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Uno ya ha perdido la cuenta de las modas comestibles que han llegado a Barcelona. Algunas de ellas se han instalado con holgada comodidad por ser de lo más sólidas –como la cocina peruana, claro, que dejó por una larga temporada la necesidad de tener un cebiche en carta, incluso aunque tuvieras una sidrería asturiana. Otras fueron pamplinas varias de bollería fina –¿alguien recuerda los churronuts? ¿O el cruffin?– o directamente ofensivas: los pollofres de infausto recuerdo que llenaron bocas en las despedidas de solteros/as en la Rambla (por suerte, el lamentable coñofre se quedó en Madrid).
Bien, pues tenemos una nueva moda en Barcelona que a priori parece muy atractiva. Ya podéis comer hamburguesa de sushi en Norico (Gran Via de Les Corts, 682), un restaurante de brunch japonés de propiedad ucraniana. ¿Os parece rebuscado el concepto? En la Europa del Este, el sushi se instaló con fuerza en el imaginario colectivo como comida de élites a principios de los 2000, y se generalizó como algo asequible y saludable en su versión trasladada a restaurantes de brunch.
¿Cómo es una hamburguesa de sushi?
Servidor ya se las vio con la infame ramen burger en su momento –hamburguesa con panecillos hechos de fideos compactados– y estaba escamado ante este artefacto. O sea que acudí a Norico a pasar el control de calidad de la casa. Veamos: tengo entre manos un bocata en el que los hidratos del pan se sustituyen por arroz de sushi compactado y moldeado, con una capa tostada y crujiente de alga nori con tempura.
Me pido la de atún. Lleva atún, wakame, alga nori, aguacate, atún y… palitos de cangrejo. Lo más divertido es que va pintada de salsa picante y te traen unos guantecitos de nitrilo –los que usaba Dexter para matar– para zampártela. Pues la asesino en dos bocados (justo después de casi pegarle muerdo al guante, que puesto en el potecito de metal parecía jengibre).
¿Veredicto? Tengo entre manos una especie de California Roll gigante que no me parece ni demasiado bueno ni tiene nada de malo. Simplemente se deja comer, con combinaciones de sabores muy clásicas, y lo de los guantes es útil, porque el relleno desborda a cada mordisco y hay que reencajarlo con la mano. Eso sí, la respuesta automática de lamerse la salsa de los dedos da mucha grimilla.
(Y bueno, lo del palito de cangrejo en un contexto que se las da de gourmet/estiloso me hace estallar la cabeza. Supongo que son diferencias culturales, porque este es un establecimiento con unos códigos gastro y una estética que apuntan al influencer tiktokero de la Europa del Este. Que me imagino que no debe ser muy diferente del de la Europa de aquí).
La propiedad de Norico tiene otros negocios de restauración, como un pop-up de sushi to-go, en la calle Sant Pau, 12, del Raval: aquí comercializan un tubo/palote de cartón que envuelve una pieza de sushi roll alargada, que asoma del cartón gracias a la presión de un palito de plástico, relleno de soja, que se tira en la punta de la pieza cuando asoma. Vaya, lo que vendría a ser un Calippo de sushi, en diferentes recetas.
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