El testamento de María

Teatro
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El testamento de María
El testamento de María
Autor: Colm Tóibín. Traducción: Enrique Juncosa. Versión y adaptación: Agustí Villaronga. Dirección: Agustí Villaronga. Con: Blanca Portillo.
 
Blanca Portillo es una fiera del teatro. Un temporal bien templado que rodea al espectador, el ojo del huracán que lo chupa y lo hace volar. Una pantera que conmueve con la mirada. Una actriz con una maravillosa dicción. Blanca Portillo es la madre de Jesucristo y la protagonista de la relectura que Colm Tóibín hace de las hermenéuticas sagradas escrituras a través del testimonio de quien en ese momento no era más que una humilde campesina. La madre de un joven que tras una infancia normal se fue de casa hacia la gran ciudad (entonces Jerusalén). De un hombre que se rodea de un grupo de inadaptados y que poseído por el liderazgo incluso la rechaza. Un revolucionario que quiere cambiar el mundo, que lo quiere cambiar todo y a quien la autoridad romana persigue. Un loco que asegura que es el mesías, el hijo de Dios.
 
Al final María se muestra como una mujer sencilla que explica lo que vio y cómo lo vivió hasta confesar su miedo convertido en culpa cristiana. El texto no aporta grandes novedades a la lectura iconoclasta de los hechos bíblicos y adquiere el mejor relevo teatral en los momentos donde María desnuda sus sentimientos y muestra su humanidad.

Es fantástico como la actriz da credibilidad a esta mujer, y es una lástima que el debutante Agustí Villaronga le haya marcado tantas acciones innecesarias para ilustrar lo cotidiano, sobre todo los primeros 30 minutos de función. Villaronga firma una puesta en escena visualmente atractiva, con una evocadora y también intrigante escenografía de Frederic Amat, pero un poco artificiosa por el uso de la iluminación y los efectos sonoros que distraen la atención, rompen la magia de la función.

Por Santi Fondevila

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