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Ahora más que nunca, #CulturaSegura

Ayuntamiento, Generalitat y Gobierno central deben mostrarse decididos a salvar la cultura. Empezando por permitirles hacer, de una manera segura, los espectáculos en vivo

María José Gómez
Directora, Time Out Barcelona
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Quien haya ido a cualquiera de los espectáculos de las Nits del Primavera, del Cruïlla XXS, de la Sala Barcelona, ​​del Grec y otros eventos culturales en época de la Covid-19 sabe que han cumplido al pie de la letra con todas las medidas de seguridad que se pactaron previamente con las autoridades. El público se sienta en el lugar asignado, con la suficiente separación para dos elefantes entre asistentes y las mascarillas puestas. No es nuestro ideal de concierto, de obra de teatro o de sesión de cine, pero aún así se acepta y respeta, porque ninguno de los asistentes quiere renunciar a la cultura. Tampoco quieren renunciar los músicos, los actores, los programadores, ni ninguna otra pieza del engranaje del sector cultural, que ha preferido ganar menos para continuar trabajando e insuflar vida a un sector muy tocado. Sin saber números, intuimos que, como mucho, deben llegar a hacer tablas.

Nos enfrentamos a una pandemia sin precedentes. Hay que tomar medidas, muchas veces dolorosas. Esta crisis dejará muchas heridas. Las peores, las personales: las de la gente que ha perdido seres queridos. También económicas. Creo que todo el mundo es consciente. Pero es muy difícil de justificar y aún más de tragarse que sea más necesario ir a la playa que asistir a un concierto al aire libre. O que sea más peligroso ir a ver una obra de teatro que a cenar en el interior de un restaurante. Que puedas embutirte en el metro en hora punta, pero no puedas ver un espectáculo en pequeño formato en un ambiente controlado. Puedes ir a hacerte unas mechas, pero si tienes que elegir entre ver un recital de poesía o quedarte en casa, mejor no salgas.

El mensaje es aterrador: la cultura es prescindible, un capricho al cual se puede renunciar (en este caso, 'se debe' renunciar). El sector está enfadado, decepcionado y muy preocupado. Y no le faltan motivos. Sin el apoyo del público no sobrevivirá, pero sobre todo, ahora, necesita el apoyo firme de los gobiernos: Ayuntamiento, Generalitat y Gobierno central deben mostrarse decididos a salvar la cultura. Empezando por permitirles hacer, de una manera segura, los espectáculos en vivo. El sector y nosotros los necesitamos más que nunca.

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