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Si has estado en Japón y echas de menos sus bebidas y platos, este es tu sitio. Y si todavía no has ido, aquí puedes probar un auténtico okonomiyaki, beberte un highball –refrescante cóctel de whisky japonés, soda y mucho hielo– o una Asahi de tirador sin tener que volar 12 horas. Abierto hace apenas unas semanas, Osaka Bang (Aldana, 9. De 16 a 2 h. Sá. a partir de las 13. Do. y lu. cerrado) toma el relevo del mítico Jonny Aldana del barrio de Sant Antoni para reivindicar esa cocina japonesa más allá del sushi y del ramen.
Jasmine Angel es el motor del proyecto. Nunca mejor dicho porque es imposible escuchar a esta australiana que lleva más de una década en Barcelona y no contagiarse con su entusiasmo. Lo suyo con Japón, recuerda, viene desde los 15 años, cuando probó por primera vez un okonomiyaki, ese pancake de repollo, harina, huevo servido con otros ingredientes y rematado con salsas.
A cocinar aprendió trabajando en un yate de lujo, así que solo faltaba unir esas dos cosas para que naciera Osaka Bang. Un nombre que es un guiño al gesto de dispararse con la mano, un juego habitual entre quienes son de esta ciudad japonesa que se convirtió en meme. Osaka no es no tan conocida como otras, pero una de las más interesantes desde el punto de vista gastronómico.
En realidad, Osaka Bang nació hace un par de años como puesto de comida en festivales como el Primavera Sound, donde sus takoyakis -una suerte de croquetas japonesas de pulpo- y el curry vegano triunfan a altas horas de la noche. Y ahora también con local propio en la calle Aldana. Pequeño, acogedor y con una decoración muy auténtica, al otro lado de la barra ella y Charlie Ortega despachan y charlan con una clientela que en pocas semanas se ha hecho habitual. Tienen también terraza, lo que permite duplicar la capacidad del local.
Comida callejera como en Japón, pero con mejores ingredientes
La carta es muy breve, con los takoyakis y okonomiyakis preparados al momento como estrellas de la casa. Recetas japonesas que aprendió en Osaka junto a una entrañable y veterana cocinera y a las que suma producto local, como las estupendas gambas del mercado de la Barceloneta que utilizan. Comida rápida japonesa, pero con ingredientes de primera y que no desmerecen al que uno puede encontrarse en cualquier local de Tokio. Las gambas o el bacon que usan, de hecho, son mejores. Ojo, por cierto, a la salsa de miso blanco tostado con caramelo que acompaña a la tarta de queso, (de PastéBCN) el único postre que se ofrece.
La receta no estaría completa sin la buena música que suena a los 70 y 80 de Japón y España -ojo que puede sonar Los Chichos, advierte Angel mientras gira las bolas de los takoyakis- y una selección de bebidas que convierten a este lugar en único. Además de las cañas de Asahi o el sake, tienen una pequeña selección del infinito universo de bebidas japonesas y hasta café en lata, un clásico de los vending del país. “Gailin killer” -gaijin es como se llama de forma no muy cariñosa en Japón a los extranjeros– bromea Angel mostrando una lata de Suntory con un highball preparado con limón. Para quienes prefieran algo más local, hay tres referencias de vinos catalanes.
La idea es ampliar la carta con otros platos, aseguran, y también potenciar ese carácter de bar y coctelería, porque abren desde las cuatro de la tarde hasta las doce de la noche entre semana y hasta las dos de la mañana los viernes y los sábados, cuando también trabajan al mediodía.

