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Este comedor de cocina saludable está abierto desde principios de los ochenta y ha sobrevivido como un pequeño secreto local

El verdadero quebradero de cabeza para alguien que quiera comer en el centro de Barcelona es: uno, encontrar un sitio que no esté muy masificado o turistificado, y dos: poder comer saludable sin que te peguen un sablazo (para bueno y barato en el Gótico siempre nos quedará el Bar La Plata, pero es un lugar de jaleo, codos y alegría, y al mediodía a veces necesitas calma y silencio. ¡Además, no se puede comer pescadito frito todos los días!). El centro de Barcelona tiene un enjambre de guiris que zumba de marzo a noviembre, y que desespera al más budista, si decide ir a tomar algo por los aledaños de la Plaça Reial.
¿Decía budista? Dirígete al número 12 de la Plaça Reial, en una esquina, justo al lado del disco-pub Rei de Copes y del italiano Rossini (donde antes tenían, ahora no lo sé, un menú de mediodía muy recomendable que no publicitaban, solo lo sabíamos los trabajadores de la zona). Pulsas el interfono del entresuelo segunda, Iskon Barcelona, dice la placa, y cuando contestan dices: "¡Buenos días, vengo a comer!".
Te abren la puerta y subes hasta el número indicado por una escalera de mármol majestuosamente destartalada (¡tened cuidado de pulsar el timbre correcto; el dibujante Nazario vive en la misma finca, y está hasta las narices de que lo despierten a la hora de la siesta!). La caracola de los peldaños parece un dibujo de Escher y respira la venerabilidad: los pisos son de finales del s. XIX y en un origen el conjunto era un convento que se salvó de la quema.
No hace falta pulsar el timbre: empujas la puerta y te encontrarás en un salón amplio, minimalista, limpio y pulcro: es el comedor del Templo Hare Krishna ISKON Barcelona, un espacio que de lunes a viernes, de 13 a 15.30 h, ofrece un menú vegetariano cerrado de dos platos, bebida y postre, a 9 euros. ¿Y es recomendable? Ya lo creo. Como hacía años que no iba, volví a fichar.
El menú siempre consta de un primero con un cuenco de sopa o crema caliente de verduras y una ensalada, con pan hecho en casa, y un segundo de plato combinado muy completo. En mi caso, fue berenjena rebozada con un pisto con salsita de cúrcuma y arroz integral. De postre, leche frita. Para beber, agua filtrada a discreción y una infusión relajante: 9 euros. Ninguna pirueta de texturas ni producto ultra rebuscado, pero todo muy digno, casero y sabroso. Y la guinda del pastel: comes en un ambiente de paz y silencio, sin gente pegando gritos de Pedro Sánchez esto, Hansi Flick lo otro: ¡y no hay ni un turista!
Ojo, que no es un restaurante cien por cien vegano, sino vegetariano: su web explica que "los menús se basan en la modalidad de la bondad (sattva-guṇa). Según la sabiduría del Bhagavad-gītā, [texto religioso hinduista] los alimentos como los granos, las frutas, los vegetales y los productos lácteos frescos aumentan la duración de la vida, dan fuerza y purifican la existencia. Al excluir la carne, el pescado y los huevos, te ofrecemos una nutrición que evita la letargia y la irritabilidad, promoviendo una mente clara y un cuerpo sano". El Templo Hare Krishna abrió en Barcelona en el año 1976, y me consta que el comedor de pública concurrencia está abierto desde principios de los ochenta, como mínimo.
A quien escribe le hace gracia recordar cómo de pequeño vivió una especie de secuela local del satanic panic estadounidense ochentero (¡mi abuela no paraba de repetirme que tuviera cuidado, que en Barcelona había una secta de túnicas color azafrán que secuestraba niños!). Pero en un puñado de años comiendo una vez por semana aquí, solo me ha pasado volver a la oficina con la barriga bien llena pero ligero, a precio muy amistoso. (¡Antes de la pandemia te podías poner hasta el culo sin miramientos: era un bufé libre lleno de hamburguesas de remolacha y garbanzos deliciosas!).
Al principio decía budista, pero este es un templo de una religión monoteísta (pero jamás en la vida me ha interrumpido la comida ningún intento de proselitismo). Y mira, me hace gracia que el comedor de un templo hinduista esté al lado de una discoteca que se llama Karma, que hace poco murió y se acaba de reencarnar.
Este artículo se publicó el 16 de octubre a las 9 h
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