Secretos gastronómicos de Barcelona

Bares y restaurantes singulares que vale mucho la pena conocer, pequeños o grandes descubrimientos que os alegrarán la comida

Más o menos todos tenemos claras nuestras buenas direcciones para comer, pero hay pequeños misterios más allá de la superficie que vale la pena descubrir. No intentamos emular a Iker Jiménez o daros la exclusiva del siglo, pero sí señalar algunas pequeñas notas a pie de página de ciertos lugares que os pueden dar una sorpresa muy agradable.

Agut: una barra celestial

3 de 5 estrellas
Recomendado

El Agut es una de las grandes fondas de cocina catalana de Barcelona, cocina popular con espíritu de alta gastronomía (o al revés). Comer aquí no es caro, pero tampoco es barato. A mediodía tienen un menú de 14 euros muy recomendable. Ahora bien, si lo pedís en la barra –comodísima, señorial–, os saldrá por 11,80 (con vino y postre, todo excelente). Si escogéis bien el ángulo, incluso veréis como el cocinero le da el toque final a vuestro plato por la ventana de la cocina. Comeréis cosas como patatas enmascaradas con morcilla, buenísimas, espagueti con frutos del mar o pescados de roca en su punto exacto, que ni es baboso ni se rompe. Todo con una materia prima buena, buena, y un clasicismo de lugar de altos vuelos muy difícil de encontrar en un menú de mediodía.

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El Gòtic

Malpaso restaurante: brunch mexicanopantagruélico

Malpaso es una exquisita editorial con tirada por la cultura pop y el ensayo heterodoxo y también el restaurante (mexicano) de la editorial, que como quien dice está puerta con puerta. Su menú de mediodía está la mar de bien, pero la carta esconde un secreto que los gourmets más voraces deben conocer: los sábados y domingos, de 11 a 14 h, ofrecen un brunch a un precio dislocador. Por 15 euros, tienes una bebida y todo lo que te quepa entre pecho y espalda. ¡TODO! Esto incluye repetir, hasta que el cuerpo aguante, de bagel de salmón, aguacate, queso fresco y rúcula, pancakes con bacon, chilaquiles (totopos con pollo, salsa verde y queso), huevos rancheros o motuleños y fruta. Os podéis fiar: el cocinero es del DF.

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¿Cantina de la Universitat de Barcelona, o comedor social?

¿No tenéis ni un duro? El comedor de la facultad de letras tiene para vosotros una oferta que no podréis rechazar. Bajad esas escaleras por las que descendisteis tantas veces. El bar está bajo tierra, pero el secreto vale la pena. Su plato combinado es un prodigio de ensamblaje variado: una ensalada verde que no está mal, lomo a la plancha generoso y digno, un 'slice' de tortillita de espinacas, patatas al horno e incluso verduritas salteadas. ¡Todo esto cinco euros! Una comida completa y bastante saludable, que está a años luz de la fritanga inmunda que te echaban en el plato cuando yo era parroquiano. No es para triunfar con una cita, pero os alimentará. Y quién sabe, incluso os podéis encontrar con aquel amigo repetidor recalcitrante, petrificado en la mesa de al lado.

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Eixample

Sergi de Meià: desayunos de cuchillo y tenedor de gourmet

Sergi de Meià tiene un restaurante con nombre propio, donde hace lo que ha hecho siempre: trabajar con una trentena de proveedores de confianza, km.0, para ofrecer cocina de autor con voluntad ecológica que él denomina “cocina absolutamente de proximidad”. ¿Platos espectaculares? Un cebiche de verduras excelente o cordero deshuesado con puré de pataca y tierra de hierbas sensacional. Si queréis probar sus espectaculares fogones sin quemar la VISA, la solución es ir a desayunar. De 9.30 a 11.30 h., su madre Adelaida dirige los fogones, para ofrecer almuerzos de cuchillo y tenedor con el nivel gastronómico de la casa: bacalao a la llauna, pies de cerdo, verdura de temporada con legumbres, y un capipota excelente, que justifica la visita, todo regado con vino y cava de la tierra. Con postres (probad el requesón), no pasaréis de los 15 euros.

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L'Antiga Esquerra de l'Eixample
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Mont Bar: un bar con I + D

El Mont Bar es una delicia: un bar de tapas donde puedes comer las mejores croquetas, ensaladilla rusa y bravas que te puedas imaginar, pero que también pone en acción una carta de cocina creativa, altísima imaginación y técnica espectacular, servida en un bar con musiquita, donde puedes relajarte y gritar. Y por si esto fuera poco, en el piso de arriba el Mont dispone de una cocina que hace de departamento de I+D, con un comedor privado. Si os reunís unos cuantos amigos y se lo pedís bien (la otra manera es ser habitual y amigos de la casa, no es difícil) podéis reservar la mesa del chef para que Ivan Castro os haga probar las locuras que se le pasan por la cabeza en forma de menú degustación. Y si solo sois dos, quizá incluso os harán comer en la cocina. Espectáculo asegurado.

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Bar Calders: tómate un Diputado

3 de 5 estrellas

Convertido en uno de los imprescindibles de Sant Antoni, en el bar Calders cuidan de vuestra economía. Por unos tres euros os servirán medio gin-tonic que tiene nombre propio: el Diputado (supongo que por el precio al que se sirve el trago en el bar del Congreso de Madrid). Quizá no es tan grande como el que se toman Margallo y cia, pero seguro que está hecho con más cariño.

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Sant Antoni
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Bar Brusi: callos universales

4 de 5 estrellas

El Brusi es uno de los escasos locales acogedores que quedan en los alrededores de la plaza de Sant Jaume (hace 50 años que está abierto, y por aquí han pasado todos los políticos que han mandado o han hecho oposición en la nave de mando de Cataluña). La dueña, Montserrat, lleva medio siglo al frente del negocio, cocinando lo que ella llama "callos a la catalana" (que no capipota), deliciosos y picantes. Tienen fama de ser de los mejores de Barcelona, hasta el punto que un ex cónsul polaco escribió una guía de la ciudad donde los recomendaba. ¡Acercaos a su olla y pedidlos!

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El Gòtic

Moments: cómete el 'skyline' con el café

4 de 5 estrellas
Recomendado

El hijo de Carme Ruscalleda, Raül Balam, consiguió la segunda estrella Michelin con este restaurante de hotel 'top'. Como el materno Sant Pau, el concepto es una impecable cocina innovadora pero muy catalana, con platos como el fricandó de ternera con setas o las gambas del Maresme con pétalos de tomate confitado, bouquet vegetal i piñones tostados. Producto máximo tocado de la mejor manera posible. Y si os regaláis una comida, al final os espera una sorpresa: con el café, en vez de serviros 'petit fours', os llevarán a la mesa un entretenimiento dulce que reproduce el 'skyline' de Barcelona, con todos sus edificios emblemáticos.

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Eixample
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Críticas y valoraciones

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