Montenegro. Comedias bárbaras

Teatro
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Montenegro. Comedias bárbaras
Montenegro. Comedias bárbaras

De: Ramón del Valle-Inclán. Versión y dirección: Ernesto Caballero. Con: Fran Antón, Ramón Barea, Ester Bellver, Javier Carramiñana, Francesco Carril, Bruno Ciordia, Paco Déniz, Silvia Espigado, Marta Gómez, Jorge Kent, Carmen León, Toni Márquez, Mona Martínez, Rebeca Matellán, Paco Ochoa, José Luis Sendarrubias, Juan Carlos Talavera, Janfri Topera, Alfonso Torregrosa, Yolanda Ulloa, Pepa Zaragoza.

Relacionar belleza con funcionalidad no lo inventó la Bauhaus. Ya lo defendía hace dos milenios Vitruvio. Después llegaron los contestatarios –desde los románticos a los simbolistas– que apostaban por el absoluto libertario de lo bello. Lo que casi nadie ha apadrinado es que el artificio anule la belleza preexistente. Ese el enorme problema de la versión de las 'Comedias Bárbaras' de Valle-Inclán que ha perpetrado Ernesto Caballero. 'Montenegro' ha titulado su adaptación de la trilogía.

El diluvio modernista de la palabra del autor no requiere una tormenta de imágenes preñadas de supuesto simbolismo, con un tremendismo lírico-estético que sólo unos pocos han sabido cómo sobrellevar y transformar en placer escénico. Quizá sólo Francisco Nieva y su “teatro furioso”. El conjunto –aunque el mismo concepto se violenta ante la incoherencia de las iconografías– respira modernidad trasnochada. Una mirada estética que ya en los 80 estaba a punto de ser superada.

El montaje incorpora regionalismos, guiños a la tragedia griega, teatro físico, evocaciones shakespearianas (el patriarca empujado a ser un proto-Lear, Sabelita travestida de Ofelia victoriana), detalles de farsa; todo lo imaginable para que de Valle-Inclán quede en una sombra lejana. El autor tiene pocos momentos para imponerse a la feria de imágenes, pero cuando lo hace muestra su potencia original. Son escasos minutos y entre estos los más destacados los ocupados por el encuentro (la escena de la expiación) entre Sabelita y Doña María. Intimidad desnuda y potencia interpretativa de Rebeca Matellán y Yolanda Ulloa. Lo demás –incluido el desgaste actoral de Ramón Barea como Don Juan Manuel Montenegro– un delirio estéril.

Por Juan Carlos Olivares

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