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Reseña
Abierto en 1959, el Bar Bodega Chiqui es uno de esos establecimientos de barrio que parecen inmunes al paso del tiempo. Un clásico de Sant Antoni que ha sobrevivido a modas, alquileres imposibles y oleadas de modernización sin perder ni un gramo de autenticidad. Ahora lo llevan Enric Riasol y Teresina Esteve, tercera generación al frente, guardianes del espíritu original de la casa. Durante décadas, el guion fue el mismo: bocatas gigantes para desayunar, tapas y conservas para el vermut, y platos combinados que daban media vida a la hora de la comida.
Hasta que llegó la pandemia y, con ella, un giro inesperado digno de serie. En mayo de 2020, en plena desescalada, la hija de los dueños, Sònia Riasol, y su pareja, Douglas Alves, decidieron tomar las riendas de la cocina para preparar sushi para llevar. Lo que empezó como un experimento de supervivencia se convirtió en un fenómeno. Y aquí siguen, varios años después, combinando tradición de bar de barrio con técnica japonesa sin despeinarse. Ahora, a los parroquianos de siempre —los del carajillo y el periódico en la barra— se suma una legión de fieles del sushi llegados de toda Barcelona. Porrones y sifones conviven sin conflicto con botellas de Kas convertidas en dispensadores de soja y palillos XL, como si el Chiqui hubiera sido siempre medio nipón. Para muchos, es uno de los locales de sushi imprescindibles de la ciudad.
Douglas viene con el currículum bien afilado: Ikibana, Doble Zer00, Tunateca Balfegó Espai Gastronòmic —donde coincidió con Hideki Matsuhisa, alma del icónico Koy Shunka—, Mishima y Nobu Barcelona. Con ese recorrido, tiene clarísimo que el sushi es producto y técnica, y domina ambas con una seguridad pasmosa. Trabaja con arroz del Delta y pescado fresco de Mercabarna, comprado cada día. Entre sus imprescindibles: el nigiri de foie y anguila (puro vicio), el uramaki Crazy Tuna con cangrejo y salmón, y el tataki de ventresca de atún, que es para cerrar los ojos y suspirar. Y atención, porque siempre hay sugerencias fuera de carta la mar de interesantes.
Cuesta 14,5 euros (sin bebida y con algunos suplementos). De primero se puede elegir entre sopa de miso, tempura o gyozas. De segundo, yakisoba, piezas de sushi variado o uramakis, según lo que pida el cuerpo. De postre, coulant de chocolate, trufas de té verde o helado de pistacho o mango. Solo lo sirven de martes a viernes.
Vilamarí, 29
Metro Espanya (L1, L3) y Rocafort (L1)
Lunes de 19 a 23 h
De martes a viernes, de 7 a 23 h
Sábado, de 11 a 23 h
Domingo, de 11 a 17 h
Teléfono: 93 325 08 33
Web: grado-sushi.com
Instagram: @grado_sushi @barbodegachiqui
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