MalaFlama


Este recién llegado se atreve con un concepto de brasa pero diferente porque se trata de jugar a personalizar la barbacoa. Algo así como un formato híbrido entre restaurante y txoko (o club gastronómico), donde el cliente elige la pieza, la pone al fuego y la cocina él mismo a su gusto, con la ayuda del equipo experto si fuera necesario. Dispone de cinco salas privadas pensadas para grupos de hasta diez personas, si bien son interconectables para ampliar aforo, que están equipadas con parrillas profesionales. Sí, en las salas se puede ver el fútbol. El lugar apetece, además, al estar bien resuelto el interiorismo a base de madera, bambú y arcilla.
El corazón de la carta, en su parte participativa y do it yourself, son las carnes premium de origen nacional que resultaron ganadoras varios años del World Steak Challenge. Pero también se pueden degustar quesos, embutidos y conservas. Y pedir cualquiera de sus 50 referencias de vino, porque no falta una bodega en condiciones. O incluso comprar en su boutique gourmet para seguir en casa la degustación.


















