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Pese al titular, Gerard Sans no tiene ninguna intención de entrar en la polémica de moda de la temporada pasada, la del desayuno de cuchillo y tenedor vs. brunch o la de la escudella vs. ramen. "No me gusta nada esta polémica, la verdad, ¡que cada uno haga lo que quiera! Puedes ir a comprar ropa a Olot o a Camboya, tu consumes como quieres. ¡Y aquí al lado está el Ramen Ya-Hiro, que hace un ramen que alucinas! Pero a mí me gusta ser fiel a mi trabajo, que es el sofrito y poco más, e intentar hacerlo bien hecho. No tiene sentido que me ponga a hacer gyozas, si lo que domino yo es la escudella", resume, vehemente.
Ahora bien, es cierto que el restaurante Bar-Restaurant Veracruz (Mallorca, 321. T. 679 64 72 57) está rodeado de locales de brunch: es la chincheta roja rodeada de tenedores y cuchillos, que son los sitios de brunch. Sans no tiene ninguna ambición de enfrentarse a ellos: solo "de ofrecer cocina popular catalana pura y dura". El Veracruz abrió a finales de 2025, en un bar-restaurante que "Pepi y Ramon habían llevado durante treinta años. Tenían un menú a 12,50 muy competitivo, pero estaban hartos del desgaste que conlleva todo esto, y cogí el traspaso".
El Veracruz es bonito y sencillo a más no poder. Bajas dos escalones y estás en un bareto con una barra larguísima de hierro, mesas de fórmica con manteles de papel y una modernización muy prudente que evita el facsímil de neotaberna de Mortadelo y Filemón. "No podía hacer mucho más, con mis posibilidades. Cogí el bar donde venía a tomar la cerveza y lo he reabierto como he podido". Lo secundan Eric Bundagan (filipino, en la sala) y Marcos Costa (brasileño, en la cocina).
Ahora bien, hace mucho con lo que puede. Con estudios de cocina en la Hofmann, Sans fue jefe de cocina y socio del Mercader de l'Eixample –pionero reciente de la reivindicación de la cocina catalana en Barcelona. Ha preferido hacer una carta militante de cocina catalana, con desayunos de cuchillo y tenedor –disponibles también para comer– y platos del día: martes lentejas con chorizo, miércoles fideuá, jueves arroz a la cazuela y viernes macarrones. Siempre a un precio rondando los nueve euros, en raciones generosas y "un sofrito de cebolla bien caramelizado que le da a cualquier plato humilde una fuerza y una potencia increíble".
Y escudella barrejada cada día... ¡Del año! No hacen escudella y carn d'olla por la carga en la barriga del comensal que implica el plato, pero sí una dignificación de la escudella barrejada servida en sopera de metal, a 12 euros, como pocas veces he visto (la escudella barrejada siempre queda relegada al menú de mediodía en el mejor de los casos). "Con una ración maja, al final es cocina popular y me gusta traerla al día a día de una manera trabajada. La hacemos con fideos finos, le ponemos pelota, zanahoria, pie de cerdo"... La parte más gelatinosa no la pone para hacerla más asequible, "pero la pelota sí, la pelota es básica. ¡Una escudella sin pelota no tiene sentido!". Y la verdad es que su escudella tiene rotundidad, suavidad y sabe a fiesta mayor.
También me pido media de callos con capipota, impecables y picantes, con buen equilibrio de picante, carnosidad y gelatina, y una croqueta de merluza (no olvidemos que el Mercader de l'Eixample fue de los primeros en revitalizar la croqueta). Y me quedo con las ganas de devorar un buen plato de lentejas, así como de probar el bocadillo de tortilla francesa babosa, o una tortilla de botifarra del perol y alubias.
Todos los platos son hits de la cocina catalana actual pero sin caer en el abuso de tópicos de moda (no hay calamares, ni bravas, ni ensaladilla ni encurtidos). Eso sí, como buena casa de comidas, tiene un plato de verdura del día, que suelen ser judías verdes con patata. "Cero modernización, y a por todas intentando mejorar las recetas clásicas de toda la vida", explica. ¡Oh, maravilla, tienen un plato de zarzuela para uno en la carta! No descubre la sopa de ajo, ¡pero nos recuerda que bien hecha es muy buena!
Tres cosas más que vale la pena saber del Veracruz: tiene una red de proveedores locales muy sólida (pescado del mercado de la Concepció, carne de Cal Tomàs, menudillos de la Rosa de la Boquería, huevos de Cafal...) que les ha valido el sello de slow food. Se come por un ticket medio de 20 euros –aunque con la sopera de escudella por 12 euros saldréis rodando– y luce una carta y una imagen gráfica ¡de Juanjo Sáez! ¿Recordáis cuando la gente se peleaba por tener dibujos de Labanda en la pared? Pues esto mola mucho más.

