Manero Marqués de Cubas
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Restaurantes románticos para San Valentín: dónde sorprender con una cena especial en Madrid

Te dejamos varias direcciones tanto si buscas un espacio íntimo, un local de moda o esa mesa especial

Gorka Elorrieta
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Cada pareja es un mundo. Pero cuando se sale para celebrar (San Valentín o lo que sea) siempre se busca agradar, sorprender, emocionar, que sea un momento de disfrute mutuo. Habrá quien reserve un sitio en la mejor barra de sushi de la ciudad y quien busque un lugar donde mande cierta penumbra e intimidad, habrá también que quiera sorprender con las mejores vistas de Madrid al atardecer y quien quiere empezar esta noche festiva en el último restaurante de moda... Para todas esas parejas (o como cada uno entienda el amor), hemos seleccionado un buen puñado de restaurantes que nos parecen infalibles (y, por supuesto, siempre con un espléndido nivel culinario). El escenario está servido... Hacerlo aún más especial corre de vuestra parte. 

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Restaurantes para una cena romántica en pareja

  • Francesa
  • Chamberí
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

A pesar de la ausencia de mantel en las mesas, los elementos decorativos, la presentación de los platos y el servicio, atento y eficiente, elevan la sala y hacen que el ambiente final resulte más formal de lo que en principio pudiera parecer. Con el chef Romain Lascarides a la cabeza en la cocina, la identidad culinaria de Allégorie se trabaja desde la raíz francesa, pero sobrepasa los clásicos en una propuesta con carácter propio. Con la salsa como elemento central de atención y pilar desde el que se trabaja la concepción de cada plato, el cocinero de origen alpino hace confluir los ingredientes en elaboraciones bien equilibradas, que juegan con la textura y resultan originales. La temporada es, además, una de las claves que distingue su cocina, particularmente del lado vegetal.

  • Almagro
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

Son argentinos, toda la propuesta gira en torno al fuego, pero Gurisa no es una parrilla argentina. O, al menos, no es el tipo de parrilla argentina en la que estás pensando. Pero vayamos por partes. Para entender esta historia hay que remontarse más de una década atrás, que es cuando Lucas Bustos y Agustina Vela comenzaron a liderar proyectos gastronómicos que estaban muy ligados al mundo del vino y de las bodegas. De todos ellos sigue en pie La Tupiña, un restaurante en Mendoza que está rodeado de viñedos y rinde homenaje a un local del mismo nombre que fue fundado en Burdeos en 1968; y el Gurisa original, que se encuentra en José Ignacio, un pueblecito muy cerca de Punta del Este, y solo abre durante los dos meses de verano.

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  • Madrid

Uno de los restaurantes que más elogios ha cosechado en Barcelona entre clientes y profesionales del sector, recala en el elegante hotel Santo Mauro no para ponerlo patas arriba pero sí sin perder la esencia más desenfadada y carismática con la que el extraordinario trabajo de Rafa Peña se ha convertido en un "must" culinario en la Ciudad Condal. Peña cambia de escenario pero no de registro y ese juego entre sus platos y la cubertería clásica de plata nos resulta de lo más interesante y prometedor.  Aún así ofrece dos ambientes bien diferenciados. Por un lado, en La Biblioteca Gresca la balanza cae del lado del hotel con un ambiente marcadamente más noble, más pausado, más recogido donde entregarse a la dinámica cocina de mercado de Peña, mientras que la vertiente más "casual" impera en su wine bar  instalado en los salones recientemente actualizado y en el precioso jardín centenerario que atesora este exclusivo alojamiento. 

