Jo faig el carrer. Joan Colom, fotografies 1957-2010

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Jo faig el carrer. Joan Colom, fotografies 1957-2010

"Yo hago la calle. Con mis fotografías busco ser una especie de notario de una época". Con esta declaración, el nonagenario Joan Colom (Barcelona, 1921) define una afición intermitente por lo pasara a la historia de la creatividad catalana: el reportaje fotográfico.

Colom se inició en la fotografía poco después de casado, en 1957, y abandonó la practica en 1964. En la década de los 80, con la recuperación del autogobierno y la bastida de un aparato cultural propio, Colom fue "institucionalizado" y archivado en el cajón de la llamada generación de la "nueva vanguardia", junto a Ricard Terre, Xavier Miserachs o Ramon Masats.

Colom retomó la fotografía en la década de 1990, pero de este periodo no sabíamos casi nada. En 2012 dio su archivo al MNAC, y ahora este museo que conserva mil años de nuestro patrimonio artístico, después de procesar y estudiar más de mil items, nos entrega una gran exposición retrospectiva que da a conocer por primera vez la totalidad de la su obra, con numerosas imágenes inéditas e interpretaciones históricas y contextuales de su trabajo.

Dicho esto, permitidme que opine que la exposición es, tal vez, demasiado extensa. Que hay demasiados fotografías, a veces demasiado parecidas entre ellas, y que este hecho que no se está de más en una publicación –esperamos el catálogo– puede perjudicar si abarrota paredes y pasillos. ¿Valoraremos mejor la obra de Joan Colom para conocer 500 buenas fotos en lugar de 200? Hemos pasado de un extremo, conocer siempre las mismas 30 fotos de la vida prostíbulos en el Raval de los 60, a saturar el ojo con mas de diez veces esa cifra.

Fantástico descubrir los inicios de Colom, con marineros ociosos y procesiones religiosas, su paso por el grupo El Mussol, las célebres instantaneas del Raval –ocultaba la cámara bajo la cintura, o sea, disparaba con el sexo–, el intento de profesionalizarse como reportero de prensa grafica y la reanudación 30 años después con imágenes de la Rambla y la Plaza Real. Una reanudación sórdida que no desmerece el pintoresquismo de los inicios de la década de 1960, que nos refresca la memoria sobre la permisividad urbana, las tribus de alcohólicos, exhibicionistas y prostitutas que pueblan la nueva realidad global barcelonesa, en resumen, la prueba del nuevo que, por muchos años que pasen, hay zonas de la ciudad que conservan un exceso de condición humana.

Por Ricard Mas

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