El diario de Adán y Eva

Teatro
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El diario de Adán y Eva

De: Mark Twain (versión de Blanca Oteyza, Miguel Ángel Solá y Manuel González). Dir: Miguel Ángel Solá. Con: Ana Milán y Fernando Guillén Cuervo.

El último de los libros que Mark Twain dedicó a Adán y Eva se publicó una Navidad de 1905 poco después de la muerte de su esposa Olivia Langdon. Quizá una carta de amor póstuma con una frase final memorable para cualquier libro de citas amorosas: “Allí donde ella estuviera, allí estaba el Edén”. Palabras que pronuncia Adán ante la tumba de Eva, muy lejos ya de su primer encuentro en el paraíso terrenal. A estas palabras se agarraron Blanca Oteyza, Miguel Ángel Solà y Manuel González Gil para fijar el tono melifluo de su recreación escénica del Génesis según Twain.

Solá ejerce ahora de director y los personajes se reparten entre Ana Milán y Fernando Guillén Cuervo. Adán y Eva salen poco. Es decir, hay poco Twain y mucho del envoltorio sentimental-nostálgico que se inventaron en Argentina: el último programa de un programa nocturno de entrevistas y confidencias. Para esta especial ocasión la presentadora invita a un viejo actor radiofónico, fugaz estrella en los años sesenta, protagonista con una gran actriz de versiones radiadas de grandes libros de la literatura, entre ellos los 'Diarios de Adán y Eva'. La fina ironía de Twain –lo mejor de la función– sólo se escucha cuando se pone en marcha la máquina del recuerdo.

Ana Milán se desdobla correctamente entre la actriz del pasado y la presentadora del presente; y Fernando Guillén Cuervo utiliza el kit completo de viejo achacoso y mente distraída en el presente y sorprende con una parodia de Rajoy cuando hace de Adán en el pasado.

Por Juan Carlos Olivares

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