  • Española
  • Barrio de Salamanca
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

El verano en la ciudad llegó con una fuerte apertura que vino a mover más si cabe el panorama de la hostelería madrileña. En realidad, es la de alguien que nunca se ha ido del todo, la de un Ramón Freixa cada vez más de aquí que en su nuevo proyecto se acuerda de los orígenes; sobre todo, de los suyos en su Barcelona más rural. En la misma dirección del barrio de Salamanca, calle Velázquez con Jorge Juan, abre dos cocinas independientes y diferenciadas. Por un lado, la de Ramón Freixa Atelier, con varios menús degustación, para los que quieran reencontrarse con el Freixa continuador de lo que hacía en el hotel Único. Un espacio más lujoso pero también más moderno de mesa única frente al chef. Por el otro, Ramón Freixa Tradición, más visible, con menos ataduras y horario ininterrumpido, el restaurante que os contamos como opción más “popular”. Un lugar abierto a platos reconocibles por todos y con recetas que nos suenan mucho más ahora por la ola revival. Al final es Freixa en toda su dimensión, desdoblado en tradición y vanguardia.   

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  • Barrio de Salamanca
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

Se suele decir que los restaurantes alojados dentro de hoteles son una rara avis dentro del siempre cambiante ecosistema hostelero. A menudo se les atribuyen adjetivos calificativos que vienen a poner en cuestión su originalidad, su tendencia hacia la ostentosidad o una relación calidad-precio que no termina de convencer a buena parte de ese público que sale a comer fuera con cierta regularidad. Pero ese no es el caso de El Patio de Claudio, el bistró mediterráneo “donde manda la ortodoxia francesa” que se ubica en la parte inferior del antiguo palacete madrileño donde el chef Ramón Freixa logró esas dos estrellas Michelin que espera revalidar de una tacada en su nueva ubicación. Seguramente, el mayor acierto de los propietarios del Hotel Único, en una de las zonas más codiciadas del Barrio de Salamanca, haya sido elegir al colombiano Mario Valles como director de orquesta. No solo por el hecho de que se ha curtido en grandes hoteles de París como el Four Seasons George V –estuvo trabajando en el triestrellado Le Cinq de Christian Le Squer– o en restaurantes como El Celler de Can Roca, sino porque es alguien que adora los hoteles y, lo más importante, le encanta trabajar en ellos. Y esto se nota en su manera de agasajar delicadamente al comensal, porque él considera que su trabajo consiste en hacerle disfrutar desde que entra por la puerta: “La cocina es adaptación. Nosotros estamos para servirle y para intentar, con las herramientas que poseemos, cumplir sus expectativas. Por eso siempre he sido contrario a los menús degustación y a las rigideces”.

Manero (Marqués de Cubas)

Pensado para impresionar. Eso es lo que buscó el empresario Carlos Bosch con este buque insignia de su bar sofisticado, y eso es lo que debe buscar quien quiera asegurarse una noche de blanco satén en el corazón noble de Madrid. El modelo hedonista de Manero eleva la apuesta al gran formato. Sin embargo, las dimensiones donde coleccionar experiencias, entre barra, reservados, piano o karaoke, hacen posible la presencia de tortolitos a su aire. 
Una vez acomodados en el recargado entorno del bistró, las distracciones se modulan. Moquetas, mármoles y travertinos, lámparas de terciopelo, telones, estampados florales y murales oníricos… Se conquista por el lujo del espectáculo visual, marca de Lázaro Rosa-Violán y Raquel Giménez, mientras que por el estómago le corresponde a un puñado de clásicos marca de la casa donde espera la obligada milanesa, alguna pasta y, ya que estamos, mucho caviar sobre lo que se antoje. Caviar con champán, que si no ya nos diréis qué se celebra. 

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  • Italiana
  • Chamberí
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

Toda vez que ya levantamos acta del primer impacto (positivo) de Manifesto 13, regresamos al corazón de Chamberí para testar cambios. De concepto y dirección en cocina, casi dos años después de la inauguración del restaurante entre los mesones y cervecerías supervivientes de la ola foodie que salpica el barrio de Olavide. Lo que los hermanos peruanos Nicholas y Mark Duncan impulsaron, un italiano moderno que miraba de frente a la tradición “a modo nostro”, pega desde el verano un salto evolutivo con la incorporación de la chef Danitza Alpaca. Si se partía de una idea que se alejara de las recetas de la nonna para demostrar mayor finezza creativa, caso de sus disfrutables agnolotti de piña y salvia frita, cierran el círculo mediante “un viaje a la inversa”, en el que una peruana mira a Italia, sí, pero sin fusiones al uso y con una cocina mestiza difícil de etiquetar. Digamos que hay más Perú a partir de una interpretación libre y sabrosa de lo que dejó la inmigración italiana del siglo XIX.

