Los Vivancos. Aeternum

Danza
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Los Vivancos. Aeternum

Comienzan vestidos de blanco y terminan con el pecho desnudo y bien sudados. Son como protagonistas de un anuncio de perfume "for men" que esparcen simpatía y pujanza en una función que quiere impresionar por la fuerza y no por la finura.

Energía desbordante, diseño de luces al estilo de un concierto de rock, coreografías sencillas donde se mezclan todo tipo de estilos, hasta un solo con pasos de neoclásico o de una sesión de kick boxing. Por encima de todo y omnipresente: el taconeo. El conjunto está bien resuelto y brilla sobre todo cuando los siete hermanos están en el escenario exhibiendo una absoluta y espectacular sincronía.

Dicen que Daniele Finzi Pasca, director de Corteo para el Cirque du Soleil, ha sido el asesor artístico. Imaginemos que de él ha salido un número potente como el que bailan repicando sobre una tarima elevada o cuando los vemos boca abajo en la misma, o bien los diálogos entre un violín, una flauta travesera y un cajón con el taconeo. Creo que este es un campo en el que deberían profundizar porque es el más creativo y no está contaminado por la banda sonora orquestal que durante otros momentos embadurna la sonoridad. Quiero decir que la orquesta, con una partitura de Fernando Velázquez (Lo imposible) y el taconeo están amplificados. Quizás es una cuestión de ecualización, ya que entendemos que esta percusión de pies debería ser como el concertino de la orquesta y no parte del tutti, lo que desdibuja su personalidad.

Los Vivancos, con raíces flamencas y de danza española, tienen poder de empatía y el show complace justamente por la contundencia, por la cohesión de los intérpretes, por el exceso.

Por Santi Fondevila

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