Yerma

Teatro
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Yerma

De: Federico García Lorca. Dir: Miguel Narros. Con: Silvia Marsó, Marcial Álvarez, Chema León, María Álvarez, Eva Marciel, Roser Pujol.

La versión de Miguel Narros de 'Yerma' logra un imposible: dudar de la intocable valía dramática de Federico García Lorca. Desnudo, sin los vestidos protectores de una buena dirección de escena y de mejores interpretaciones, el texto emana un preocupante olor a naftalina. Quizá siempre estuvo ahí y no quisimos percibir el olor a poesía marchita. Tuvo que ser Narros el que nos excitara la pituitaria para mal. Sólo la voz ausente de Enrique Morente la calma y evoca el Lorca del 'quejío' puro.

El montaje –uno de los últimos de Narros– posee un primer tramo que parece deudor del preciosismo de Strehler: exquisita iluminación y unos pocos elementos escenográficos escogidos por su impacto cromático y estético. También las interpretaciones se ciernen a un tono naturalista que tapan las limitaciones que luego se expondrán con insospechada violencia. Pero llega el tercer acto (la romería) y la precaria estructura de la suficiencia se desmorona. Hace mutis el naturalismo y entra el simbolismo mal digerido. Un cruce grosero entre Nieva y Tàvora. Las pasiones se desatan y las actuaciones se desmadran. Un aquelarre de actores y actrices perdidos en sus peores defectos.

Lo más justo para todos ellos es omitir sus nombres. Pero 'Yerma' tiene una protagonista absoluta y una actriz que acepta esa responsabilidad. Narros pensó que Silvia Marsó reunía las cualidades necesarias para cargar con el personaje. Ella respondió –y responde todavía– con desmedida entrega, con exagerada entrega de una actriz de cine mudo. Histrionismo añejo que ni siquiera gastaba la Xirgu. Y así la producción se desliza hacia la parodia de un Lorca de Serie B. Un cuento de terror –pero sin su encanto– de Roger Corman, con la Marsó poseída por el espíritu de Ligeia.

Por Juan Carlos Olivares

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