Caripén

Lugares que no cambian (por ahora) porque no deberían cambiar. En la zona de Ópera, este es un restaurante suspendido en el tiempo y que sigue sin parecerse a ninguno de la ciudad. Su inconfundible letrero de reminiscencias art déco invita a dejarse llevar escaleras abajo en una atmósfera de afrancesamiento atemporal. El antiguo tablao de Lola Flores y el Pescaílla conserva el aura para garantizar noches que se resisten a dejar la juerga atrás. Y eso es único. 
Porque aquí se cena tarde (el segundo turno conserva el espíritu noctámbulo ya perdido) y apretado, si bien el que solo se vea lo justo, la pareja que toque, facilita la sensación de club medio clandestino. Algo furtivo y festivo, relajado al mismo tiempo, seductor del famoseo y del público nostálgico de canalleo que engrasa la velada con mucha mantequilla en el plato. La carta es lo que necesitamos: mejillones, foie, escargots, raya, magret de pato. De postre, por favor, negro en camisón. Que no cambie nada. 

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  • Japonesa
  • Chamberí
  • Crítica de Time Out

La inmersión en el ambiente nipón es total nada más cruzar la puerta de entrada. Te recibe en kimono y con el tradicional saludo ("irasshaimaseeeee") que se replica como un eco en toda la sala. Tras dejar bien asentada su apuesta en Barcelona, sus responsables, Chiho Murata e Ignasi Elías, abren el primer sumibiyaki de la capital. La atmósfera provocada por un cuidado interiorismo predispone a la calma y adelanta el gozo. No solo puedes encontrar carne de wagyu certificada y de la mejor calidad sino que la excelencia de la propuesta se mantiene hasta los postres con la aparición de unas porciones de Crown Melon, el melón más caro del mundo (único restaurante que lo sirve en Europa; producción limitadísima y cuidada extremo). Dos menús degustación a elegir, una galería de platos, algunos cocinados, otros a falta de un golpe de calor, se van desplegando en una amplia mesa que es también una barbacoa con su propia y silenciosa campana de extracción de humos. Un velada extraordinaria, auténtica e ineludible para todo aficionado a la brasa y la cocina nipona.     

  • Centro
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

Que Carlos se cansara de hacer hamburguesas en Barcelona lo agradecen los cazadores de pequeños restaurantes con encanto de Madrid. Carlos Gremone y Débora Schneider son dos venezolanos que estuvieron casi 12 años al frente de Bar Centro, dedicado en el Eixample a las carnes maduradas, las cervezas artesanales y los vinos naturales. Querían un cambio y en septiembre de 2025 abrieron en el barrio de Las Letras este Bar-Vi, más chiquito y con sabor a trattoria. Tras un periodo sabático, la pareja definió esta aventura más personal que se fundamenta en recuperar las raíces italianas de Carlos. Su familia lleva en Verona la procesadora de arroz más antigua de Europa, al tiempo que en la risotteria Ferron de Isola della Scala se completa el proceso del campo a la mesa. Él creció en contacto con esta culinaria que ahora traslada a un rinconcito que antes la vinoteca Moratín empleaba para eventos privados.

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  • Mediterránea
  • Madrid
  • Crítica de Time Out

La apertura del nuevo comedor de Patxi Zumárraga en el barrio de Salamanca causó sensación hace ya varias temporadas. Pasado el fogonazo queda un rescoldo que apetece seguir saboreando. La rusticidad del lugar, escaleras abajo, tiene algo crujiente por el amor a la brasa, y la sensación que nos llega de ella, además de a la cocina (vascofrancesa) con fundamento. Huele a leña, a hogar y a pueblo. Se come rico, aparecen aderezos, toques exóticos y emulsiones varias en pescados, carnes, verduras y legumbres. La apuesta de producto se reparte en puertos, caseríos y huertas. Como si fuera un bistró parisino más animado, Haramboure tiene su encanto y cautiva por la atmósfera conseguida con muy poco. Ya puede nevar fuera o caer chuzos de punta que dentro podemos echar humo a pesar de la desnudez de la piedra. Las velas apenas visten las mesas de madera. No, no hay manteles que valgan. Reconforta igualmente lo que aquí se ingiere, tanto con las manos o con cuchara.  

