinos propuestos. Al otro lado, todo madera y ladrillo visto, otra barra paralela y una diminuta mesa alta anclada en la pared ofrecen unos sitios adicionales para los clientes. En baldas altas, aquí y allá, se reúnen decenas de botellas que aguardan su ocasión de salir a la palestra. En este interior llegan a sentarse unas 7 u 8 personas, siendo un total de 9 o 10 las que admite el local si parte de ellos toman su vino de pie. Si se llena, cosa que puede suceder fácilmente, el espacio puede resultar ciertamente ajustado. Es precisamente el reducido espacio lo que hace que haya poca intimidad y que la experiencia derive, fácilmente, en la socialización y la charla con el resto de los clientes del local.

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