Galván, chef formado entre Madrid y Japón (fue alumno de MOM Culinary en ambos casos), nos recibe con un otoshi, ese platillo de bienvenida típico de Japón que en nuestro caso consistió en un pepino cortado en bastoncitos que se acompañaba de miso de cebada (ellos lo llaman Morokyu), un refrescante bocado que se antoja perfecto para dipear e ir abriendo boca en estos días calurosos (ahí fuera se están rondando los 40 grados). Seguidamente, aterriza en la barra el Tsukemono Moriawase, que es el surtido de encurtidos que, sí o sí, estás obligado a pedir porque es uno de los puntos fuertes de la propuesta. La otra opción es pedir los que te apetezcan por separado, pero sería una pena no probarlos todos, ya que están perfectamente equilibrados y juntos forman un festival de texturas maravilloso.
Igual que pasa con los restaurantes italianos, hay un japonés para cada momento y para cada bolsillo. Y hay mucho más que sashimi y nigiri en la gastronomía nipona. Os dejamos restaurantes donde disfrutar de un contundente ramen o un delicioso katsu sando pero también espacios donde entregarse a propuestas más creativas, más fusión, a un menú omakase o a esa espectacular barra de sushi donde darse todo un homenaje gastronómico.
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