  • Mediterránea
  • Chamberí
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

La creatividad puesta al servicio del storytelling tiene que ver con imaginar una isla en mitad del Mediterráneo que pudiera haber conectado Oriente y Occidente. Esta cultura perdida y por otro lado inventada se geolocaliza en las inmediaciones de Olavide. Carlos López-Martín y Pedro Aijón son los que se creen la historia a pie juntillas mientras es el chef Artiom Berdnykov quien recrea tales ensoñaciones no como mera cocina marinera sino con platos coloristas y atractivos inspirados en Grecia, Marruecos, Italia, Líbano, Turquía o Israel. Vamos, que se come bonito –exquisitos emplatados– de una carta dividida en apartados como cosechas, bahía, pastos y montañas. Ejemplos así de sugerentes: crema de setas ahumadas, scamorza y pan de centeno con suzme de puerrinas; rape negro, tandoori, garum, coliflor rostizada con anacardo y cactus; sish kebab de cordero, pistachos, tzatziki de kéfir y piparras; butifarra ibérica de manzana asada y curry indo-francés, col caramelizada con passata italiana y llom embuchat. Y a pesar de las mesas altas se crea un ambiente propicio, que no todo va de hacer manitas bajo floripondios horteras en locales clónicos.   

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TonTon

La penúltima novedad más vibrante de la escena es este bistronómico sin protocolos allí donde estuvo Paulino, entre Quevedo y Olavide, en el meollo del meollo gastronómico. En él confluyen Francia y España pero con inclinación por lo nórdico, por la frescura y el minimalismo de la propuesta en consonancia con los sabores puros. La joven francesa españolizada Alice Reydet (El Celler de Can Roca, Plaza Athénée de Alain Ducasse, Septime), junto a sus amigos socios en sala y gestión, se rinde a la temporada y a los proveedores de garantías. Cogollo a la brasa, miso y avellana; Boniato, comté y salsa macha; Codorniz, miel picante, kumquat y demi glace… Bueno, y también vinos naturales europeos, todo trendy. El arma de seducción no acaba ahí, es el interiorismo del restaurante el que hace el resto. Lo firma el estudio Diir que sabe caldear lo diáfano e industrial de la estructura y el microcemento con la tonalidad del momento, terracota, y una ambientación a media luz gracias a velas y lámparas de cera. 

  • Francesa
  • Centro
  • precio 4 de 4
  • Crítica de Time Out

Nada igual por estos lares. El sueño hecho realidad de García Marinelli lo hilvana con elegancia, criterio y rigor Stephane del Río. Sobre la excelsa partitura que ofrece la cocina francesa –estos meses transitan por sabores provenzales–, sus interpretaciones del onglet o la mítica bullabesa dejan poso. Cuando reinen las aves en su despensa, saldréis cantando La marsellesa abráis o no una botella de champán. Imprescindible la sección dulce.

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  • Italiana
  • Chueca
  • precio 3 de 4
  • Crítica de Time Out

Entre una ligera autoría y un cabal respeto por la tradición de su querida y suculenta cocina piamontesa, Davide Bonato sirve producto de altura (hay trufa y un Barolo en la bodega), extraordinarias elaboraciones caseras y al momento (borda los tallarines, sorprende su risotto) y platos ya icónicos (uovo morbido). Cede ante la pizza y la fusión pero es el helado de avellanas lo que no olvidaréis. De clientela fiel.

