[title]
Barcelona salía a la carrera con dos estrellas Michelin perdidas por adelantado: el Oria de Martín Berasategui, cerrado por reformas en el hotel Monument –y que reabrirá esta primavera– y el Teatro Kitchen & Bar, que bajará definitivamente la persiana el próximo 21 de diciembre porque así lo ha decidido su nueva propiedad. Y desde la gala de la Guía Michelin 2026 para España, esta pérdida se ha compensado automáticamente: por la parte baja de las Michelin, la capital de Cataluña gana dos restaurantes con una única estrella, su primera.
Estos son Kamikaze de Enric Buendía y Scapar de Koichi Kuwabara, dos restaurantes de fortísima influencia asiática (de hecho, Scapar es un menú omakase a cargo de un chef japonés). Por su parte, Kamikaze –aquello de taberna ha caído por el camino– es un restaurante de cocina de autor con un elevado influjo del sudeste asiático, sobre todo nipón. Aquí vemos que la influencia de Elbulli en la alta cocina sigue siendo inmensa: la Michelin ha premiado en Barcelona la visión del sudeste asiático de Ferran Adrià; por un lado, Kuwabara fue discípulo de Albert Raurich en Dos Palillos, el principal diseñador de la visión japonesa de ElBulli, con el permiso de Ferran Adrià. Por el otro, Buendía pulió su inspiración, sosegada y minimalista, en Disfrutar, el restaurante donde trabajó antes de iniciar el proyecto Kamikaze con Aristides Ribalta.
Y ya que hablamos de ElBulli, cabe decir que el gran triunfador en Barcelona ha sido Albert Adrià, con una merecidísima segunda estrella para Enigma, su gran proyecto personal; después del descalabro de la pandemia, Adrià puso toda su fuerza creativa en Enigma, un restaurante totalmente comprometido con una visión creativa arriesgada y a la vez juguetona de la vanguardia, un sorbo largo de minimalismo virtuoso que exige la atención plena del comensal. "Ha sido una sorpresa recibir la segunda estrella, muchas gracias, realmente no me lo esperaba", han sido las lacónicas palabras de Adrià (la guía francesa le ha negado la segunda distinción en tantas ediciones que realmente no debía llevar un discurso preparado).
También han triunfado el Aleia de Rafa de Bedoya y Pablo Airaudo y Mont Bar, con Francisco José Agudo en los fogones, que pasan a engrosar el exclusivo club de las dos Michelin, la sala de espera del Olimpo. Este año, la guía francesa ha sido generosa con Cataluña: ¡casi todas las nuevas dos estrellas son de restaurantes catalanes! Y en todos los formatos y estilos: la guía premia el minimalismo japonés, la cocina mediterránea, la herencia bulliniana -según Ferran Adrià, Enigma es lo más similar a ElBulli donde se puede comer hoy- y el formato de bar gastronómico del cual Mont Bar es el máximo exponente.
Muy concentrados en la capital, eso sí. El único movimiento Michelin fuera de Barcelona en Cataluña ha sido la segunda estrella de La Boscana, en Bellvís (Lleida). Y el único chef premiado con la segunda estrella fuera de Cataluña es un catalán, Ramón Freixa. En las tres estrellas no ha habido novedades, pero tampoco mal rollo: ninguno de los restaurantes con el máximo galardón ha tenido el tropezón que suele preceder la fatídica caída.
Y una obviedad; en lo que respecta a la alta cocina, la afirmación de la superioridad de la escena de restaurantes de Madrid por encima de la de Barcelona es un mito: Barcelona gana tres nuevos biestrellados, y Madrid uno.

