Leiro. Esculturas

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Leiro. Esculturas
JOSE CHAZO VEGA

Corren 'malos tiempos para la lírica', como cantaban Golpes Bajos en 1983. En el mundo del arte actual estamos en medio del agit-prop postsituacionista con sentimiento de culpa anticapitalista, mortificación y ciclostil... y el 'épatismo' espectacular de los hijos del pop, que van directamente de fábrica a casa del coleccionista, después de una breve estancia en la subasta. El arte debe brillar hasta dejarnos ciegos.

Y aquel 1983, en la provincia de Pontevedra donde cantaba Golpes Bajos, exponía con el grupo de Atlántica un joven Francisco Leiro. No debían de ser tiempos para la lírica, pero con ARCO recién nacido, el panorama era bastante lúbrico. El norte peninsular siempre ha sido más escultórico que el sur. Piedra y madera, druidas, 'meigas' y megalitos. Mejor el cincel que el pincel. Y una conexión periódica con lo más esencial, más animal, del hombre. Lo que habíamos confundido con el primitivo. Hombre y naturaleza sin intermediarios, como propugnaban los expresionistas alemanes a finales del 1900.

Pero al hombre le sacas la civilización y el resultado no es idílico. Nos lo explica Leiro con una decena de esculturas talladas en madera. Dejando las vetas a la vista, con policromía –la escultura debería tener siempre policromía, la estatuaria clásica tenía pero la perdió con los años y de ahí la chapuza actual–, sugiriendo mucho más de lo que se ve en un primer vistazo.

Podríamos distribuir las esculturas de esta muestra en tres grupos. Uno, con la pieza central, de título 'Distraído': una figura humana cae en las llamas. Unas llamas creadas con madera procedente de plataformas marinas, con una textura muy especial, por sugerirnos la inevitabilidad del destino. La acompañan 'Lázaro 3' y 'Lázaro 5', dos visiones de un hombre que carga un maderamen, quien sabe si la tapa de la tumba que relata el primer pasaje bíblico de resurrección. El segundo bloque lo componen dos parejas humanas conversando –'Monteagudo 1 a 4'–. Ofrecen hieratismo y una cierta visión lateral, como algunas esculturas arcaicas, pero podrían estar perfectamente articulando una sacra conversación del tipo que eliminó la Contrarreforma. En fin, el tercer bloque, compuesto por tres viñetas con escenas bucólicas: 'No brexo ', 'En Mourente' y 'Vizoso', relativo a las tareas del campo.

Sí, son malos tiempos para la lírica. Pero la lírica es inherente a la condición humana, y algunas de las esculturas de Leiro son más humanas que algunos humanos... a pesar de la madera.

Por Ricard Mas

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