Mítiko

Sin que haga falta caer en los poderes afrodisíacos del ceviche, ahí no entramos, lo cierto es que Mitiko debería estar en la terna de planes con visos de prosperar. El lugar que puso en marcha Lulú Zheng (Le Chinois y Preciados 33) deslumbra en Tetuán antes de que el chef Jorge Rodríguez, seriedad garantizada, avance siquiera la precisión de su catálogo nikkei. Si de día el espacio se siente más diáfano al bañarse de luz natural, de noche logra que las mesas vestidas con mantel parezcan aislarse unas de otras sin que el ambiente, siempre cosmopolita, deje de apetecer.
No vais a iros sin probar los mencionados ceviches, aclamados por llegar cargados de intensidad, color y producto como la corvina, el langostino tigre o la lubina de Aquanaria. Antes, las zamburiñas con leche de tigre; después, ojito con la picaña madurada o el lomo saltado al wok. Pero muchos que se lo sepan ya lo que estarán esperando es al postre, bien su arrebatador cuenco de chocolate en mil texturas, bien alguna sorpresa especial que Jorge dedique en fechas de enamorados. Venga, y algún pisco sour caerá, o cualquiera de los cócteles que preparan en la barra con el destilado madre de uva peruana como sostén de un final perfecto o de un inicio prometedor.  

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Na num

Esta nueva ola (olita, como queráis) de cocina coreana tiene en Na Num uno de sus baluartes más estimulantes, por original y por el buen gusto de la puesta en escena. Corre a cargo de Marina Lis Ra (Simply Liss en el campo de batalla virtual), bonaerense de nacimiento pero de padres surcoreanos, quien se ha ganado con su sensibilidad un hueco en la lista de los mejores bistrós, a secas. Y es que se desenvuelve en una salita sobria pero acogedora (interiorismo de Kurhaus) al inicio de la calle Libertad, Chueca. 
Platos con recetas coreanas reconfortantes y para compartir, algo muy importante por aquello de mirarse a los ojos, entre los que no faltan el kimchi, más fresco o más fermentado, o el Bulgogi, carne al fuego, pero con ojo de bife. La fusión suele tener más que ver con incorporaciones concretas y astutas a la base original. El acento argentino sale también en los vinos. Recomendable una sopa de invierno como doenjang jjigae, si es que el amor por sí solo no caldea lo suficiente. El picante de Na Num es moderado; el resto ya es cosa de los comensales. 

Villa Capri

Oportunidad de anticiparse al sol amalfitano. Si los nubarrones ciernen las calles, la pareja, la vida, poned rumbo a este restaurante del grupo (francés) Big Mamma capaz de cambiar el ánimo desde el estallido multicolor y la cocina italiana más mediterránea (no tiene por qué ser redundante), que eso hace feliz a cualquiera. Tras Bel Mondo, su hermano menor nos quiso llevar a Costa de Amalfi sin que Studio Kiki, el que firma el diseño, se cortara en opulencia floral y detallismo kitsch. Ese suelo de terrazo no es de pega. 
El sur de Italia pide un montón de opciones frescas, pastas caseras más ligeras, pizzas napolitanas y, desde luego, cócteles: entre spritzes anda el juego, varias fórmulas que también son tendencia y hasta una piña colada con ron extra viejo que bautizan, y esto viene al pelo, Colada por ti. La Carbomamma es per due, así que bien cabe compartir estos espaguetis servidos en rueda de queso pecorino en plan dama y el vagabundo. Damos ideas.  

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  • China
  • Madrid

La alta cocina cantonesa tiene su mejor representante en pleno centro de Madrid. Otro restaurante, el más ambicioso hasta la fecha, que comandan los hermanos María Li y Felipe Bao (responsables de China Crown en el barrio de Salamanca o los populares locales de Shanghai Mama, entre otros). Ella al frente de todos los detalles (del fabuloso interiorismo que ha realizado Jean Porsche al personal de sala o la selección de la vajilla) y él en una cocina a medida. "Pensamos en platos que un día nombramos y creímos que no haríamos jamás. Aquí no hacemos trampas, buscamos siempre el sabor natural de cada ingrediente, en cada plato. Si una reducción necesita cinco horas, son cinco, ni más ni menos".

