Sorolla. El color del mar

Arte, Pintura
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Sorolla. El color del mar

"No hay nada inmóvil en todo lo que nos rodea. El mar se riza en cada momento; la nube se deforma, al cambiar de lugar, [...] pero aunque todo estuviera petrificado y fijo, bastaría con que el sol se moviera, que lo hace continuamente, para dar un aire diferente a las cosas... Hay que pintar rápidamente, porque... cuántas cosas se pierden, fugaces, y no se vuelven a encontrar". Estas palabras de Joaquín Sorolla (Valencia, 1863 -Cercedilla, 1923) resumen toda su obra, todo su anhelo artístico. Pero si en lugar de palabras prefiere pintura, tenéis 80 ejemplos en el CaixaForum, centrados en cómo captaba el mar este genial pintor que gusta, en proporciones idénticas, a conservadores, pasteleros y modernillos.
Sorolla pintaba al aire libre, y pretendía capturar la naturaleza en instantes mágicos. Si el cielo es incierto, las nubes cambian de forma y vagan en el humor de los vapores, el mar tiene aún mil matices más; cambia en cada ola, hace añicos las leyes de la óptica y muta el color hasta hacerse casi indescriptible. Sorolla quería secuestrar el secreto del mar, de la atmósfera, de la luz... al instante, y convertirlo en imagen eterna. No se aleja mucho, en este sentido, del Monet de los nenúfares. Cualquier fragmento de su obra sería una pintura abstracta, gestual, con leyes propias.
Y es que Sorolla pintaba a velocidades increíbles. Comenzaba una tela y, una hora más tarde, cuando la luz o el viento habían cambiado, la guardaba y comenzaba otra. Empleaba pinceles largos, que le permitían mantener una distancia con la tela suficiente para no perder nunca la visión del conjunto. Y a veces, si nos fijamos, podemos ver los pelos de estos utensilios grabados en largas, eternas pinceladas.

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