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La clientela tendrá hasta el 3 de mayo para despedirse de este clásico moderno del barrio Gótico

Cierra un restaurante que, si me permitís abusar del tópico, es más que un restaurante: Rasoterra, establecimiento vegetariano de referencia en el corazón del barrio Gótico de Barcelona, hará su último servicio el próximo tres de mayo. Así lo han anunciado en un post de sus redes sociales: "Después de 13 años de un crecimiento increíble y de posicionar la cocina plant-based en lo más alto, el proyecto Rasoterra ha llegado a su fin, al menos en la versión que habéis conocido. No ha sido una decisión fácil, pero, tras 25 años de hostelería, es hora de quitarse el delantal".
Abierto en 2013, Rasoterra es uno de los lugares más emblemáticos de la revolución verde de la cocina en Barcelona. Desde un punto de partida de restaurante vegetariano con mucha influencia italiana, con un tratamiento maravilloso de la pasta y los lácteos –madre mía, aquellos huevos con sabor a libertad que frecuentaban el menú de mediodía, de los mejores de Barcelona– Rasoterra evolucionó hacia posiciones cien por cien veganas a principios de 2020, con la chef Adriana Carcelén al frente de una carta con producto de proximidad radical –tienen huerto propio– y platos de alto voltaje gastronómico tanto por la materia prima como por la creatividad.
Daniele Rossi, copropietario del local con Chiara Bombardi y Guillem Galera, me explica que el cierre no es para nada dramático, sino consciente y consensuado: "Simplemente hemos valorado el tiempo que nos requiere el restaurante y la tarea en Slow Food Barcelona y hemos decidido que era imposible compaginar ambas cosas, si es que queremos ver a nuestras familias".
En un primer momento, habían decidido mantener el restaurante abierto todo el 2026, pero han querido "no prolongar más la situación de sobreesfuerzo". Rossi y Bombardi, directores de Slow Food Barcelona, coordinan proyectos como la feria de alimentación sostenible Terra i Gust y la guía Slow Food, donde prometen mantener el espíritu Rasoterra "vivo y presente". Propusieron traspasar el restaurante al equipo, "pero han preferido no asumirlo", asegura Rossi.
Pregunto a Rossi si este es un caso de restaurante que cierra con una clientela nutrida pero con dificultades para afrontar la renta en el centro de Barcelona, algo cada vez más frecuente a medida que el mercado inmobiliario expulsa a gente y negocios sin grandes grupos inversores fuera del centro. Para nada. "No montamos este negocio para hacernos ricos, pero hemos logrado un equilibrio muy bonito en la calidad de cocina y la afluencia de clientela local y extranjera", valora Rossi.
Quien desee probarlo una vez más, tiene tiempo para hacerlo hasta el tres de mayo, mediante su fórmula gastronómica de aperitivo, primero, segundo, agua y postre a 35 euros o 48 con maridaje de tres vinos. Una oferta inmejorable para despedir una cocina que ha llevado el vegetal al centro del plato con imaginación y talento, pero sin incurrir en tics elitistas o de tendencia y sin perder la identidad barcelonesa y catalana.
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