  • Vegetariana
  • Alonso Martínez
  • Crítica de Time Out

Tendencia 'plant based', sana y cuidada; magnético interior a pesar de su coqueto tamaño; genial coctelería (como para no) firmada por los grandes de Angelita; el barrio y el ambiente de moda; y un concepto atrayente que articula todo en perfecto concierto: cocina nómada, como sus dueños, libre, con influencias de todos los lugares tocados de algún modo por la cultura gitana y esa estética tan estética, valga la redundancia, en torno a la magia, las piedras, los metales, los astros, la bola de cristal. Nada de 'bling bling'. No era fácil pero resulta, por contra, sofisticado y apetecible. ¿Lo tiene o no lo tiene todo?

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Vinology

Vinology es la forma de vida y de entender el vino de la argentina Pilar Oltra, su fundadora, quien lleva difundiendo experiencias ligadas a la enología desde 2010. En 2020 ya conquistó con su primer espacio físico para eventos, La Parra, en un bucólico entorno natural. En 2022 llegó una versión urbana de igual encanto y buen gusto y abierta al público general, un ‘wine bar’ en el barrio de Salamanca que es un romántico y sabroso refugio. Latas, tablas y recetas de temporada que viajan por todo el territorio nacional, como los vinos, desfilan por sus mesitas escasamente iluminadas. Las buenas verduras son protagonistas junto a algunas opciones de carne y pescado y, por supuesto, la amplísima selección de vinos de la que ella misma sugiere las etiquetas perfectas para el momento perfecto. 

  • Italiana
  • Madrid

Es precioso, en una palabra, y su carta no se queda atrás. Dice la propiedad que esta es, probablemente, la más italiana de todas las que han diseñado y cada cosa que probamos, con mucho de influencia romana, fue deliciosa. Los rigatoni picantes al vodka, los finísimos y delicados calabacines fritos o los ravioli de ricotta y espinaca con mantequilla y salvia piden repetir. También lo hace su vitello tonnato de solomillo, espectacular. Su tiramisú clásico, magníficamente presentado, merece que se le deje un hueco así como a su imaginativa coctelería basada en el zodiaco, con más de veinte referencias que aseguran veladas mágicas.

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  • Fusión
  • Barrio de las Letras
  • precio 2 de 4

La mejor oportunidad de sumar a tu velada un aliciente histórico. Turistas y madrileños de pura cepa pueden saber lo que es cenar bajo tierra en un Madrid que en su momento estuvo apuntalado sobre cuevas. Las que hoy muestran la restauración de los hermanos Villar, propietarios del restaurante, se remontan al siglo XVII cuando la orden de San Felipe Neri las empezó a utilizar para conservar vino. Este trabajo de acondicionamiento permitió descubrir un laberinto de galerías de piedra y ladrillo cocido lleno de pequeñas historias ocultas a lo largo de los siglos que permiten ahora a los comensales vivir una experiencia inspiradora más allá de lo puramente gastronómico. En el Triángulo del Arte, este tipismo castizo envuelto en su halo romántico –muchas mesas encuentran la intimidad al ocupar el hueco de las hornacinas antiguas– ofrece una cocina mediterránea y de mercado que no desentona con platos como el bacalao confitado, alioli de pera y azúcar mascabado, o el solomillo de ibérico con salsa de oporto, cuscús de hierbabuena y cremoso de apionabo. Entre semana, dispone además de un menú competente.  

  • Clubs
  • Chueca
  • precio 3 de 4

Familia La Ancha (Fismuler, The Omar...) y Azotea Grupo (responsables de Picalagartos o la azotea del Círculo de Bellas Artes, entre otras fabulosas panorámicas) unen fuerzas para apadrinar el espacio gastronómico con las mejores nuevas vistas del centro de Madrid. Ubicado en las plantas 14 y 15 del legendario Centro Colón, el Club Financiero Génova, inaugurado en 1973, no solo tiene una de las más fabulosas panorámicas 360º de la capital sino que ahora cuenta también con el placer diario y la elegancia contenida que siempre ofrece la cocina de Nino Redruello.

