Más allá de Salou, Cambrils, PortAventura, el Delta de l’Ebre y el conjunto arqueológico romano de la capital, la provincia de Tarragona esconde un buen puñado de pueblos costeros y de interior cargados de historia. Calles empedradas, iglesias, catedrales, monasterios, murallas y plazas que parecen detenidas en otra época se suceden por el territorio, a menudo acompañados de paisajes y miradores espectaculares. Sin embargo, el atractivo de esta región del sur de Cataluña va mucho más allá de su patrimonio histórico.
Naturaleza y gastronomía
En los alrededores de estos pueblos también encontraréis parajes para perderos y disfrutar de la naturaleza: desde las largas playas de arena y las calas rodeadas de pinares de la Costa Daurada hasta parques naturales perfectos para practicar senderismo y escalada, pasando por los arrozales, las lagunas, las dunas y los canales del famoso Delta de l’Ebre. No extraña a nadie que la provincia catalana más sureña cautivara e inspirara a artistas como Picasso y Miró.
Y, por supuesto, hay que dejar sitio para comer. Pescado fresco, platos tradicionales como la escalivada y los calçots, además de los vinos del Priorat, forman parte de una gastronomía que también explica la personalidad de esta provincia.
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