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Cervezas Moritz abre Casa Moritz, su primer restaurante fuera de la Fábrica Moritz

El macrolocal, con Jordi Vilà en la cocina, está en plena Rambla Catalunya

Ricard Martín
Escrito por
Ricard Martín
Editor de Menjar i Beure, Time Out Barcelona
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A diez años de la apertura de la Fábrica Moritz, Cervezas Moritz la lía gorda: acaba de abrir Casa Moritz (Rambla de Catalunya, 79, abierta todos los días del año sin interrupción), donde hasta hace poco había la micro-cervecería y restaurante Cervecería Maestró. El local merece una visita, y también siete: dos plantas austeras de cemento desnudo y paredes de ladrillo obra vista, 300 m2 con una magnífica terraza que son un manifiesto que grita: "aquí se vende cerveza". El proyecto es obra del estudio barcelonés External Reference.

En los tiradores de la barra –una preciosidad hecha de estaño que se irá gastando a medida que la gente se apoye– sirven las cinco cervezas de la Fábrica, sin pasteurizar: la Moritz Original, la Moritz 7, 100 % malta, Moritz Epidor, Moritz Red IPA y Moritz negra. También se podrán degustar las cervezas estacionales de temporada que van cambiando cada cuatro o cinco meses y las pop-up beers, cervezas de ediciones limitadas que se realizan para celebrar fechas especiales, como la Rosa de Moritz por Sant Jordi.

Casa Moritz
Foto: Cervesa MoritzCasa Moritz

"Podemos permitirnos el lujo de tener toda la cerveza fresca en tanques, recién hecha en la Fábrica y sin pasteurizar. La pasteurización permite que aguante un año en el lineal del súper, pero no es necesario", explica Albert Viaplana, maestro cervecero de la casa. No hace falta que seáis 'freaks' de la cerveza artesana para captar la fresquísima diferencia que hay entre una cerveza de lineal de súper y una fresca de tanque.

Casa Moritz, dice Montse Comabella, jefa de marketing de la cervecera, está inspirada en una leyenda urbana: "En 1807 Louis Moritz abrió una cervecería cerca de la fábrica, y la cerveza era tan fresca que la gente decía que unos tubos sótanos conectaban el bar con la fábrica", explica. Casa Moritz, prosigue, "es un resumen de todo lo que hemos aprendido en la Fábrica estos últimos diez años".

La cocina corre a cargo de Jordi Vilà, director gastronómico de la cervecera y estrella Michelin con Alkimia. Y en las mesas –¡hechas con aluminio de lata de cerveza fundida!– llegan platos que "no sólo acompañan la cerveza, sino que la incorporan como ingrediente", dice Vilà (es el caso de unas deliciosas albóndigas con cerveza negra). Cuando Vilà ideó la oferta de la Fábrica, pensó "¿cuáles son las comidas de todo el mundo que acompañan a la cerveza? En cambio, en Casa Moritz me he centrado en la comida que acompaña a la cerveza en Barcelona, ​​que es la tapa, y hemos condensado una carta con lo que funciona más en la Fábrica".

Casa Moritz
Foto: Cervesa MoritzCasa Moritz

Desde una cocina abierta salen tapas marca de la casa como la ensaladilla rusa de ojos azules –cremosa y con doble de atún–, croquetas de jamón ibérico impecables, sus clásicas bravas con alioli picantes y pizza alemana 'flammkuchen' y 'coca de recapte' (aparte de favoritos del cocinero, como los macarrones de asado, o un robusto repertorio de bocadillos cocinados). La novedad de la carta de Casa Moritz es el regreso de los platos XXL para compartir (¡el costillar de cerdo a la cerveza negra!) y un apartado de ensaladas y platos veganos, como el tombet mallorquín, un arroz vegetariano con acelgas, coliflor y raifort, o lentejas Sri Lanka, con leche de coco, curry y cilantro. Aunque con este catálogo de hedonismo de alta gama que ha reunido Vilà, a ver quién es el guapo que se contenta con una ensalada verde, oye.

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