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Granja Petitbo
© Maria Dias Granja Petitbo

Caminata 'gastro' por el paseo de Sant Joan

Clásicos y novedades que hay que conocer

Por Ricard Martín
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En lo que se refiere a restaurantes, el paseo de Sant Joan no es la calle de Enric Granados: los grandes grupos de restauración no se agolpan para comprar inmuebles y montar locales gigantescos a golpe de talonario. A primera vista, parece que en las plantas bajas de las monumentales fachadas neoclásicas sólo sobrevivan los frankfurts abandonados y los antros de platos combinados fosilizados. Ahora bien, aprovechando que todavía está caliente la remodelación de esta arteria de primera división -aceras de hasta 17 metros, un paseo verde envidiable- da gusto pasearse, hay que decir que hierven algunas novedades muy interesantes y clásicos escondidos que hay que revisitar.

Una vaquería nórdica
En el primer apartado situamos la Granja Petitbo. Con sólo cuatro meses de apertura y una circulación de las del boca a oreja que hacen que se entere una cuarta parte de Barcelona, estamos ante una especia muy extraña en esta zona: la de la cafetería de estilo nórdico donde se pueden comer bocadillos, ensaladas y pasteles a cualquier hora. "Todo con productos del mercado, rigurosamente frescos y de elaboración casera", puntualiza Rodrigo Casado, con Pedro Tudela propietario del lugar. El lugar no tiene je ne sais quoi: ¡las cualidades son obvias! A parte de una oferta culinaria atractiva, es poderoso: estamos dentro de una antigua vaquería, redecorada con una delicadeza digna de revista sueca de interiorismo cara, combinado con un aire rústico y una amplitud insólita que nos hace esperar la aparición de un bovino mugiendo.

"Fuimos de viaje al norte de Europa y el concepto de cafetería en la que puedes comer a cualquier hora nos gustó mucho". Y han aprendido muy bien la lección: el apartado dulce consta de una fila de tentaciones que pasan por pasteles de queso, zanahoria, chocolate y uno de de calabacín dulce "que sorprende pero tiene muchos adeptos".

Y a parte de un ejército de ensaladas sugestivas y contundentes, disponen de un apartado de especiales del día, donde se esconden buenos bocadillos pero también pequeñas delicias como el Misterioso, una cocotte -pequeña olla metálica- de huevos ecológicos, champiñones, queso y pan tostado. El momento ideal para aparecer es a mediodía, con un menú con sólo un primero y un segundo, pero difíciles de rechazar: risotto de quinoa y tomates verdes fritos con una contundente lasaña de carne y verdura, por ejemplo. Los fines de semana hay un brunch de los buenos, con muchos huevos (escalfado sobre pan de leche casero, revueltos con panceta y pancakes, con jamón o salmón) que quieren hacer extensible a toda la semana. Visitadla y mugid de placer.

Gastrobar Manel
Justo en la acera de enfrente del Petitbo, encontraremos un bar Manel, si me permitís la licencia. Es decir, el negativo de un bar Manolo: bar restaurante pulcro y acogedor, donde en lugar de pestazo de queso incrustado en la plancha, aliento de Ducados y gritos, encontraremos higiene, mucha personalidad y gente que saber apreciar la buena comida. El Bar Sant Joan es un poder fáctico en este tramo del paseo, siempre acomodado a mediodía. "Pues esto no es nada comparada con lo que era antes", me explica el propietario, Joan Basart. Hace 32 años que funcionan igual. "Cada día cuelgo una pizarra donde hay un 90% de cosas fijas y el resto, sorpresas".

Echémosle un vistazo: habas a la catalana (6,30 euros), sepia con guisantes y patatas (7,50 euros), pescadito frito (6 euros), costillas de cordero a la plancha (8,70 euros). Y escapadas de fonda creativa, como un carpaccio de pies de cerdo con queso tentador, además de los fijos semanales: martes lentejas, miércoles macarrones, jueves paella. No tiene menú, la pizarra permite "confeccionárselo a medida y no comer de más si no se quiere", explica. En todo caso las raciones son generosas. En este delicioso rinconcito se produce un interesante fenómeno al cubo: espiar el plato de la mesa vecina, hacerse la boca agua, escoger. Tan bueno está lo sencillo, que me decido por una crema de marisco -con fumé de verdad, ¡5 euros!- y un lomo de cerdo acompañado con delicias de berenjenas rebozadas.

Señor Basart, hacía años que no comía un lomo de cerdo así, gustoso, tierno, bien salpimentado, el negativo de aquella translúcida lámina que nos ponen en el plato combinado. ¿Cómo lo hace? "¡Gastando buen género!".
Los postres caseros (un pudding de naranja y un helado de higo) merecen estar en casas de comidas de muchos más cubiertos pero no más talla gastronómica. ¡Gracias a Néstor Luján! La cocina popular todavía mueve el rabo -de buey- y la que hay aquí no es para nada menospreciable.

Más buenas direcciones
Pero todavía queda una lista de direcciones que hay que tener presentes en el soleado paseo. Tomad nota: Can Soteras (Pg. de Sant Joan, 97. T. 93 457 49 39), sólido referente de la cocina tradicional catalana (hace unos 35 años popularizaron los caracoles en Barcelona), el incombustible Bar Oller (Pg. de Sant Joan, 146. T. 93 457 81 59), punto de referencia en cuanto a tapas, croquetas y tortillas desde tiempos inmemoriales, y el nuevísimo On Cafè  (Pg. de Sant Joan, 96. T. 93 500 54 64), cafetería en una frecuencia de onda muy similar a la Granja Petitbo, pero más contundente, de tapas fiables que merecen más líneas que estas. Las tendrán.

Info práctica

Granja Petitbo

3 de 5 estrellas
Restaurantes Mediterránea Dreta de l'Eixample

Donde a principios de siglo XX hubo una vaquería, ahora se levanta esta cafetería de aires nórdicos y diseño excelente, donde es posible desayunar y merendar muy bien, a base de sugerentes pasteles caseros, bocadillos hechos con cuidado y buena materia y recetas con huevos revueltos. Disponen de un menú de mediodía que vale la pena conocer y los sábados y domingos por la mañana hacen un 'brunch' de nivel.

Sant Joan
©Ivan Moreno

Sant Joan

4 de 5 estrellas
Restaurantes Catalana Dreta de l'Eixample

Este es uno de los restaurantes a los que es difícil acceder a mediodía si no se está atento a la hora. Excelente cocina a cargo de Maria Glòria y su madre, Glòria. Cocina de siempre, de mercado, con productos muy frescos. La paella de los jueves y la cebolla confitada son dos grandes platos. Las alcachofas, los bacalaos o las carnes, otros. No se reserva, no hay menú.

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