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Charrúa

El barrio de Justicia tiene en Charrúa una de sus direcciones más de moda desde su apertura hará ya cinco años. Charrúa es un paraíso para los amantes de la cocina al fuego sin la seriedad de otros asadores. No quiere decir que no se tomen en serio su oferta, que viaja desde el Uruguay natal de uno de sus propietarios al resto del mundo pasando, como no, por las mejores razas españolas. Una amplia lista de entrantes y ensaladas completa una deliciosa y carnívora carta que ha conseguido, sin embargo, reunir alrededor de ella, y en la intimidad de un maravilloso espacio entre vigas de madera y velitas, a una parroquia poblada de una animada y elegante clientela lejos del perfil habitual de este tipo de comedores. Parejas y grupos de amigos de mediana edad comparten vinos y platos en una dirección que consigue enamorar a todo el que la pisa. 

Mune

Desde Beirut con amor aterrizó en Chueca este libanés ‘cool’ con las especialidades del país por bandera: hummus, tabulé, falafel, mankouche, kibbeh... no falta una. Dalia Nahas y Rabih Haddad se han encargado de ello, de que la cocina tradicional de sus casas se saboree en el barrio y no han fallado lo más mínimo tampoco en la más reciente sede que ha alzado el telón en la calle Prado. Continente y contenido internacional van en paralelo, en ambos casos, en un restaurante en el que cada rinconcito, cada mesita en la ventana, es un fotografiable y romántico marco para el recuerdo. Sea en una velada nocturna para dos o en un rico brunch dominical, en Mune las flechas de Cupido hacen diana, seguro. 

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  • Braserías
  • Madrid

Club inglés decimonónico con esencia y ambiente de un restaurante que bien podría poblar las listas de los más ‘chic’ de Marbella o Sevilla. Este icónico comedor del elegante barrio de Chamberí lleva décadas conquistando corazones en la calle Monte Esquinza. La entrada no anticipa nada de su magnético interior a media luz, de su preciosa decoración repleta de pinceladas andalusíes ni de su cocina sofisticada en su sencillez (en pocos sitios se toma ya el roast beef que aquí sirven). Su historia es puro amor, el del actor británico Brian Walmsley y Teresa Pérez de Guzmán, que abrieron sus primeras parras en un pueblito de Málaga y hasta en Londres, donde la transformaron en alocado ‘place to be’. Su hija Tessa continuó la saga en Madrid cuando conoció a Ginés y hoy son sus hijas quienes prosiguen con la misma magia de otra época, de los 70, reuniendo a la élite, la bohemia y la gente guapa. 

  • Italiana
  • Barrio de Salamanca
  • precio 3 de 4

Otro elegantísimo y romántico ‘hotspot’ que sigue de moda en la capital es este, un excelente italiano, a pesar de sus astronómicos precios, que se basa en recetas del país de la bota con buen producto de aquí y de allá y que huye, sin volverse loco rizando el rizo, de los típicos platos que cabría esperar. No hay pizza, sin ir más lejos, ni se la echa de menos. Lo primero que encandila de Numa Pompilio es la decoración, una verdadera joya barroca ideada por el estudio de Alejandra Pombo y que traslada a un romántico pasado neoyorquino, muy cinematográfico. Joyas son también las pastas caseras como la lasaña de faisán o los tagliolini de setas en rueda de pecorino. Hay más. Su lenguado al limón de Capri o su solomillo de ternera con marsala y trufa negra demuestran el nivel del restaurante más sofisticado del todopoderoso Grupo Paraguas.

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  • Coctelerías
  • Madrid

Atravesada ya la puerta del Four Seasons (porque Dani Brasserie tiene entrada propia), además de los atractivos culinarios que ofrece el espléndido hall, se encuentra esta seductora propuesta donde todo gira alrededor de una coctelería de marcada inspiración asiática. Tenéis que subir a la primera planta del hotel para ver todas las posibilidades (nocturnas fundamentalmente; abren a partir de las 19.00 horas) que ofrece este espacio de espacios, que ha firmado el estudio neoyorquino AvroKo. Para san Valentín la propuesta recorre platos fuera de carta como el delicado usuzukuri de vieira, el canelón de cangrejo, el pargo kobujime o un postre de chocolate noir con frambuesa ácida pensado para cerrar la noche con un guiño dulce y sofisticado. La experiencia se completa con dos cócteles especiales —His & Hers— creados para brindar en pareja.

