Cinco horas con Mario

  • Teatro

De: Miguel Delibes. Dir: Josefina Molina. Con: Natalia Millán.

Miguel Delibes es uno de los grandes escritores en lengua castellana por la riqueza de su vocabulario así como por la precisión en las descripciones del alma y el comportamiento humano. 'Cinco horas con Mario' fue uno de los grandes éxitos teatrales hace más de veinte años en la voz de Lola Herrera y , cosas del destino , vuelve ahora al Goya Codorniu en una nueva producción descafeinada. Detrás de los textos de Delibes siempre hay una contextualización de una época nada caprichosa , crítica muchas veces con el orden social , y muy adecuada para descubrir los paisajes humanos del momento.

En 'Cinco horas con Mario', Delibes propone una conversación entre la viuda Carmen Sotillo , una reaccionaria sin mucho cerebro , y su marido Mario , un catedrático de instituto algo progresista , fallecido a los 49 años de un infarto. Y decimos conversación porque aunque la única que habla es la viuda, le habla a él. El muerto , dentro del féretro y, al final , incluso le pedirá que la comprenda. El texto no ha envejecido muy bien, pero la puesta en escena lo hace aún más lejano, menos persuasivo , menos emotivo . El único cambio apreciable es el de la escenografía y la iluminación. Una escenografía que huye del realismo que define un espacio más abstracto , más conceptual como para reivindicar la actualidad del discurso. Un error notable para crear la atmósfera necesaria y que no ayuda nada al espectador a entrar en el relato que debería ser íntimo , casi al oído .

El mural violeta del fondo del escenario da miedo y el féretro convertido en un pieza de cartón piedra está colocado de tal manera que no sabemos a dónde tiene los pies el difunto ni donde tiene la cabeza. Y esto es básico , porque la viuda se dirige a él , lo mira a menudo , le habla y , la verdad , no creemos que hable con los pies del muerto . Puede parecer una cuestión nimia, pero no lo es . Desconcierta y no ayuda a la actriz a establecer la relación con el difunto. Los cambios de luz sin ton ni tampoco juegan a favor de la puesta en escena de Josefina Molina , ni a la inmersión de Natalia Millán en un texto de hora y media que tiene pequeños giros , del llanto a la risa, un ritmo y una cadencia que debe enganchar al espectador.

Millán ha hecho suya la señora Sotillo y poco a poco supera todos los inconvenientes de la puesta en escena y termina poniéndose el público en el bolsillo , aunque la suya es una interpretación convencida pero convencional