Senzillament complicat

Teatro
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Senzillament complicat
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Thomas Bernhard escribió 'Sencillamente complicado' para su actor preferido, Bernhard Minetti, que la estrenó en 1986. El título es un oxímoron que define este regalo, un tanto envenenado, de uno de los más grandes dramaturgos del siglo XX. Tan sencillo como narrar en tres escenas el paso del tiempo en la vida de un actor jubilado que ha superado los 70 años y vive encerrado en casa aislado del mundo. Y tan complicado como conseguir que las palabras del personaje circulen con naturalidad desde la reflexión gruesa del presente y del pasado pasando por las manías de la edad o las circunstancias cotidianas, como la captura de los ratones que circulan por el piso. Así, con el viejo actor arrodillado clavando un clavo - "si me viera alguien en esta postura", exclama al principio- comienza un monólogo con criatura, la niña de nueve años, Khatarina, que le lleva leche cada martes y viernes, y que viene a ser su único contacto con el mundo exterior. La obra es la expresión oral de un pensamiento errático que va de un cosa a otra, y que lógicamente también habla del teatro y de la cultura. Sobre todo de su papel en un 'Ricardo III' de Shakespeare que le dio cierta fama regional.

Bernhard acota el paso del día (por la mañana, hacia el mediodía y al atardecer). La dirección de Moisés Maicas quiere ser tan fiel que hace un fundido en negro después de cada escena que rompe la unidad dramática y que se puede resolver con la iluminación muy fácilmente. Josep Minguell es gato viejo. El personaje le va como anillo al dedo y navega por las raíces mentales del actor viejo con convicción. Le falta una mejor definición de los tempos, los matices de cómo el presente y el pasado le influyen, de la comedia al drama interior. Porque al final la obra tiene algo de partitura musical. Quizá de Schönberg.

 

Por Santi Fodenvila

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