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Los mejores puestos de mercados para comer y tapear

Nuestros mercados llevan tiempo transformando su identidad. Cierran los puestos tradicionales para reabrir convertidos en locales de hostelería. Escogemos algunos de nuestros favoritos

Bajarán las temperaturas. Se multiplicarán los días lluviosos. Y los hijos de tus amigos siguen siendo pequeños (unos necesitan espacio para jugar, otros necesitan la ilusión de seguridad  o un espacio para el carrito). Así que… adiós terrazas, hola mercados. Te proponemos algunos de los puestos que nos han hecho felices en los últimos meses (en algún caso, años incluso), rincones por los que nos gusta pasar a menudo, donde las actitudes y las dinámicas son menos rígidas que en un restaurante al uso pero donde la comida, disfrazada de cotidianidad e informalidad, es igual de apetecible.

El boom de los nuevos mercados es una realidad ‘in crescendo’. En las plazas de abastos de la ciudad la restauración va ganando cada vez más terreno a los comerciantes de toda la vida. Entre todas las variantes –y no hablamos de las bombas, lagartos y cohetes de nuestro querido puesto 28 del Mercado de Vallecas que se nos hace la boca agua-, preferimos, claro, aquellas que mantienen un equilibrio saludable entre viejos y nuevos inquilinos.

Por eso, aunque es un fijo tras las compras por Malasaña, hemos obviado el Mercado  de San Ildefonso o el Mercado de Moncloa, ambos dedicados (casi) exclusivamente a la hostelería. Tampoco vamos a descubrir otros como el Mercado de San Antón (Chueca), uno de los pioneros de esta metamorfosis, o el cazaturistas Mercado de San Miguel, donde un barniz hipnótico baña cada artículo. Al margen se ha quedado la vertiente más eco/km0 de la que El Huerto de Lucas o Mamá Campo (más tienda que mercado) son dos ejemplos espléndidos.

Vamos, que con los que no están se puede hacer otra lista. Y aún podríamos hacer otra con los puestos (Yokaloka, Donde Sánchez, Rocklette, Asadero Miguel Angel, Exargia, Botanique…) por los que solemos dejarnos caer de vez en cuando. Pero teníamos que hacer una –a razón de un mercado, un puesto- y es esta.

Pasta Mito - Mercado de Chamartín
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Pasta Mito - Mercado de Chamartín

Conviene reservar si quieres comer aquí entre semana. Disponen de pocas mesas y el menú diario (pasta + carne/pescado + postre/café) posee ese punto de elegancia sencilla donde se nivelan lo casero y una materia prima excelente. En ese espacio culinario su cocinero lo borda y el servicio es amable, formal, cercano. Si no trabajas/vives por la zona, una botella de vino del Friuli, su burrata y un plato de pasta siempre son un buen plan para el sábado al mediodía aunque también puedes acabar la compra del finde tomándote un spritz acompañado de un plato de antipasti al gusto. Aparte de los platos que sirven y preparan al momento, diariamente hay varias opciones para llevar: lasañas y entrantes según temporada (de caponata a su versión de boquerones en vinagre), berenjena alla parmigiana tiramisú, panacotta… En la tienda, el mostrador y las baldas lucen tentaciones irrenunciables. Pasta seca o rellena (espectacular la de burrata), embutidos, vinos, salsas, quesos…  Si te asomas por este puesto, donde siempre hay una porción de pizza o una tarta esperando, no te irás de vacío. Y harás bien.

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Chamartín
Kitchen 154 - Mercado de Vallehermoso
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Kitchen 154 - Mercado de Vallehermoso

Si te gusta el picante, no busques más. Si persigues la cocina street food asiática, aquí hay un candidato de primera. Si te van las barras moviditas, ya tienes una (aunque también puedes reservar mesa). Música, wok en llamas, huevo a baja tempura, manos moviéndose rápido, abre la arrocera, cierra la arrocera y mucha complicidad en este puesto del Mercado de Vallehermoso. Gente apasionada y entregada. Si el ánimo inmejorable de sus responsables no te levanta el día, lo hará su merluza a la pimienta negra o sus costillas coreanas. En la pizarra lucen media docena de platos muy bien resueltos, equilibrados, en su punto de cocción o de asado. Además no tienen que irse lejos si les falta cilantro o carne para el día siguiente; sus proveedores regentan el mismo mercado. Garantía de producto fresco para el cliente. Y lo que no encuentran ahí lo buscan en otro sitio pero siempre de origen nacional. Creaciones sabrosas, algunas icónicas pero reinterpretadas a su manera, presentaciones agradables y precios que dan risa. Si después de todo esto prefieres sentarte en el salón de tu casa, te lo preparan para llevar. No extraña que se llene cada vez que levantan la persiana.

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Chamberí
Casa Dani - Mercado de la Paz
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Casa Dani - Mercado de la Paz

El goteo desde primera hora de la mañana hasta que cierran es constante y entre su clientela hay oficinistas de traje, gente (bien) del barrio y currelas de toda índole. Es un local realmente grande en el Mercado de la Paz pero en su comedor no cabe un alfiler al mediodía. Merecida recompensa a un trabajo constante durante tantos años. La pizarra de su menú diario (que es de los que SÍ cambia a diario) tiene todo eso que le pides a un restaurante familiar y castizo: lentejas, potaje, callos (segundo gran hit de la casa), sopa de cocido, judías verdes, gallo plancha, escalope milanesa, albóndigas en salsa, filete de hígado… El ambiente, el trato, el buen hacer de la cocinera son ya suficientes motivos para venir. Pero es que además en la barra, salvo que vayas a última hora, nunca falta su tortilla patata, una de las mejores de la ciudad. Un buen pincho y una caña = fe-li-ci-dad.