  • Italiana
  • Castellana
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

Entre la franqueza de una trattoria y las atenciones de un restaurante noble, con un perfil tan italiano como propio, Gianni Pinto y Javier Gassibe buscan la esencia de la receta original por las rutas menos trilladas (probad su caponata) cuando no sorprenden con interpretaciones más libres (espagueti carbonara con tartar de atún). La apuesta estimula y refleja oficio y madurez. La bodega suma enteros en su viaje del Piamonte a Sicilia.

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  • Cocina creativa
  • Madrid

A los ocho meses de su apertura en el renovado Mandarin Oriental Ritz ya había logrado su primera estrella Michelin. El triestrellado Quique Dacosta es el ideólogo de la propuesta (y de toda la sección culinaria del hotel: Deessa, Palm Court, Champagne Bar y El Jardín del Ritz y la coctelería Pictura) pero Ricard Tobella es aquí su mano derecha, su jefe de cocina, quien está al frente del servicio diario y salvaguarda la excelencia, ejemplifica el talento. La apuesta con el perfil más gastronómico y culinario de todo este exclusivo e icónico hotel equilibra proximidad y vanguardia en una mayúscula sucesión de platos de elegancia desbordante. En una sala espectacular con vistas al jardín, con una atención exquisita y una bodega a la altura del proyecto, solo tienes que decidir si quieres el Menú Histórico Quique Dacosta, un despliegue de los platos más emblemáticos en la trayectoria del chef extremeño, o el Menú Contemporáneo QDRitz, sus últimas creaciones, exclusivas para este restaurante.  

  • Madrid
  • Crítica de Time Out

Tras un ascenso escalonado en Barcelona, la bendición de Adrià e incontables clientes satisfechos y reincidentes (madrileños muchos), Anna y Rafa han abierto sucursal a la sombra del Congreso. Aunque prefieren un ritmo más pausado (“no nacimos con intención de ser algo grande, todo lo contrario”), caen a ojos mediáticos como la apertura de la temporada. Y, aunque todo, desde la distribución del espacio al equipo, precise un tiempo de adaptación caen de pie con una puntuación de Simone Biles. “Estimar, sinónimo de apreciar, es ‘amar’ en catalán. Alimentamos el ego del comensal, no del chef. Como esa mesa en la cocina de los grandes restaurantes, queremos que todas las nuestras sean VIP”. 

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  • Italiana
  • Barrio de Salamanca
  • precio 2 de 4
  • Crítica de Time Out

Cada elaboración de Ciro Cristiano, el chef napolitano de la casa, tiene un ingrediente estrella; desde los tomates San Marzano de Paolo Ruggiero hasta la increíble mozzarella di buffala de Salvatore Corso. En la carta hay todo lo que esperas en una trattoria y más (de hecho, hay pizza de borde esponjoso y varias apuestas más allá de la icónica margarita). Puedes empezar con una frittatina, la prima de las croquetas con corazón de mozzarella y prosciutto, y acabar en el siempre ineludible tiramisú.

Brasserie Lafayette

El centro de Madrid puede tener, de pronto, aires de Montmartre o el Quartier Latin si uno atraviesa la puerta de este elegante restaurante francés de corte clásico que es único en la diminuta calle Recaredo. Ratatouille, sopa de cebolla, paté de campagne… Son algunos de los clásicos eternos que aquí están dispuestos a seguir revalidando. ¡Y qué bien! La carta es sencilla y tradicional, marcada por el sabor y el buen producto estacional tratado con la justa técnica. Hay inamovibles como esos tres platos y otros que pueden ir cambiando como el magret de pato, el coquelet de Bresse en ballotine, con higos y frutos secos, o un delicioso lomo de corzo braseado con salsa bordelesa. Sus excelentes vinos se encargarán de que el éxito de la noche esté asegurado, aunque entre cálidas maderas, cortinajes rojas, manteles blancos y acertados y muy contemporáneos puntos de luz que guían a una coqueta terraza, ya tienes ganado a quien lleves. 

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