Salón primavera

Teatro
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Salón primavera

De: Lluïsa Cunillé i Paco Zarzoso. Dir: Lola López. Con: Mafalda Bellido, Lola López, Blanca Martínez, Toni Sancho, Paco Zarzoso.

'Salón Primavera' es un juguete dramático compartido por Lluïsa Cunillé y Paco Zarzoso. La habitación de juegos que han imaginado puede tener muchas encarnaciones (burdel, cabaret, centro aragonés, bingo, cine, hospital de guerra, cárcel franquista, salón de baile y estudio de pintores post-impresionistas), pero es en cada una de ellas el espacio para rendir homenaje al melodrama. Aunque parece escrito a cuatro manos por una tan interesante como improbable colaboración entre Ionesco y Dürrenmatt, eso es sólo escritura. Una expresión surrealista –la clienta (Mafalda Bellido) como principal defensora– para comunicar la pasión desatada del más puro melodrama popular, el que alcanzó su cenit en el Hollywood de los cincuenta, contaminado géneros como el western: “miénteme, dime que me has esperado todos estos años” bajo la luz encendida de un árido paisaje del oeste.

Cunillé y Zarzoso (en funciones de portero en este montaje) son los autores visibles. El latente es Philip Jordan, el guionista de 'Johnny Guitar' de Nicholas Ray. El “Salon Primavera” es el “Salon Vienna”, el reino crepuscular de Joan Crawford. No es una suposición. La arrebatada banda sonora de Victor Young es omnipresente, los diálogos de Jordan se apoderan de los personajes como si entraran en trance, y la caracterización de la dueña (Lola López) es inequívoca. ¿Simple apropiación de un material de primera? Es más una reinterpretación –muy libre– de un estado emocional. Casi en la línea de Rainer Werner Fassbinder. Nombre imposible de obviar cuando se contempla la relación estética entre la dueña y la camarera (Blanca Martínez), clavadas a las protagonistas de 'Las amargas lágrimas de Petra von Kant'.

Ray y Fassbinder podrían resumir la corriente principal de este espectáculo, pero en sus afluentes hay espacio para el gran gesto del cine mudo, la zarzuela cómica ('La Gran Vía') y las reconstrucciones históricas. El alcalde Santos Santos (Toni Sancho) es poseído por Sterling Hayden para luego trasmutar en Alfonso XIII en horas bajas y exiliadas.

La dirección de Lola López es dubitativa –contagiada a las interpretaciones–, aunque sabe cómo unificar la disparidad de elementos que recorren la obra para crear una atmósfera compacta que trasmite el juego de los autores. Lástima que la compañía no cuente con más medios y un mejor diseño de luces. Este texto luciría impresionante con una producción más cuidada.

Por Juan Carlos Olivares

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