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Barrio de Salamanca
Lily - Mercado de los Mostenses
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Lily - Mercado de los Mostenses

La cocina chifa pocas veces fue tan real. Al otro lado de la barra un hombre peruano (sirviendo) y una mujer china (cocinando). El negocio, que descubrimos hace ya varios años, empieza a recoger sus frutos. La clientela, mayoritariamente sudamericana, ya no se reparte sólo entre las escasas mesas junto a la barra de este puesto del Mercado de Mostenses. Han ampliado su espacio con otro comedorcito aledaño. Bueno, bonito y barato. Vale, bonito no es y tiene la tele siempre encendida pero ellos son simpáticos, las raciones son generosas y no encontrarás un ceviche de corvina por esos precios en toda la ciudad. Tampoco encontrarás, con tanta cocina fusión compitiendo ahora mismo, esa falta de pretensión/necesidad de epatar. No es que preparen platos auténticos, es que no saben hacer otra cosa. Resulta tan de andar por casa (todo, vajilla incluida) como sabroso. Arroz chaufa, sopa wantan, ají de gallina, tamales... Para beber, ¿qué tal si pruebas la chicha morada? Nota: Si vas tarde a comer y ves cerrada la entrada principal, no te cortes, llama al timbre y espera.

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Malasaña
La Saletta - Mercado de Antón Martín
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La Saletta - Mercado de Antón Martín

Si al otro lado de la barra y en la cocina todos hablan italiano y en las mesas hay italianos, no hay duda. Sentarse en este pasillo del Mercado de Antón Martín no defrauda. Vale, no tienen horno de leña pero sus pizzas, además de buenos precios, tienen un buen tamaño, resultan sabrosas y son casi una veintena las opciones para elegir. Al plato estrella, le suman un puñado de ensaladas y raciones heterogéneas y suculentas que van de la porchetta romana (de óptimo punto) a la tarrina de provola y tomate seco. Grandes clásicos transalpinos bien llevados (incluid aquí tiramisú y cannolo siciliano). Igualmente atractiva es su bodega, que muda de etiquetas periódicamente. No os perdáis los platos que bailan con la temporada (ahora mismo risotto con boletus y trofie boscaiola). Una fiaschetteria en progresión ascendente; no lo decimos nosotros, lo dice el nuevo espacio con el que se han hecho para cubrir toda la demanda. Apunta esto: los viernes a las 19.30 preparan un estupendo spritz por 2,5 €. A ver quién dice no recién salido del curro y con todo el finde por delante.

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Lavapiés
Gaditaun - Mercado de San Fernando
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Gaditaun - Mercado de San Fernando

Es una de las últimas incorporaciones del Mercado de San Fernando. Desde una esquina, como el territorio al que representa, su agradable y esforzada responsable sirve tapas de carne mechada y raciones de morcilla de la sierra (de Cádiz), un exquisito paté de mojama, varias conservas y salazones y… un queso payoyo que no puedes irte sin probar. Una selección cuidada, de pequeños productores. En el plato no te faltarán ni picos ni regañás. Para regarlo todo nada mejor que su oloroso (o una manzanilla) de Delgado Zuleta. Si aún no has entrado en los vinos de Jerez, también tiene un par de tintos y un blanco de Forlong, una bodega que trabaja por recuperar en ecológico la tintilla de Rota. En este pequeño rincón no solo puedes hacer una parada gozosa, también quizás aprendas algo. Un consejo: no esperéis al fin de semana, acercaos entresemana. Se está muuuuucho más a gusto y se come lo mismo.

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Lavapiés
La Chispería - Mercado de Chamberí
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La Chispería - Mercado de Chamberí

Esto no es un puesto. Son ocho bajo un mismo nombre (concretamente 6 + 2 oportunas extensiones; con café y tartas caseras en uno y cañas a gogó en el otro). A este baile gastro lo han llamado cocina mastiza (castiza y mestiza). Aquí puedes venir cualquier día a tomarte  vermú/vino madrileño y unos torreznos de Soria (El rincón de Lupe) o entregarte a un mix de tacos y quesadillas que se salen de lo canónico (La valona). Entre los nuevos nombres, se instalado un conocido del barrio. La exitosa taberna andaluza Lambuzo tira sus redes de pescaíto frito y delicias gaditanas en el renovado corazón del mercado (que sigue latiendo cuando el resto de puestos echa el cierre y donde puedes combinar fútbol y cena con amigos; hay una televisión tan gigante como respetuosa con los no futboleros). También los responsables de Tiradito se han sumado al proyecto con una versión callejera de su restaurante peruano. En Chambí sirven sanguches (ineludible el de chicharrón criollo), buns y otros platos mayores. Hay pizzas, samosas, costillas BBQ en Foodlabs y una merluza a la brava (en El loco Antonelli) que hacen honor al nombre del local porque menuda idea la de juntar la salsa de unas bravas y cambiar las patatas por finos tacos de merluza. Pero no sólo sale indemne sino que apetece repetir.

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Chamberí

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