Acorar

Teatro
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Acorar

Acorar es una palabra mallorquina que significa meter algo dentro de corazón y, también, aniquilar. Acorador es el cuchillo que se utiliza para degollar a los cerdos o a otra bestia. Un título bastante indicativo, una vez explicado su significado para nosotros, de un excelente espectáculo escrito e interpretado por Toni Gomila y dirigido por Rafel Duran que llega a la sala pequeña (La Fregoli, 60 butacas) de La Seca con 10.000 espectadores recogidos en las Baleares y que han agotado las entradas en las cuatro primeras sesiones en Barcelona.

La obra es una reflexión contemporánea sobre la identidad de los pueblos que pierden las raíces invadidos por un proceso de modernización, de cambios sociales y de costumbres que remeten al olvido tantas y tantas cosas. El envoltorio, la excusa dramática de la que emergen estas reflexiones, es la cuidada descripción del ancestral matanza del cerdo, un ritual que el autor conoce perfectamente y, por lo tanto, lo que explica son retales de la memoria, imágenes de su propia historia. Pero no estamos delante de un ejercicio de nostalgia, ni tan siquiera delante de la reivindicación de un pasado que podía tener cosas buenas pero que, como se dice claramente durante la función, estaba inmerso en una sociedad cerrada y pobre donde acceder a un médico era poco más que una quimera.

La habilidad de Toni Gomila pasa por contraponer los dos mundos. Sitúa el mundo mallorquín de antaño ante la sociedad moderna actual construida sobre un modelo de 'boom' turístico que aniquila los signos de identidad. Unos signos que inequívocamente pasan por la lengua. Y aquí sí que hay una reivindicación, de mucha actualidad a causa de los cambios que está impulsando el gobierno del PP en las Baleares en contra, justamente, de la lengua. “Como mueren los pueblos cuando mueren las palabras”, dice el protagonista. Y es porque las palabras expresan conceptos o definen cosas con concreción.

'Acorar' es un texto que supera la realidad isleña porque las trampas de la sociedad globalizada están por todo el mundo y la ignorancia de lo que nos rodea es cada vez más grande. Los jóvenes saben diferenciar un GI de un  GX, lo saben todo de los coches, pero no saben distinguir una haya de una encina, de un chopo o de un roble, ni de un tordo o una perdiz. Árboles y pájaros es todo su vocabulario para hablar de estas cosas, nos dice el intérprete. ¡Cuánta verdad!

Gomila y Duran han hecho su discurso y la puesta en escena, austera pero precisa, así como la interpretación son inmejorables. Buen teatro. Muy recomendable.

Por Santi Fondevila

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